Cosas del Internet en Grecia y lloros tecnológicos

Una de esas cosas en las que cae uno cuando empieza su vida cotidiana en Grecia es que aquí no hay Amazon. Parece una tontería, pero en los primeros instantes fue casi un shock cultural descubrir que el tío Bezos no tiene aquí sede, ni consulado ni Cristo que lo fundó. Puedo seguir comprando libros para mi Kindle porque spanish account, pero el reparto de enseres está difícil y aún no he encontrado una alternativa clara al imperio de Jeff.

Así que lo del comercio online, reguleras. Tampoco es que Internet sea una maravilla. Aunque mi conexión alcanza 12 MB de bajada, la subida se hace muy cuesta arriba por estos lares. Para montar una Instagram Story con varios vídeos te las ves pistonudas. Fíjate tú que problemas del primer mundo.

En mi barrio no es raro que haya un “problema masivo” en el área que te impida conectarte con normalidad durante uno o dos días. Me ha pasado ya un par de veces con Cosmote -tu compañía amiga- y es un fastidio para el teletrabajo, aunque he de decir que la gente de servicio al cliente es muy apañá y te promete además un mensaje que jamás llegará cuando esté arreglada la avería.

Sin volver con lo de Amazon, me he aficionado a colaborar con otros genios del mal mientras espero también que Elon Musk me regale un Tesla 3. Últimamente me dedico a hacer reseñas de sitios en Google Maps porque me he picado a conseguir el nivel 10, que es el máximo. De momento tengo el 5, merced a un par de viajes y a mi intensa actividad barítima en Thessaloniki, donde no hay una apertura que se me escape. Ahí estoy todo el día, consultando el Parallaxi para integrarme un poco en el ocio y la cultura de la ciudad, coronavirus mediante.

Lo de las reseñas es nada lucrativo, pero me da por pensar que igual a alguien le ayuda saber cómo son los sitios antes de lanzarse a probarlos. Yo lo uso bastante y, la verdad, me hubiese gustado empezar antes con esta tarea de analista gastronómico-monumental, porque lo que no tiene de hacerse rico lo tiene de entretenimiento veraniego.

Cualquier día me hago gamer, enserio os lo digo. Aunque de momento estoy aprendiendo a tocar la armónica, que no es online, pero tiene algo de digital también. Lo útil que es Youtube para el desarrollo de los hobbies, oye.

A falta de Amazon en sí, me traje a Alexa. Se me ha roto hace una semana porque vivo en un estudio muy pequeño y la instalación eléctrica es regulera, yo creo. El caso es que la chavala virtual me oye, pero no dice nada. Como ir a la Iglesia a pedirle a la Virgen, ahora mismo. No sé si ir al servicio técnico de Jeff o poner una vela en el templo chiquitajo que tengo aquí, al lado de casa. Dios dirá.

Librerías, Amazons y Kindles

Mientras que Jeff Bezos bate todos los récords de hacerse rico, las pequeñas librerías continúan en la batalla para defender sus negocios de la predominancia de Amazon en el mercado del libro. En UK, los libreros sueñan con una pandemia de cancelaciones del Prime mientras que animan a comprar local también en lo que a lecturas se refiere.

Yo reconozco que, ahora más que nunca, tengo Kindle-dependencia. Es la mejor forma para adquirir títulos en español o inglés a bajo precio en Grikistán y disfrutarlos a golpe de click. Entiendo el fetichismo del papel, de veras, pero con el tiempo es algo que se me ha ido pasando, excepto para los libros de cocina.

No necesito tener 300 libros al alcance de la mano en un viaje, pero es cómodo llevar varias lecturas a la vez y, además, con unas cuantas mudanzas a cuestas uno aprende que, entre lo más tostón de mover, siempre se encuentran los dichosos volúmenes. Visten mucho una casa, no os lo niego, pero si en vuestras vidas no hay una dirección fija no os aconsejo destinar una habitación a montar una biblioteca.

