El coste de la vida en Grecia (I): la vivienda

Una de las primeras cosas que te preguntas cuando te vas a vivir aun país extranjero es cuál será allí el coste de la vida. Si te dará el salario para vivir decentemente o estarás entregado al cuencoarrocismo. ¿Cómo es el coste de la vida en Grecia, según mi experiencia? Vamos por partes. En el caso del post de hoy… Las casas.

DISCLAIMER: Hablo desde mi experiencia personal en Thessaloniki / Salónica y lo mismo tú tienes otra. Me parece bien. Cuéntanosla a todos en los comentarios.

La vivienda: asequible, pero no tanto.

Cuando empiezas a leer sobre el tema en Internet, en webs, blogs y foros, parece que la vivienda vaya a ser regalada. La realidad es que los precios son más asequibles que en España, pero tampoco una fantasía exótica. En general, para un extranjero que llega de nuevas, el coste de una habitación en un piso compartido oscila entre los 200 y los 300 euros.

La parte buena es que, en muchas ocasiones, este precio incluye las facturas. Por hacerse una idea, un estudio pequeño para uno solo en el centro de Thessaloniki (Salónica), anda entre 350 y 500 euros. En ocasiones, como digo, con facturas incluidas. En otras, no.

También se pueden encontrar algunos pisos majetes de un dormitorio en ese rango de precios. Existen dos factores a tener en cuenta: AirBNB y los Erasmus. Los mejores pisos, los más cuquis, en circunstancias normales suelen estar destinados a alquilarse para turistas o para los estudiantes europeos que llegan. En Thessaloniki, por ejemplo, hay dos universidades, la Aristóteles y la de Macedonia.

En general, los caseros prefieren a los Erasmus como inquilinos que a ti, pobre trabajador. ¿Por qué? Yo barrunto que es porque prefieren dividir los pisos en habitaciones y alquilarlas separadas. De modo que generalmente encuentras pisos de tres habitaciones muy apañados que se rentan para varias personas y que, posiblemente, pasan a ser turísticos cuando termina el curso. Y así.

De hecho, es muy habitual ver anuncios de pisos en los que no todas las habitaciones cuestan lo mismo. Hay siempre alguna que es “la buena” y que te cuesta 20 euros más al mes, por ejemplo.

¿Cómo encontrar piso en Grecia?

Dicho esto, es posible encontrar piso en Grecia si has venido a trabajar. Así que adentrémonos en las profundidades del mercado inmobiliario, nuestro gran amigo.

¿Qué puedes hacer para encontrar piso en Grecia? Esto:

  • Buscar en Facebook. Mucha gente, incluidas las inmobiliarias, publican anuncios de alquiler y venta de pisos en Facebook Market. A mi esta es una opción que me da gato porque la app de Facebook para buscar piso no me gusta. Pero es una opción que no puedes obviar y, de hecho, mi primer apartamento en Grecia llegó por esta vía.

Buscar piso en Facebook hará que te encuentres con gente que no contesta al mensaje, gente que sólo quiere Erasmus y gente que sólo quiere alquilarle el piso a chicas (sorry, mate). Supera las ganas de matar y persevera, que algo terminará apareciendo. Incluso la misma persona que te dice “solo Erasmus” puede que al rato te mande un “Pero tengo otro piso que…”.

¿Hay algo más en Facebook aparte del Market? Sí. Los grupos. Busca en español y busca en inglés y, si sabes griego, busca en griego. Busca grupos de todo lo que se te ocurra. Las mejores opciones: pisos para Erasmus (está la cosa muy mala y en esto sí puede molar ser segundo plato), comunidades expat en Grecia, “amigos de Grecia en habla española”, “Españoles en Grecia” y cosas así. Siempre hay movimiento de pisos e incluso de trabajos en estos grupos. Son importantes, e igual hasta haces amigos.

Algunos existentes que pueden darte una idea: Comunidad Española de Grecia /Expats Thessaloniki / Erasmus Accommodation in Thessaloniki by ESN / Españoles en Tesalónica /

  • Spitogatos: Esta es otra fórmula que te recomiendo explorar. Spitogatos.gr es una web inmobiliaria que suele tener bastantes ofertas de alquiler y venta de pisos. Funciona muy parecido a lo que es Idealista o Fotocasa, en España, y se puede poner en inglés, así que también te será útil. Funciona como web y, también, como app en el móvil. Y es naranja. Muy naranja. Naranja todo.

