Aprender un idioma por tu cuenta como aventura didáctica.

Aprender un idioma por tu cuenta es todo un reto cuando tienes 37 años, poco tiempo y muchos libros en la pila de leer. Sin embargo, cuando llegué a Grecia, hace ya diez meses, me propuse que al menos conseguiría comunicarme mínimamente en el idioma local.

Es cierto que en Thessaloniki hay muchas cosas que puedes apañarlas en inglés, pero en ocasiones vas a encontrarte con el que el nivel de comprensión de ese idioma es limitado. Sobre todo si tratas con gente un poco mayor.

Así que, en aras de la integración, me adentré un poco más de lo habitual en el proceloso mundo del aprendizaje de idiomas autodidacta y me dije que venga, que me pongo en serio.

¿Cómo empezar a aprender un idioma por tu cuenta?

Obviamente, la primera duda es por dónde empezar y qué material usar. En mi caso, encontré dos buenos canales de YouTube (uno en español y otro en inglés) que me están sirviendo mucho para avanzar tanto en vocabulario como en gramática.

También utilizo Duolingo, a pesar de que era bastante escéptico al principio. Mi opinión es que no vale como método de aprendizaje único -tampoco los vídeos- pero sí complementario. Es una buena herramienta para entender algunas estructuras gramaticales y memorizar vocabulario temático, en plan: animales, alimentos, prendas de ropa, colores, etc.

Tomar notas y memorizar

Algo que me ayuda bastante es tomármelo con calma y sin ninguna prisa y, también, tomar muchos apuntes en un cuaderno de todo lo que aprendo. Es decir, que no te puedes librar de eso tan denostado de memorizar. Está bien intentar que el aprendizaje sea divertido, pero en algún punto del proceso no te va a quedar otra que repasar una y otra vez los casos, los verbos, los conectores…

Digo lo de no agobiarse, porque habrá palabras que se te queden rápido, pero otras vas a tardar la vida hasta que las internalices. En griego, por ejemplo, la mayoría de verbos son irregulares, y te quieres morir muy fuerte. Yo suelo hacer juegos de palabras, asociarlas con imágenes concretas o desarrollar mis propias reglas nemotécnicas para acordarme. No importa que te parezcan una chorrada. Si te ayudan a recordar, son perfectas.

Para empezar, lo que hago es centrarme mucho en contenido que es relevante para mi. Por ejemplo, como tengo la ventaja de que estoy aquí en Grecia, he aprendido muy rápido todo lo que tiene que ver con hacer la compra y con los restaurantes, que me encanta. Puedo hablar con mucha más soltura en el mercado de Aristotelous que en la farmacia. Y está genial para empezar.

Pequeñas victorias

Al aprender un idioma de forma más o menos autodidacta, resulta importante obtener pequeñas victorias. El hecho de entender una pequeña frase, algunas palabras en un vídeo de una conversación, o ser capaz de comunicarte de forma efectiva con alguien, son estupendos acicates para ayudarte a continuar. Por eso, al principio no me centro tanto en hablar perfecto como en ser capaz de expresar cosas con significado.

Sobre la inmersión lingüística en un país nativo, lo que puedo decir es que, aunque ayuda a probarte en el campo de juego, por así decirlo, tendemos a sobrevalorar su importancia. Me gusta más centrarme en aprender estructuras gramaticales, vocabulario y conectores para, más adelante, ponerlos en práctica en la vida real y jugar a construir frases como si fuese un rompecabezas. Cuando aciertas, es una alegría; cuando te equivocas, alguien te va a corregir y aprendes.

Igualmente, me parece muy útil escuchar con atención. Usar vídeos en Internet para ir identificando sonidos, entonaciones, palabras… Para mí, al principio, el griego era una letanía incomprensible con un alfabeto infernal. Sin embargo, una vez que logré aprenderme el alfabeto, empecé a poder leer por la calle, cada vez con mayor soltura. Y una vez sabes cómo se dicen algunas palabras, cómo suenan y cómo terminan, puedes empezar a separarlas dentro de un diálogo cuando las escuchas y aprender nuevas. Es un proceso muy motivador, si tienes paciencia.

Sigá-Sigá / Poco a poco

Ahora mismo, le voy dedicando el tiempo que puedo, sin presionarme en exceso y siendo consciente de que es un camino lento. Me gustaría, en uno o dos meses, aumentar sustancialmente mi capacidad para, al menos, tener ya charlas intrascendentes algo más largas y doblar el vocabulario que conozco. Contra más palabras y normas conozcas, más construcciones puedes hacer y mayor será tu capacidad para comunicarte. Os iré contando mi progreso.

NOTA: Con todo esto no quiero decir que el aprender un idioma por tu cuenta sea el mejor camino posible. Hay numerosas opciones profesionales, como apuntarse a una academia, clases particulares, cursos, etc. A mi me funciona bien el ir un poco a mi bola al principio, pero no descarto usar uno de estos métodos cuando me estanque o cuando quiera perfeccionar lo que haya aprendido.

Aunque en esta época pandémica, las opciones se han visto un poco reducidas, también es cierto.

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