Mocktails y naranjas

Hace un año y medio que decidí que ya no me apetecía beber alcohol y en esas sigo. Lo difícil que es a veces encontrar alternativas ya os lo digo yo, que me apreté ayer dos zumos de naranja en un bar tesalonicense. Más que nada porque acaba uno un poco harto de la alternancia entre cervezas SIN -cómo te miss yu, tostada 0,0 de Mahou- y coca colas zero, que es el menú básico a escoger si no quieres acabar tomándote un té a la una de la mañana en una terraza.

Aquí en Thessaloniki a veces también pruebo los mocktails (cócteles sin alcohol), pero no te quitan menos de seis euros por uno, eso ya os lo digo. Tampoco es que me apasione la cosa, porque un mojito que en realidad no es un mojito pues ya me dirás tú. Carne vegana de esa.

Sé de lo que hablo porque probé la carne de pollo vegana -hecha con soja y no con pollo- en un congreso hostelero. Está conseguida, la verdad, en imagen y gusto. No sólo eso, sino que el otro día saboreé también el embutido vegano en un sándwich club, porque había un prosforá -AKA descuento- en Efood que no se podía dejar pasar por alto. Con buenos resultados. Estaba rico y todo. Lo cual es tremendo de inquietante porque yo soy super heteronormativo en lo del comer carne. Un titán de la proteína animal. Y miren.

Y, ya que hablaba antes de naranjas…

Normalidades

El teletrabajo tiene la ventaja de que un buen día se te ocurre dejar puesta la lavadora, esta tiene una fuga y ahí andas tú, con un ojo en el ordenador y otro en la fregona. Con el agua cortá, la falda arremangá y a la espera del técnico para ya si eso un día.

Y eso que la jornada ha empezado bien, porque he desayunado con pitahaya, los perros del vecino no están dando mucho la lata -bendiciones del calor- y Grecia está entre el aletargamiento estival y la apertura de nuevo al mundo a toda leche porque TURISMO.

Hemos ido de exóticos por la vida esta mañana

La nueva normalidad no dista mucho de la vieja en Grecia. La preocupación por el virus es relativa debido a la incidencia no tan pronunciada como en otros países y eso se nota en las prisas por recuperar los viejos hábitos. Mientras, yo voy pergeñando como mejorar mis hábitos de compra en una ciudad en la que los supermercados son ridículamente caros en comparación con España. La opción es empezar a otear en los mercados del centro. Mucho producto local y chequear precios aquí y allá. A ver, que lo de la pitahaya no ha sido cosa mía ¿Eh?

Y me voy haciendo a este zoo de perros y gatos sueltos que es mi barrio, no creáis. Si me lo cuentas hace cuatro meses te digo que estás turulato. Adaptado casi del todo a la flora y la fauna local estoy. Menos a los mosquitos. Esos nos tienen acribillados.

Por fortuna he empezado a practicar yoga para relajarme de tanto picotazo… Pero eso os lo cuento en otro post, que este es sólo de calentamiento.

Estamos todos cuarentenosos

El término se lo he cogido a los de “La vida moderna“. Yo en realidad venía aquí a contar que he hecho un cambio importante en mi vida, que llevo una semana viviendo en Grecia, en Thessalonikki, y que me encanta pasar los días en una ciudad con mar. Porque soy de esa gente que escribe y a la que le encanta hablar de su libro; figurativamente hablando, ya que paso de escribir nada más largo de un post de mil palabras en estos tiempos en los que te publica un manual de epidemiología hasta el más tolay de la fiesta.

Habrá tiempo de contar sobre mi nuevo hogar -para un periodo medianamente largo, espero-, sobre el trabajo, las decenas de bares chulos, los perros callejeros que deambulan por la city y sobre la gente nueva que voy conociendo día a día. Pero, de momento, lo mejor es simplemente desearos que os cuidéis los unos a los otros, que cuidéis también de nuestra España querida y que aguantéis estos días de reclusión para salir luego con más fuerza si cabe. Habrá mucho que reflexionar después de estas semanas de gripe que era como una gripe pero no es una gripe.

