El método Zettelkasten te ayuda a tomar notas inteligentes

Hace poco estuve leyendo “El método Zettelkasten“, un libro de Sönke Ahrens que explica cómo el sociólogo Niklas Luhman tomaba notas y, posteriormente, las archivaba. De esta forma, podía relacionar unas con otras y así generar nuevas ideas de forma casi constante.

Luhman desarrolló una brillante carrera académica a partir de esta manera particular de analizar, clasificar y reflexionar sobre lo que leía, hasta acumular unas 90.000 notas en su Zettlekasten. Este, no es si no el término alemán para nuestro “fichero”.

Relacionar ideas diversas para crear otras

El asunto, en cualquier caso, no está tanto en la labor archivera como en el hecho de relacionar las ideas para crear otras diferentes. El argumento de Ahrens, en este caso, es que para poder pensar mejor es necesario contar con una estructura de datos externa a nuestro limitado cerebro.

Si quieres entender algo, es necesario escribirlo y expresarlo con tus propias palabras. Esto es de una gran ayuda para nosotros a la hora de procesar una información nueva de forma efectiva. Combinar diferentes técnicas de toma de notas y estudio solo lleva al caos, según expone el autor del método Zettelkasten, que tan solo tiene 189 páginas.

El método Zettelkasten propone una combinación de notas bibliográficas, temporales y finales que, en mi caso, no me resulta práctico para la escritura de posts, pero entiendo que es básica para una investigación académica. Yo, para variar, adapto cualquier cosa a mis circunstancias y a mis apetencias. Las notas temporales las hago en Google Keep, mientras que para el archivo utilizo un programa Open Source, llamado Zettlr.

La parte interesante para mí es la de sacar ideas de las notas después de una lectura y, luego, desarrollar cada una de ellas en una nota final e independiente. Luego de eso, el borrador de anotaciones temporales se puede desechar.

Más que escribir y subrayar citas, hay que resumir y pensar en las ideas y argumentos que propone el texto, así como ver por qué pueden ser importantes y cómo encajan con otras que ya se conocen de otras lecturas, investigaciones o experiencias.

Trabajar con palabras clave

En vez de pensar como un archivero, que clasifica y guarda las ideas en un espacio temático específico, un escritor tiene que dilucidar cómo va a utilizar esas ideas en futuros trabajos. Aquí es importante la asignación de palabras clave, que debe estar mayoritariamente asociada a esta función elaborativa, en lugar de clasificatoria. Es decir, que tenemos que asignar palabras clave que ya nos sugieran ideas o preguntas con las que luego podamos trabajar.

Para decidir sobre qué tema escribir, únicamente tienes que fijarte dónde has ido anotando ya grupos de notas entrelazados. A partir de ahí, puedes organizar ideas, hacer un sumario, ver qué huecos hay en el argumentario o dónde tienes que ampliar o desarrollar nuevas ideas.

En líneas generales se trata, como siempre, de buscar lagunas en tu conocimiento para poder rellenarlas convenientemente. También de leer cosas dispares que puedan llevarte por caminos desconocidos e imaginativos.

Os recomiendo que le echéis un vistazo a la página web de Ahrens, que hace referencia directa a la toma de notas inteligentes y, además, sugiere software variado para completar tu propio Método Zettelkasten.

Bilingüismo chapuza en la educación de los niños

El dominio de la lengua materna es fundamental para la expresión del individuo en su sentido más profundo, mientras que el conocimiento del idioma de otro país, aunque pueda ser beneficioso a muchos niveles, tiene una función principal como herramienta de comunicación, especialmente en el terreno laboral.

Lo digo porque he visto hoy el documental -disponible íntegro en YouTube- titulado “La chapuza del bilingüismo“. La pieza, rodada con medios humildes, aunque armada sobre testimonios de valor, alerta sobre los efectos de este programa educativo, pionero en 2004 en la Comunidad de Madrid, y luego extendido a escuelas e institutos de otras comunidades. Castilla-La Mancha, por ejemplo, aunque un buen número de centros ha dado marcha atrás por no estar convencidos del desarrollo y resultados de la iniciativa.

El dominio e influencia de la cultura anglosajona en las sociedades occidentales es obvio. Y el aprendizaje del idioma inglés no está apartado de la asimilación de otros muchos hitos culturales -hola, Halloween– que hemos digerido casi todos sin empacho.