Otra opción parecida a Spitogatos, puede ser Tospitimou.

  • Las inmobiliarias: no podía faltar el Real Estate en esta lista porque, aunque nos gusten poco, estas empresas forman parte del juego, y es muy probable que tengáis que relacionaros con ellas en vuestra búsqueda de piso. Las inmobiliarias tienen la ventaja de que pueden asesoraros y ayudaros a encontrar lo que buscáis. Además, harán de intermediario con vuestro casero griego, que también está bien, y os pueden echar una mano para resolver papeleos. La parte mala, obviamente, es que os cobrarán una comisión por la transacción, que varía dependiendo de cada empresa.

Os pongo aquí algunos nombres de inmobiliarias griegas (alguna puede que sólo esté presente en Thessaloniki): RE/MAX New Deal / Olympus / ACB / Istos Properties / Pasalidis Real State / TK New Line / Koukios Real State / Koukouserakis Real State / Oikies Real State / Noikiaseto.

  • El boca a boca: obviamente, este método también puede funcionar en alguna ocasión, y te puede granjear un apartamento sin comisión de inmobiliaria, gracias a alguien que conoce a alguien, que conoce… Si llegas a Grecia de nuevas, será más difícil. Pero con el tiempo, conocerás a gente. Socialízate, que para eso has cambiado de aires, hombre/mujer.

Las facturas

En mi experiencia personal (un año en Grecia, hasta el momento) siempre he escogido la fórmula alquiler + facturas incluidas en el precio del alquiler. Primero, te evitas oscilaciones en el dinero que gastas al mes en piso y suministros y, segundo, te evitas molestias como dar de alta o de baja el servicio de luz, Internet, agua o lo que sea que tengas que contratar. Para mi, es la fórmula ideal.

Si para ti no lo es, no puedo decirte cómo se da de alta ninguno de estos servicios en Grecia, porque no he tenido que hacerlo nunca. Tampoco estoy muy seguro de lo que cuestan por separado.

Los contratos de alquiler

Vale, ya has encontrado piso con mi infalible ayuda. ¿Algo más? Sí. Información de servicio. Seguro que puedes hallar la fórmula de encontrar un piso con alguien que no te haga contrato, ni pagues impuestos, y te duela un montón la cabeza luego por atontao. Pero este blog cree en los impuestos, porque ayudan a repartir la riqueza y a financiar servicios públicos que hacen que nuestras vidas sean mejores. Por favor, haz las cosas bien. No lleva mucho, no cuesta tanto y te traerá beneficios a largo plazo, créeme.

En Grecia los contratos te los harán en griego, obviamente, pero puedes pedirle a la inmobiliaria o al casero, que te faciliten una copia en inglés. Aunque sea una un poco redactada de aquella manera, en inglés “nivel medio”, te enterarás algo mejor de las condiciones que acuerdas.

Luego, si estás trabajando en Grecia al menos, pide que suban el contrato a Taxisnet, que es la web que tiene el Gobierno griego para administrar muchas cosas relacionadas con servicios públicos e impuestos. En el apartado MyTaxisnet, tienes que acceder a tu perfil y aceptar el contrato. Seguramente, en tu empresa puedan asesorarte en esto.

Sagapó (digo, sacabó)

Y ya está, amigo/a. Ya tienes piso y puedes dedicarte a disfrutar de la vida. Tómate un frappé a mi salud por haberte revelado todas estas maravillas sobre encontrar piso en Grecia y listo.

Habrá más textos como este en el blog, seguramente. Porque tengo más aspectos del coste de la vida en Grecia que abordar, y porque he puesto un uno en el título.

Toque de queda

Nueva York va a aprovechar San Valentín para volver a abrir el interior de sus restaurantes, aunque solo a un 25% de su capacidad. Un respiro para muchos negocios que llevan cerrados desde mediados de diciembre.

De hecho, parece ser que hay bastantes reservas ya para ese 14 de febrero, día de los enamorados de comprar bombones a lo loco. En estos momentos, cualquier oportunidad para llevar a la gente a los restaurantes es buena, imagino.

Mientras, en Grecia, el Gobierno da marcha atrás parcialmente a la apertura de tiendas en Atenas. Los comercios vuelven al sistema “click away” (que es un rollo repollo, ya os comento) en la región de Attica, que concentra el renovado aumento de casos, y en algunas otras zonas del país que también están de lo suyo.