Por si os lo preguntábais -y si no da igual, porque este es mi blog y aquí digo yo de lo que se habla como Dios está mandao- en Grecia están todos los bares y restaurantes cerrados desde ayer sábado. Tan sólo resisten los take away y algún kebab furtivo. Aunque los casos de infección son, hasta ahora, muchos menos que en España o en Italia, el gobierno griego trata de aprender de los errores de sus compañeros mediterráneos y ha comenzado a implementar desde ya las medidas necesarias para intentar contener esta epidemia de película de Hollywood. Ni teatros, ni cines, ni museos, ni universidades hasta nueva orden. Ojalá pase todo pronto. Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera.

Figuras históricas modernizadas digitalmente

La Reina Isabel I modernizada por Becca Saladin. Imagen: My Modern MET.

La diseñadora gráfica Becca Saladin tiene una cuenta de Instagram en la que trata de esbozar visualmente qué aspecto podrían tener hoy día algunas figuras históricas de la realeza, entre otros personajes. Según explica ella misma, para la reconstrucción digital utiliza fragmentos de otras imágenes -partes de la cara, por ejemplo- que trata de encajar unos con otros para obtener el resultado final. Saladin también se detiene a pintar digitalmente el color de la piel, el maquillaje o las cejas.

Vía My Modern Met.

Al New York Times ya no le da miedo Buzzfeed

Lo ha resumido muy bien Peter Kafka en Twitter: “Recordatorio indispensable de que, cuando Buzzfeed publicó el informe sobre innovación del NYT de 2014, el NYT estaba acojonado ante Buzzfeed y los de su clase. Ahora los digitales están estancados y el NYT ficha a sus estrellas“.

Durante la semana de vacaciones de Navidad, el director ejecutivo del New York Times, Dean Baquet, se llevó a comer al redactor jefe de la división de noticias de Buzzfeed, Ben Smith, a un garito de Manhattan. De ese encuentro ha salido el movimiento periodístico del que todos hablan esta semana en la prensa de Estados Unidos: a partir del 2 de marzo, Smith escribirá una columna sobre medios de comunicación en el Times.

Smith, que ha estado ocho años en Buzzfeed News y ha conseguido allí que la publicación arrimase el hocico a los Pulitzer y se despegase algo de la imagen de gatitos y quizzes, es un periodista hábil en el manejo de fuentes y tenaz a la hora de conseguir buenas historias. En el NYT sustituirá a Jim Rutenberg -dedicado ahora al formato largo- y se queda con la columna que en su día escribía el legendario David Carr, fallecido en 2015.

El año pasado fue el de los despidos en los nuevos medios digitales. Buzzfeed, Vice o Mashable se tambalearon y tuvieron que hacer recortes de plantilla para hacer viables sus negocios. En el caso de Buzzfeed, la sección de noticias serias continúa siendo deficitaria, pese a que Jonah Peretti exponga que la compañía en su conjunto goza de buena salud.

Mientras, el NYT sigue creciendo y construyendo lo que cada vez tiene más pinta de modelo de negocio consolidado. Para el resto, la cosa no está tan clara. Esta misma semana Berkshire Hathaway, el fondo de inversión de Warren Buffett, se ha deshecho de su conglomerado de periódicos locales porque “el oráculo de Omaha” cree que la prensa, en su mayoría, no tiene futuro.

Pasar de las noticias

Ayer estuve leyendo esto de Mark Manson, que argumenta que hoy en día lo mejor que puede hacer uno es pasar de leer las noticias. No completamente, porque a la par defiende la digestión reposada de informaciones largas y muy trabajadas, pero sí en su mayor parte. Manson cree que la mayoría del contenido que producen hoy día los medios tiene un valor cuestionable y está únicamente destinado a que consumamos más noticias sin importar demasiado el valor intrínseco de las mismas.

