Mocktails y naranjas

Hace un año y medio que decidí que ya no me apetecía beber alcohol y en esas sigo. Lo difícil que es a veces encontrar alternativas ya os lo digo yo, que me apreté ayer dos zumos de naranja en un bar tesalonicense. Más que nada porque acaba uno un poco harto de la alternancia entre cervezas SIN -cómo te miss yu, tostada 0,0 de Mahou- y coca colas zero, que es el menú básico a escoger si no quieres acabar tomándote un té a la una de la mañana en una terraza.

Aquí en Thessaloniki a veces también pruebo los mocktails (cócteles sin alcohol), pero no te quitan menos de seis euros por uno, eso ya os lo digo. Tampoco es que me apasione la cosa, porque un mojito que en realidad no es un mojito pues ya me dirás tú. Carne vegana de esa.

Sé de lo que hablo porque probé la carne de pollo vegana -hecha con soja y no con pollo- en un congreso hostelero. Está conseguida, la verdad, en imagen y gusto. No sólo eso, sino que el otro día saboreé también el embutido vegano en un sándwich club, porque había un prosforá -AKA descuento- en Efood que no se podía dejar pasar por alto. Con buenos resultados. Estaba rico y todo. Lo cual es tremendo de inquietante porque yo soy super heteronormativo en lo del comer carne. Un titán de la proteína animal. Y miren.

Y, ya que hablaba antes de naranjas…

Normalidades

El teletrabajo tiene la ventaja de que un buen día se te ocurre dejar puesta la lavadora, esta tiene una fuga y ahí andas tú, con un ojo en el ordenador y otro en la fregona. Con el agua cortá, la falda arremangá y a la espera del técnico para ya si eso un día.

Y eso que la jornada ha empezado bien, porque he desayunado con pitahaya, los perros del vecino no están dando mucho la lata -bendiciones del calor- y Grecia está entre el aletargamiento estival y la apertura de nuevo al mundo a toda leche porque TURISMO.

Hemos ido de exóticos por la vida esta mañana

La nueva normalidad no dista mucho de la vieja en Grecia. La preocupación por el virus es relativa debido a la incidencia no tan pronunciada como en otros países y eso se nota en las prisas por recuperar los viejos hábitos. Mientras, yo voy pergeñando como mejorar mis hábitos de compra en una ciudad en la que los supermercados son ridículamente caros en comparación con España. La opción es empezar a otear en los mercados del centro. Mucho producto local y chequear precios aquí y allá. A ver, que lo de la pitahaya no ha sido cosa mía ¿Eh?

Y me voy haciendo a este zoo de perros y gatos sueltos que es mi barrio, no creáis. Si me lo cuentas hace cuatro meses te digo que estás turulato. Adaptado casi del todo a la flora y la fauna local estoy. Menos a los mosquitos. Esos nos tienen acribillados.

Por fortuna he empezado a practicar yoga para relajarme de tanto picotazo… Pero eso os lo cuento en otro post, que este es sólo de calentamiento.