En Thessaloniki, de momento, nos dejan las tiendas abiertas y nos mantienen el toque de queda a las 9 de la noche. También se queda así en las áreas que pasan a rojo, como Atenas. Había debate sobre si adelantarlo a las 6 de la tarde, pero se ha desechado esa idea. La salud mental de todos lo agradecerá.

Así queda pues el mapa de Grecia, dividida en zonas amarillas y rojas. Creo que en algunas zonas rojas sí se ha aplicado el toque de queda desde las 18 horas, pero en Atenas, seguro que no.

Imagen: Makthes.gr

El toque de queda es, de todas las restricciones a las que nos enfrentamos desde ya hace un año casi, la que más interfiere con mi vida diaria. El hecho de salir a dar un paseo con el reloj en mente es terriblemente desmotivador. Sobre todo cuando estás disfrutando de la conversación o del simple hecho de estar en la calle un rato. Si me das a elegir entre tú, la gloria o quitar el toque de queda, tengo clara mi opción.

Aprender un idioma por tu cuenta como aventura didáctica.

Aprender un idioma por tu cuenta es todo un reto cuando tienes 37 años, poco tiempo y muchos libros en la pila de leer. Sin embargo, cuando llegué a Grecia, hace ya diez meses, me propuse que al menos conseguiría comunicarme mínimamente en el idioma local.

Es cierto que en Thessaloniki hay muchas cosas que puedes apañarlas en inglés, pero en ocasiones vas a encontrarte con el que el nivel de comprensión de ese idioma es limitado. Sobre todo si tratas con gente un poco mayor.

Así que, en aras de la integración, me adentré un poco más de lo habitual en el proceloso mundo del aprendizaje de idiomas autodidacta y me dije que venga, que me pongo en serio.

¿Cómo empezar a aprender un idioma por tu cuenta?

Obviamente, la primera duda es por dónde empezar y qué material usar. En mi caso, encontré dos buenos canales de YouTube (uno en español y otro en inglés) que me están sirviendo mucho para avanzar tanto en vocabulario como en gramática.

También utilizo Duolingo, a pesar de que era bastante escéptico al principio. Mi opinión es que no vale como método de aprendizaje único -tampoco los vídeos- pero sí complementario. Es una buena herramienta para entender algunas estructuras gramaticales y memorizar vocabulario temático, en plan: animales, alimentos, prendas de ropa, colores, etc.

Tomar notas y memorizar

Algo que me ayuda bastante es tomármelo con calma y sin ninguna prisa y, también, tomar muchos apuntes en un cuaderno de todo lo que aprendo. Es decir, que no te puedes librar de eso tan denostado de memorizar. Está bien intentar que el aprendizaje sea divertido, pero en algún punto del proceso no te va a quedar otra que repasar una y otra vez los casos, los verbos, los conectores…

Digo lo de no agobiarse, porque habrá palabras que se te queden rápido, pero otras vas a tardar la vida hasta que las internalices. En griego, por ejemplo, la mayoría de verbos son irregulares, y te quieres morir muy fuerte. Yo suelo hacer juegos de palabras, asociarlas con imágenes concretas o desarrollar mis propias reglas nemotécnicas para acordarme. No importa que te parezcan una chorrada. Si te ayudan a recordar, son perfectas.

Para empezar, lo que hago es centrarme mucho en contenido que es relevante para mi. Por ejemplo, como tengo la ventaja de que estoy aquí en Grecia, he aprendido muy rápido todo lo que tiene que ver con hacer la compra y con los restaurantes, que me encanta. Puedo hablar con mucha más soltura en el mercado de Aristotelous que en la farmacia. Y está genial para empezar.

Pequeñas victorias

Al aprender un idioma de forma más o menos autodidacta, resulta importante obtener pequeñas victorias. El hecho de entender una pequeña frase, algunas palabras en un vídeo de una conversación, o ser capaz de comunicarte de forma efectiva con alguien, son estupendos acicates para ayudarte a continuar. Por eso, al principio no me centro tanto en hablar perfecto como en ser capaz de expresar cosas con significado.