No le falta razón al blogger y emprendedor estadounidense en que, lejos de acercarse a esa misión de garantes de la democracia que muchas veces los medios preconizan (preconizamos) para sí mismos, la mayoría de las veces la preocupación principal de los que están por encima de las redacciones en la cadena trófica es girar la rueda de la economía de la atención con material producido en serie y muy rápido, casi como pienso para piscifactorías realizado con refritos de otras informaciones y cantidad ingente de datos y anécdotas banales. Nunca estuvieron los tiempos en la prensa online como para anclarse a la reflexión y la pausa.

Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, obviamente. Es difícil tanto dejar de lado, desde el lado del profesional, la confección de material destinado al click fácil como desde la orilla de los lectores lo es sustraerse a ese titular que le invita a ver en su digital de cabecera el pedazo de cocina que gasta Kim Kardashian (he visto hoteles peor equipados, querida Kim).

¿Necesitamos tantas noticias? Seguramente no. Razona Manson que la mayoría contribuye a esa epidemia moderna que es la ansiedad. Que los medios anticipan acontecimientos que después no ocurren o no son tan graves como parecían y que nuestra visión del mundo se ve trastocada hacia lo negativo debido a la recepción masiva de noticias sobre accidentes, asesinatos, secuestros y violaciones; en un mundo -especialmente en Occidente- que cada vez es más seguro porque así lo dicen las estadísticas. Comparto la visión de que generalmente la lectura de un libro o el visionado de un documental bien hecho -y a los que se han dedicado meses cuando no años de trabajo- proporciona una visión de contexto superior al de la noticia de última hora o al mix de agencia.

Comulgo también con Manson en el disfrute de leer a algunos bloggers y escuchar a algunos podcasters especializados. Desde el académico Tyler Cowen al misceláneo Jason Kottke, ambos veteranos de la blogosfera. También algunos más jóvenes y recientes que, sin embargo, trabajan duro para ofrecer una visión lo más analítica posible de sus campos de interés. Veo, empero algo de valor en la última hora y su capacidad de espabilarnos de la rutina diaria y recordarnos que hay todo un mundo ahí fuera. Si hay algo en lo que no puedo estar de acuerdo con el articulista es en el exceso de necesidad de un enfoque optimista ante la vida. Hay cosas feas en nuestra realidad y en la de aquí al lado y no dejarse dominar por el pánico no exime de conocer su existencia. Necesitamos pesimistas también, para recordarnos que la partida no está ganada y hay mucho que solucionar.

Con todo esto quiero decir que bien está que configuremos una dieta digital que excluya la comida basura del clickbait y añada las vitaminas de una buena información de contexto; pero sin dejar que la obsesión por economizar nuestra atención nos haga olvidar que, sólo de vez en cuando, nadie se muere por saltarse la dieta algún día ¿Verdad, Kim?

La difícil economía romántica

“Salir con alguien es difícil. Caro. Requiere mucha preparación. Incertidumbre. Toma de riesgos. Profundamente. Con frecuencia implica drama. Necesita autoconsciencia. Requiere labia. Necesita negociaciones no verbales y construcción de confianza. Necesita ajustar valoraciones y expectativas. Funciona mejor en redes humanas extendidas. Implica aplazar la gratificación. Supone una importante inversión inicial con un rendimiento incierto. Y tiene una alta tasa de fracaso.

Ya sabes, perfecto para la sociedad actual.”

Un comentario de un tal McMike que me ha parecido bastante significativo al hilo de este post de Tyler Cowen en el que destaca un fragmento de este otro artículo del Washington Post sobre gente joven soltera en Estados Unidos.

Aparte de que el mercado siempre haya estado regulero, mucho también tendrá que ver igual esta sociedad de la permanente insatisfacción y la ansiedad por exceso de opciones que estamos construyendo.