La dificultad para los alumnos de entender conceptos complejos en otro idioma

Mi impresión al ver el documental y, también a tenor de algún caso que conozco -nada científico, como ven- es que uno de los principales problemas que presenta la idea de impartir la casi totalidad de las materias en inglés -se salvan matemáticas y lengua- radica en que debe ser bastante difícil transmitir conceptos complejos a un alumnado que no domina el inglés.

Una cosa es recordar “listas de palabras” y términos ingleses, como expone uno de los participantes en “La chapuza del bilingüismo”, y otra es llegar a comprender ideas y principios abstractos que ya de por sí son difíciles de entender en español. Tiene su gracia, en estos tiempos en los que la memorización es un concepto tan denostado.

Entiendo que resulta mucho más complejo desarrollar un relato sólido sobre, por ejemplo, una época histórica, en una lengua que no es la tuya, para un alumnado que no es nativo y cuya vida fuera de la escuela no es en inglés. Alumnos que no comprenden lo que se les dice y profesores que, incluso aunque sean capaces de expresarse en ese idioma, no se sienten suficientemente seguros al hacerlo o, como poco, no del mismo modo en el que se sienten cuando enseñan en español.

Perjuicio de la motivación y segregación en el programa de bilingüismo

También mencionan los docentes entrevistados para el documental, los problemas de motivación que genera el programa bilingüe, tanto entre los alumnos como entre el profesorado, que ve complicada la labor de despertar en los chavales el interés por aprender, cuando las clases y los contenidos, que ya de por sí requieren un esfuerzo de asimilación, se convierten en una carrera de obstáculos lingüística.

No hay que olvidar la edad de estos chicos en colegios e institutos, que todavía están en fase de desarrollar recursos propios en su lengua materna. Los alumnos que tienen dificultades para hablar en inglés terminan por tener también complicaciones en cualquier otra asignatura de las que hay que cursar en inglés.

Y, para terminar, ambas partes de la ecuación en el aula sufren el efecto de segregación que se produce; primero porque se separa a los estudiantes progresivamente, de acuerdo a su nivel de rendimiento académico en la lengua inglesa y desatendiendo a aquellos que tienen necesidades especiales, o cuyo estrato socioeconómico dificulta su vida escolar.

Segundo, porque esa distinción en sentido negativo, también se da entre el profesorado, a nivel de salarios -hay un extra para quien imparte la totalidad de sus horas en inglés- así como también de falta de reconocimiento de los méritos y capacidades como enseñantes, en beneficio de un criterio que prima el dominio de la lengua foránea.

Expresarse en castellano

Un dominio que, como decía al principio. quizá le dé a los alumnos ventajas laborales -está en entredicho la eficacia del programa de bilingüismo-, pero no les ayudará a desarrollar su expresión en castellano, que es el idioma en el que inevitablemente querrán ahondar en la comunicación consigo mismos y con el resto de españoles.

Es muy importante y bonito aprender inglés. O alemán, o griego. Pero también lo es no olvidarse de nuestra lengua. Llama la atención, que entre tanta exaltación de otros símbolos nacionales, algunos quieran olvidarse del que, por fuerza, más nos une a todos.

Aprender un idioma por tu cuenta como aventura didáctica.

Aprender un idioma por tu cuenta es todo un reto cuando tienes 37 años, poco tiempo y muchos libros en la pila de leer. Sin embargo, cuando llegué a Grecia, hace ya diez meses, me propuse que al menos conseguiría comunicarme mínimamente en el idioma local.

Es cierto que en Thessaloniki hay muchas cosas que puedes apañarlas en inglés, pero en ocasiones vas a encontrarte con el que el nivel de comprensión de ese idioma es limitado. Sobre todo si tratas con gente un poco mayor.

Así que, en aras de la integración, me adentré un poco más de lo habitual en el proceloso mundo del aprendizaje de idiomas autodidacta y me dije que venga, que me pongo en serio.

¿Cómo empezar a aprender un idioma por tu cuenta?

Obviamente, la primera duda es por dónde empezar y qué material usar. En mi caso, encontré dos buenos canales de YouTube (uno en español y otro en inglés) que me están sirviendo mucho para avanzar tanto en vocabulario como en gramática.

También utilizo Duolingo, a pesar de que era bastante escéptico al principio. Mi opinión es que no vale como método de aprendizaje único -tampoco los vídeos- pero sí complementario. Es una buena herramienta para entender algunas estructuras gramaticales y memorizar vocabulario temático, en plan: animales, alimentos, prendas de ropa, colores, etc.

