Acabar los libros

Comenta un usuario de Reddit que cuando dejas de disfrutar un libro, lo mejor es dejarlo en ese punto, porque la vida es demasiado corta para leer libros que te aburren. Hay bastante de cierto en esto, aunque poco de nuevo. Es un tema recurrente entre los frikis de la productividad y, también, entre los bulímicos de contenidos.

Yo empecé en esas, guiado por las recomendaciones de Tyler Cowen y lo aplico desde entonces, aunque con algún matiz. La técnica funciona especialmente bien para libros de no-ficción, porque puedes ir saltando de un capítulo a otro en función de tus intereses y, también, porque muchos ensayos repiten una y otra vez las mismas ideas. En ficción es más complicado, porque el desarrollo del texto es lineal, y saltarte un capítulo implica que te pierdes parte de la trama.

En términos generales soy un lector bastante infiel. Ojeo varios títulos al tiempo, me salto lo que no me interesa –en los de no ficción, como decía- y ahora ya no me duelen prendas en dejar a medias un volumen que me aburre o no me llega. El Kindle es bastante útil en este sentido, porque generalmente te puedes descargar un fragmento de muestra que facilita al menos la labor de saber si el estilo de escritura del autor te satisface o si apunta maneras de rollo repollo. Eso sí, cuando un libro me gusta o me interesa, me pego a él como si no hubiese un mañana.

Con todo, me gusta ya un poco menos la tendencia que observo últimamente a engullir contenidos más que a disfrutarlos. De hecho también se han puesto de moda esas webs y canales de Youtube que te resumen las ideas principales en un momentillo y a otra cosa. En vez de tomarte la molestia de leer, subrayar y volver a lo que has resaltado tú mismo tras reposar y asimilar la lectura, hay quien recurre a encargar ese proceso a otro y quedarse con el bolo alimenticio ya masticado y todo. No sé si realmente funciona ese proceso a la hora de comprender las ideas que nos expone el escritor, pero se pierde buena parte de la gracia ¿no?

Pasa también con el audiovisual. Ahora Netflix nos va a dejar ver las series a toda pastilla. Para que podamos ver más, supongo. Porque cómo si no va a meterse uno entre pecho y espalda “las 60 series que no te puedes perder este verano”. Al final nos va a hacer falta un Almax después de la tercera temporada de Dark.

Librerías, Amazons y Kindles

Mientras que Jeff Bezos bate todos los récords de hacerse rico, las pequeñas librerías continúan en la batalla para defender sus negocios de la predominancia de Amazon en el mercado del libro. En UK, los libreros sueñan con una pandemia de cancelaciones del Prime mientras que animan a comprar local también en lo que a lecturas se refiere.

Yo reconozco que, ahora más que nunca, tengo Kindle-dependencia. Es la mejor forma para adquirir títulos en español o inglés a bajo precio en Grikistán y disfrutarlos a golpe de click. Entiendo el fetichismo del papel, de veras, pero con el tiempo es algo que se me ha ido pasando, excepto para los libros de cocina.

No necesito tener 300 libros al alcance de la mano en un viaje, pero es cómodo llevar varias lecturas a la vez y, además, con unas cuantas mudanzas a cuestas uno aprende que, entre lo más tostón de mover, siempre se encuentran los dichosos volúmenes. Visten mucho una casa, no os lo niego, pero si en vuestras vidas no hay una dirección fija no os aconsejo destinar una habitación a montar una biblioteca.

Criaturas del tiempo

“El tiempo”, dice Jorge Luís Borges, “es la sustancia de la que
estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy
el río.” Nuestros movimientos, nuestros actos, se prolongan
en el tiempo, al igual que nuestras percepciones, nuestros
pensamientos, el contenido de la conciencia.
Vivimos en el tiempo, organizamos el tiempo, somos criaturas del
tiempo de pies a cabeza. Pero el tiempo en que vivimos o mediante
el que vivimos, ¿Es continuo, como el río de Borges? ¿O es más comparable
a una sucesión de momentos discretos, como las cuentas de un collar?

“El río de la conciencia”. Oliver Sacks. Ed. Anagrama.

El río de la conciencia” es una colección de breves ensayos que Oliver Sacks dejó preparados para su publicación antes de morir. Había oído mucho hablar de este neurólogo y autor británico, que ejerció e investigó durante buena parte de su vida en Nueva York, y me hice con el volumen el pasado 23 de abril, día del libro. Aunque a veces sus disquisiciones científicas se me escapan por su complejidad, varios de los artículos han llegado a atraparme intensamente, como el primero -en el que habla de Darwin y su interés por la botánica- o este otro que cito al inicio del post y que da título al libro, precisamente.