Biohackers

Hoy he terminado de ver “Biohackers“, en Netflix. La empecé porque todo lo relativo a tunear el cuerpo aprovechando la tecnología me llama mucho la atención (incluido, por ejemplo, el libro sobre transhumanismo de Luc Ferry), pero la serie no me ha gustado. Está compuesta por seis capítulos de unos 40-50 minutos y se deja ver, pero el inicio prometedor se transforma después en una historia convencionalísima y llena de incongruencias.

El guión de Christian Ditter es errático e inconsistente. La verosimilitud de la historia es pobre y apenas aprovecha el filón interesante, que es el de los jóvenes geeks y aspirantes a influencers que aspiran a formar parte de la vanguardia de la revolución transhumanista. No creo que continúe con la segunda temporada, cuando la estrenen.

Otras cosas que he visto últimamente:

Maldita: una serie de fantasía medieval artúrica que se ve de un tirón aunque tiene algo de tufillo a cartón piedra. La historia es interesante a ratos y otras veces intrascendente. La mitología es confusa y a veces- demasiadas- da la impresión de que estás viendo un pastiche de otras producciones. Para echar un rato, pero olvidable. No sé si seguiré con ella.

La huésped: No entiendo cómo Andrew Niccol se ha dejado liar para producciones cada vez más intrascendentes. Desde Gattaca y SimOne, nada que merezca la pena. En este caso, la historia ya prometía desastre, porque está basada en una novela de Stephenie Meyer. Los mismos postulados ultras que en Crepúsculo, pobremente escondidos, para una película de ciencia ficción que mezcla la novela rosa con el aburrimiento supino. Tiene algún momento con más vidilla y un escenario natural desértico muy espectacular, eso sí. Mejor abstenerse de perder el tiempo.

Encurtido en el tiempo: Seth Rogen suele hacerme reír, y en este caso también lo ha logrado con una historia surrealista acerca de un tipo que se queda conservado en una tina de pepinillos en vinagre y regresa a la vida, un siglo después, para comprobar que su único descendiente es un fracasado diseñador freelance de apps. No es la peli de tu vida, pero sirve para pasar un rato agradable después de la cena. Está en HBO.

Seth Rogen durante una escena de “Encurtido en el tiempo”.

El difícil momento de las salas de cine en USA

Hace nada que nos dijeron que “Tenet” estaba salvando a los cines. Qué jóvenes éramos. La película de Christopher Nolan, que aún no he visto, ha logrado una débil recaudación en las primeras dos semanas: apenas 29,5 millones de dólares en USA; 200 millones si contamos el resto del mundo.

La asistencia a los cines está muy por debajo de lo que esperaban en Hollywood a estas alturas. Se ha pospuesto la próxima película de Wonder Woman para presentarla durante las próximas Navidades y los nuevos estrenos de Marvel (Black Widow) y Pixar (Soul) están en la cuerda floja.

Jeff Goldstein, responsable del área de distribución de Warner Bros, se queja en el NYT de que el 30% de los cines en Estados Unidos continúan cerrados, y los dueños de las salas temen cada vez más la sombra de los estrenos premium en streaming, tipo Mulán.

Falta que conozcamos cómo le ha ido a Disney en este aspecto para vislumbrar, al menos un poco, por dónde puede ir el futuro de las películas en los próximos años. Personalmente, no creo que vayan a desaparecer los cines, al menos a medio plazo, pero sí que puede que se consolide el acceso preferente a determinados blockbusters como nueva ventana de exhibición.

Dune

Del tráiler de la nueva “Dune”, de Dennis Villeneuve -3 minutazos ¿Por qué nos hacen esto las productoras?- me quedo con Zendaya, con la mano del propio Villeneuve y con que peor que la adaptación de David Lynch, un pestiño insufrible, no puede ser.

El canadiense es uno de mis directores actuales favoritos y él mismo ha contado, así un poco a la remanguillé, que la historia necesitaba otro punto de vista diferente y más adaptado a estos tiempos. Vamos, que la novela de Frank Herbert merecía mejor fortuna. No tengo ni idea de si eso es así, no la he leído.