Tomar notas y memorizar

Algo que me ayuda bastante es tomármelo con calma y sin ninguna prisa y, también, tomar muchos apuntes en un cuaderno de todo lo que aprendo. Es decir, que no te puedes librar de eso tan denostado de memorizar. Está bien intentar que el aprendizaje sea divertido, pero en algún punto del proceso no te va a quedar otra que repasar una y otra vez los casos, los verbos, los conectores…

Digo lo de no agobiarse, porque habrá palabras que se te queden rápido, pero otras vas a tardar la vida hasta que las internalices. En griego, por ejemplo, la mayoría de verbos son irregulares, y te quieres morir muy fuerte. Yo suelo hacer juegos de palabras, asociarlas con imágenes concretas o desarrollar mis propias reglas nemotécnicas para acordarme. No importa que te parezcan una chorrada. Si te ayudan a recordar, son perfectas.

Para empezar, lo que hago es centrarme mucho en contenido que es relevante para mi. Por ejemplo, como tengo la ventaja de que estoy aquí en Grecia, he aprendido muy rápido todo lo que tiene que ver con hacer la compra y con los restaurantes, que me encanta. Puedo hablar con mucha más soltura en el mercado de Aristotelous que en la farmacia. Y está genial para empezar.

Pequeñas victorias

Al aprender un idioma de forma más o menos autodidacta, resulta importante obtener pequeñas victorias. El hecho de entender una pequeña frase, algunas palabras en un vídeo de una conversación, o ser capaz de comunicarte de forma efectiva con alguien, son estupendos acicates para ayudarte a continuar. Por eso, al principio no me centro tanto en hablar perfecto como en ser capaz de expresar cosas con significado.

Sobre la inmersión lingüística en un país nativo, lo que puedo decir es que, aunque ayuda a probarte en el campo de juego, por así decirlo, tendemos a sobrevalorar su importancia. Me gusta más centrarme en aprender estructuras gramaticales, vocabulario y conectores para, más adelante, ponerlos en práctica en la vida real y jugar a construir frases como si fuese un rompecabezas. Cuando aciertas, es una alegría; cuando te equivocas, alguien te va a corregir y aprendes.

Igualmente, me parece muy útil escuchar con atención. Usar vídeos en Internet para ir identificando sonidos, entonaciones, palabras… Para mí, al principio, el griego era una letanía incomprensible con un alfabeto infernal. Sin embargo, una vez que logré aprenderme el alfabeto, empecé a poder leer por la calle, cada vez con mayor soltura. Y una vez sabes cómo se dicen algunas palabras, cómo suenan y cómo terminan, puedes empezar a separarlas dentro de un diálogo cuando las escuchas y aprender nuevas. Es un proceso muy motivador, si tienes paciencia.

Sigá-Sigá / Poco a poco

Ahora mismo, le voy dedicando el tiempo que puedo, sin presionarme en exceso y siendo consciente de que es un camino lento. Me gustaría, en uno o dos meses, aumentar sustancialmente mi capacidad para, al menos, tener ya charlas intrascendentes algo más largas y doblar el vocabulario que conozco. Contra más palabras y normas conozcas, más construcciones puedes hacer y mayor será tu capacidad para comunicarte. Os iré contando mi progreso.

NOTA: Con todo esto no quiero decir que el aprender un idioma por tu cuenta sea el mejor camino posible. Hay numerosas opciones profesionales, como apuntarse a una academia, clases particulares, cursos, etc. A mi me funciona bien el ir un poco a mi bola al principio, pero no descarto usar uno de estos métodos cuando me estanque o cuando quiera perfeccionar lo que haya aprendido.

Aunque en esta época pandémica, las opciones se han visto un poco reducidas, también es cierto.

Si quieres estudiar mejor (y menos) empieza por estos 11 consejos

Muchas veces tenemos la sensación de que nuestro método de estudio no es el más adecuado, de que podríamos estudiar mejor y de manera más eficiente.

En el instituto, pero también muchas veces en la universidad, lo habitual era la táctica memorística. Tomar apuntes literales y luego volcarlos como un lorito sobre el folio en blanco del examen. Independientemente del resultado, era normal olvidar lo “aprendido” poco después de probar que podíamos recitarlo con mayor o menor éxito.

Ya habíamos hablado en este blog de algunas alternativas para mejorar en la retención de conocimientos cuando leemos. También de lo que recomienda Bill Gates. Pero en esta ocasión me ha llamado la atención esta charla del profesor emérito del Pierce College, Marty Lobdell.