Sobre la inmersión lingüística en un país nativo, lo que puedo decir es que, aunque ayuda a probarte en el campo de juego, por así decirlo, tendemos a sobrevalorar su importancia. Me gusta más centrarme en aprender estructuras gramaticales, vocabulario y conectores para, más adelante, ponerlos en práctica en la vida real y jugar a construir frases como si fuese un rompecabezas. Cuando aciertas, es una alegría; cuando te equivocas, alguien te va a corregir y aprendes.

Igualmente, me parece muy útil escuchar con atención. Usar vídeos en Internet para ir identificando sonidos, entonaciones, palabras… Para mí, al principio, el griego era una letanía incomprensible con un alfabeto infernal. Sin embargo, una vez que logré aprenderme el alfabeto, empecé a poder leer por la calle, cada vez con mayor soltura. Y una vez sabes cómo se dicen algunas palabras, cómo suenan y cómo terminan, puedes empezar a separarlas dentro de un diálogo cuando las escuchas y aprender nuevas. Es un proceso muy motivador, si tienes paciencia.

Sigá-Sigá / Poco a poco

Ahora mismo, le voy dedicando el tiempo que puedo, sin presionarme en exceso y siendo consciente de que es un camino lento. Me gustaría, en uno o dos meses, aumentar sustancialmente mi capacidad para, al menos, tener ya charlas intrascendentes algo más largas y doblar el vocabulario que conozco. Contra más palabras y normas conozcas, más construcciones puedes hacer y mayor será tu capacidad para comunicarte. Os iré contando mi progreso.

NOTA: Con todo esto no quiero decir que el aprender un idioma por tu cuenta sea el mejor camino posible. Hay numerosas opciones profesionales, como apuntarse a una academia, clases particulares, cursos, etc. A mi me funciona bien el ir un poco a mi bola al principio, pero no descarto usar uno de estos métodos cuando me estanque o cuando quiera perfeccionar lo que haya aprendido.

Aunque en esta época pandémica, las opciones se han visto un poco reducidas, también es cierto.

Navidad fuera de España y nieves de enero

Ha sido una Navidad atípica. La primera que no paso con mi familia, también. En otra ocasión, que también estuve fuera, sí que volví; como el de El almendro. Esta vez, no. Los aviones, las restricciones, las PCR’s… Los contagios… Navidad fuera de España.

Al menos he pasado todas las fechas importantes con gente estupenda. No me quejo, no han sido unas fiestas solitarias. Y comimos y bebimos hasta hartarnos, que es lo bonito de las celebraciones.

https://twitter.com/jm_guada/status/1342029119102455810

Thessaloniki es bonita en Navidad. Las calles del centro estaban llenas de luces y en mi barrio, en general, hay esfuerzo en adecentar las fachadas para la ocasión. Seguimos en lockdown, eso sí. Va ya para tres meses la cosa. Ni tiendas, ni bares, ni Cristo que lo fundó en fechas tan señaladas.

Mientras en España nieva como si no hubiese un mañana, en Macedonia Central disfrutamos anoche de unos dadivosos 17 grados. Diciembre y enero están siendo soleados y no excesivamente fríos. Guadalajara, mientras, espera diez grados bajo cero para este lunes. Lo nunca visto.

Así da gusto el invierno

Ahora todo el mundo se acuerda de 2009, que también nevó bastante. Yo estaba en el pueblo y vinieron a “rescatarme” con un todoterreno para poder ir a Guadalajara a salir de fiesta. Porque entonces, doce años ha, salir de fiesta era una religión. Ahora, como en las iglesias, da la impresión de que hay menos gente o de que se sale distinto. Aunque esto último igual es sólo que voy a cumplir 38.

En casa, en la de Grecia, acabamos de quitar unas luces que compramos en el mercado de Aristotelous, a deshoras ya casi. Las pusimos para Nochevieja, circundando la puerta acristalada que da al balcón. Un espectáculo de colorines tintineantes por cinco euros. Instalé más o menos otras blancas, que duraron un suspiro antes de dejar de funcionar.

Mi primera intentona por emular aquella película de Chevy Chase en la que iluminaba a tope la fachada de la casa, ha sido fallida. El año que viene pongo hasta renos.

Al menos pudimos comprar las luces, porque para esta Navidad han podido abrir las peluquerías -ahora,de nuevo chapadas- pero también las tiendas especializadas. En la nueva normalidad te puedes comprar un Santa Claus de peluche, pero no una sartén para la cocina.