Por nombres, desde luego, no va a ser. A la firma de Villeneuve y la estela de mi adoradísima Zendaya -qué ganas de que vuelva Euphoria en HBO- hay que añadir a Jason Momoa, Javier Bardem, Timothée Chalamet, Oscar Isaac, Dave Bautista, Josh Brolin o Charlotte Rampling, más la música de Hans Zimmer que, por lo visto, pasó de la última de Nolan para hacer esta.

Hay que esperar al final de 2020 para ver esta superproducción de ciencia-ficción en el año de más ciencia-ficción de nuestras vidas. Porque lo de estos doce meses -los ocho que llevamos y los cuatro que nos quedan- no hace mucho lo hubiésemos puesto en la estantería de imposibles, al ladito de Starship Troopers.

Personalmente mis recuerdos de Dune se van más al videojuego aquel de Dune II, en la era en la que podía comprarme revistas de videojuegos y soñar con llegar a jugarlos algún día. Jamás jugué a aquel Dune y ya no creo que lo haga, porque soy de la opinión de que los videojuegos envejecen malamente en líneas generales. A día de hoy me chirrían los gráficos de Baldur’s Gate y nadie en este mundo ha sido más friki de Baldur’s Gate que yo, creedme.

La película en sí promete. Porque es épica y lo épico mola. Lleva molando desde tiempos inmemoriales. Desde antes de que Sócrates se bebiese la cicuta como un opositor ruso cualquiera. Ahora todo blockbuster que se precie tiene que ser muy épico y muy largo. Largo de la hostia. Si la historia se desarrolla en menos de dos horas y media parece como que has pagado mal. Eso en una época en la que un vídeo de diez minutos nos da pereza. Yo lo que me ha gustado una película lo mido ya en las veces que miro el móvil durante el metraje. Y en las cabezadas que doy, porque ya soy un señor de 37 años, y se nota.

Hablando de películas, el otro día vi “Mi gran boda griega“. Me encantó y me fascinó a partes iguales. Más que nada porque me di cuenta de que si hubiese visto el filme hace, por ejemplo, dos años, no lo hubiese entendido ni la mitad de bien. Ni me hubiese reído igual. Pero esto ya es otra historia. ¡Opa!

Sobre los hypes del mes (Avengers: Endgame y la batalla de Invernalia)

La cultura audiovisual de este mes de abril -y la de todo 2019- va a estar marcada por la octava temporada de Juego de Tronos y por el estreno de Avengers: Endgame, que fue el pasado jueves 25 y que pude disfrutar ayer. También ayer llegó el decisivo momento de ver la batalla de Invernalia contra los caminantes blancos. Me encantó, aunque en las redes hay algunas críticas fundamentadas a la fotografía escogida para mostrar la refriega.

https://twitter.com/polispol/status/1122929886677618689

Luces aparte, también ha habido comentarios sobre la estrategia utilizada por los defensores de Invernalia. Ya saben que en Internet encuentra uno pseudoexpertos para todo y yo, personalmente, prefiero batallas espectaculares que rigurosas. Por aquello de la molonidad y de que estamos ante una obra de ficción y de que hay dragones, pero vaya. En Wired, aún así, se han molestado en hacer un análisis táctico del combate (que incluye espóileres a punta pala, obviamente). Robert Farley, sin embargo, realiza en Slate una defensa de la estrategia militar de los vivos que tiene bastante base.

En The Ringer, por otro lado, se hacen 10 preguntas sobre lo que está por venir a partir de ahora en Juego de Tronos. Nos quedan tres capítulos para saber quien se sienta definitivamente en la gran silla de Desembarco del Rey.

Por lo que al final de los Vengadores se refiere, me gusto la película aunque probablemente el hype me hacía esperar algo más. No sé si hacían falta tres horas para contar lo que se nos cuenta en Endgame. Y eso que no se me hizo larga. En cualquier caso, me quedo con dos piezas: esta charla con los guionistas en el NYT y los 55 detalles que podrías haber pasado por alto tras ver la película, en Insider.