Lobdell enseñaba psicología habitualmente y es el autor de un libro que lleva el mismo título que la clase magistral que hay en Youtube: “Estudia menos, estudia inteligentemente“. El vídeo tiene ya algún tiempo y una cantidad enorme de visitas, pero la verdad es que yo lo desconocía por completo.

Sin embargo, el otro día me tomé la molestia de sacar una hora de tiempo para “asistir” virtualmente a la clase del profesor Lobdell y sacar en claro algunos conceptos que nos permitirían estudiar de forma más inteligente si los aplicamos.

Estudiar mejor: técnicas y consejos prácticos

  • Haz pausas durante el estudio. Una idea es que te apliques en bloques de media hora, con descansos de cinco minutos en los que hagas algo que disfrutes de verdad. Después, vuelve a la tarea y verás como tu capacidad de concentración irá mejorando y alargándose con el tiempo.

  • Crea un área de estudio donde te sientas cómodo. Un escritorio, una lámpara de mesa y una pared en blanco es todo lo que necesitas. Dale la espalda a la cama y aléjate de la zona cuando empieces a distraerte. La zona de estudio es solo para eso.

  • Haz un aprendizaje activo. La memorización puede funcionar a veces -y hay situaciones en las que no queda otra- pero, para la mayoría de nosotros no es la forma más efectiva de estudiar. Lee bien el texto y diferencia entre hechos y conceptos. Los segundos son más importantes y hay que entenderlos, más que memorizarlos. Para los primeros, muchas veces, ya tenemos a Google. Contra más reflexiones y trates de entender lo que estás estudiando, mejor será el desempeño posterior.

  • Si utilizas subrayadores de colores, recuerda que no es lo mismo reconocer que recordar. Me encanta esta parte: generalmente, no recuerdas lo que has subrayado, sino que lo reconoces. Por eso luego te quedas en blanco durante el examen. Para asegurarte de que has entendido y asimilado el concepto, intenta explicártelo a ti mismo con tus propias palabras. Además, recuerda que se subraya lo importante, no se embadurna de amarillo la página. Yo era uno de los que hacía esto a tope.

  • Dormir adecuadamente ayuda a consolidar lo estudiado. Descansa.

  • Tomar notas es muy importante. Pero más importante aún es, después de la clase, pasarlas a limpio e incluso ampliarlas un poco; aunque sean 5 minutos. Cuanto antes mejor porque, si no, olvidarás lo que anotaste.

  • Pregunta a tus compañeros. Pregunta a tus profesores. Están para eso.

  • Practica la recitación activa. No tengas miedo a explicarte la lección a ti mismo en voz alta si no hay nadie disponible en ese momento. En una ocasión, para hacer una guiada turística en Noruega, me pasé una tarde entera en mi habitación contándole el viaje a turistas imaginarios. Hasta coloqué un par de sillas simulando que eran asientos del autobús. Me ayudó mucho, la verdad.

  • Aprende a usar el libro de texto. Recuerda la regla SQ3R (Survey, question, read, recite and review). Básicamente, se trata de que te hagas tú mismo preguntas y que luego encuentres la mejor manera de responderlas y explicarlas con tus propias palabras.

  • Estudia un poco cada día, en lugar de mucho el día antes del examen. Te cansarás menos y aprenderás más.

  • Utiliza reglas nemotécnicas para ayudarte en el aprendizaje. Cuando estudio un idioma, a mí me suele ir muy bien el asociar una imagen o una frase corta a las palabras que me resultan difíciles de memorizar.
11 tips para estudiar más fácil y mejor.
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Y esto era todo por hoy. Espero que os ayude a aprender mejor cualquier cosa.

Vía Open Culture.

A Werner Herzog no le gusta hablar francés

El director de cine Werner Herzog detalla en este vídeo los idiomas que habla y, también, cuenta que entiende el francés pero no le da la gana de hablarlo. Salvo en una ocasión en la que, literalmente, le apuntaron con un arma a la cabeza.

Por lo demás, español, inglés, alemán, griego moderno y algo de italiano. Me suena este repertorio, aunque yo no estudié griego antiguo ni latín en el instituto. Me decanté por las Ciencias Sociales y las matemáticas me trajeron por el camino de la amargura.

He visto que Werner Herzog tiene 73 créditos como director en Filmaffinity, por cierto, y no he visto ni uno solo. ¿Alguna sugerencia para empezar a remediarlo?

Tampoco he visto mucho cine griego, ni siquiera ahora que llevo aquí viviendo casi nueve meses. No he encontrado nada en las plataformas más conocidas y lo más cercano ha sido de momento una miniserie turca de seis episodios sobre la caída de Constantinopla. Esta última si la he visto. Es una mezcla de documental y ficción bélica que te acerca principalmente a la figura del sultán Mehmed II.

Lo que si hice hace algún tiempo, en la era anterior al segundo confinamiento, fue ir al museo del cine de Thessaloniki. Es una muestra curiosa de producción nacional en un espacio de tamaño reducido. Se ve en un pispás pero te puedes quedar embobado un buen rato cotilleando el león de oro de Venecia que exponen.

Esto último no tiene nada que ver con Werner Herzog, pero me parecía que necesitabais saberlo, claramente.

Recordar lo que se lee

Uno lee un libro o un artículo y, cuando termina, descubre que no recuerda gran parte de lo que ha leído, o que no ha absorbido mucho de ese conocimiento que se le presupone a la palabra escrita.

No es nada nuevo. Los libros no son especialmente eficaces como transmisores de conocimiento, en realidad.

Parece ser que más allá de enfrascarse en sesudos volúmenes, hace falta algo de método para retener un poco de la esencia de lo que leemos con intención de aprender algo nuevo.

Vasili Shynkarenka propone una fórmula que asegura que a él le funciona. Por ejemplo, está en contra de leer por objetivos del tipo “25 páginas cada día”, porque al final acaban motivando más la velocidad de lectura que la comprensión de lo que se lee.

También, dice, mejor tomarse descansos cada cierto tiempo para poder asimilar mejor. Y, por supuesto, tratar de aprender cosas en las que uno esté interesado de alguna forma. La curiosidad genuina estimula profundizar en el conocimiento. Algo de esto también lo dice Tyler Cowen, cuando habla de tratar de responder mediante la lectura preguntas que uno ya tenía en mente,
en lugar de lanzarse a devorar volúmenes a lo loco.

En este punto es donde entra el tomar notas mientras se lee para evitar que la mente divague hasta perderse por completo. Es así como podemos dar forma a las preguntas que nos surjan
de manera natural mientras estudiamos sobre un tema concreto.

Particularmente, a veces escribo posts, a veces notas en Google Keep que cada cierto tiempo repaso. Incluso los subrayados de los libros pasan a formar parte de mi colección de notas que son útiles en el momento o lo serán en el futuro. Pasa mucho además que la memoria asociativa te trae conceptos y recursos a la mente que te ayudan a completar las notas que en ese momento estás escribiendo. Eso sí, hay que hacer un esfuerzo masivo de lectura diaria para llegar a este
punto, según mi opinión.

Yo, intento escribir posts y notas largas mientras leo, y me he dado cuenta de que funciona muy bien como refuerzo cognitivo. Shinkarenka llama en su artículo a esto, o algo parecido, metacognición.

Con la lectura en Internet, el problema que veo es que muchas veces recurrimos al escaneo de textos más que a otra cosa. Últimamente procuro ir más despacio y tratar de comprender y resumir mentalmente cada párrafo. Si leo menos cosas, no pasa nada. Si a mitad de texto o antes decido que no me interesa seguir leyendo, tampoco se muere nadie.

Shynkarenka también hace hincapié en identificar las ideas principales de lo que lee, pensar en cómo puede aplicar ese nuevo conocimiento a su vida y, también, en cómo conectan las novedades con lo que ya sabía previamente.

A la hora de recordar, también funciona bastante bien el contárselo a alguien más o imaginar que se lo explicas a alguien. Durante un paseo largo de los que me gusta dar, es un ejercicio que me ayuda mucho a recordar conceptos de forma duradera.

Steve Jobs sobre porqué es importante pedir ayuda a los demás

Steve Jobs explica a través de su propia experiencia porqué es importante pedir ayuda o consejo a los demás para avanzar en nuestras metas. Si nunca coges el teléfono para llamar a alguien que pueda asesorarte, probablemente nunca llegarás a conseguir lo que te propones.

Además, Jobs se centra en el vídeo en conjurar el miedo a fracasar. Hay que tomar acción y no tener miedo a estrellarse, porque si te asusta fallar no llegarás muy lejos.

Vía Open Culture.

Cómo hace Bill Gates para recordar lo que lee

Bill Gates ha estado charlando media hora con los buenos chicos de Quartz (la conversación completa está en su zona para socios) y nos ha dejado estos dos minutos de buenos consejos acerca de cómo es mejor relacionar el aprendizaje y el conocimiento con la asociación de conceptos y estructuras que con la memorización de datos concretos en sí.