Lo mejor de esta Navidad es que en Grecia acabamos 2020 una hora antes, si nos regimos por el huso horario de España. Luego, a la media hora, se fue la luz en todo mi barrio. A la una nos tomamos las uvas con las Anas – o las Annes- a la luz de las velas y mirando la pantalla del móvil. Bienvenido, 2021.

El 1 de enero, en cambio, sí fue bastante tradicional. Encargamos unos churros y una bugatsa. La bugatsa bien, porque es lo de aquí. Los churros, reguleros. Eché de menos los de La Giralda, en Guada. Y descubrí una cosa muy fuerte en el NYT: que hay galletas Oreo con sabor a churros. Apropiación hipertensorial.

Aunque lo tradicional en Grecia es comerse la basilopita – el bollo de San Basilio- el primer día del año, yo ya me hice con esa experiencia a mitad de diciembre. Me tocó la sorpresa y todo.

Compre la basilopita en el Sklavenitis y os puedo decir fehacientemente que sabe exactamente igual que el roscón del Lidl. Hay por ahí un Papá Noel de las masas que reparte la misma para hacer repostería en todo el mundo.

Y como último apunte, he estado viendo estas Navidades una serie bastante mamarracha de bailarinas y bailarines, en Netflix. “Delicadas y crueles” se llama la cosa. Pero de esto ya hablaremos en el “últimamente he visto” de enero, porque aún no la he terminado. Voy a paso de tortuga con ella.

De la Lotería de Navidad tampoco hablo. Otro año que nos toca salud, y casi ni eso.

Que tengáis un 2021 legendario.

Vivir tranquilo, en tiempos convulsos, es tener un balcón

Me gusta vivir tranquilo y sin preocupaciones; necesito poco. Uno de mis mayores placeres en esta vida es levantarme por la mañana, no muy tarde, y leer la prensa con un café, en silencio.

Es un momento irrepetible en el día, y me ayuda a empezar con energía. En Grecia, hasta tengo el lujo de tener un balcón. En España ahora te hacen las casas sin balcones. Lo mismo, para que no aplaudas a quien no debes.

No aspiro a nada, ni codicio nada; mi único deseo es vivir tranquilo; mi único placer consiste en no ser molestado“, decía Kamo No Chomei en sus notas desde la cabaña de monje que se construyó en plena foresta. Todo un lujo, llevar una vida tranquila y sencilla, sin que te interrumpan las notificaciones.

Pese a vivir en el siglo XII, el japonés ya sabía bastante de cómo iba a ir la pandemia en el XXI. “Yo creí que se volverían más piadosos” -escribió sobre los hombres de su época- “pero los días y los meses pasaron y, ahora, después de algunos años, ya no se habla más de todo aquello”. Tampoco nosotros nos hemos vuelto mejores, pese a las promesas de marzo. Posiblemente, tampoco peores.

Se puede ser feliz con poco, estoy convencido. Lo cual no es lo mismo que esa visión bucólica del pobre feliz. Igual habría que decir que se puede ser feliz con lo que hace falta, que es más la compañía de los tuyos y menos los objetos de los que alardear. “Miserable polvo”, si hacemos caso al poeta japonés.

Si algo podemos apreciar después de este confinamiento, que parece no acabarse nunca, es que poco hay más valioso que el simple hecho de salir a la calle. El mero contacto con el aire de fuera. Mi balcón da a un patio interno, pero es amplio y soleado. La vista es destartalada, hay dejadez en la parte baja y, sin embargo, excelso esmero en los estrechos huertos y jardines a la derecha, que algunos vecinos se afanan en cuidar y que ahora lucen adornos de Navidad.

Los hermosos paisajes no tienen dueño, de modo que nada puede impedirnos deleitarnos con ellos“.

Kamo Na Chomei. “Notas desde mi cabaña de monje”.

Nadie resumió mejor cómo ser feliz que la poetisa Mary Oliver. Nos dejó las instrucciones y todo: “pon atención, asómbrate y cuéntalo”. Schopenhauer, que era más pragmático, se centraba en que el noventa por ciento de nuestra felicidad depende de la salud. Me gusta sentarme en mi balcón por las mañanas y pensar que tengo un poco de ambos. Contemplo el granado, que ya ha perdido las hojas, y me alejo un rato de nuestro modelo de ocio y de trabajo actual, que invita a la ansiedad.

Vivir tranquilo en tiempos convulsos es, sin duda, tener un balcón.

Thessaloniki y Coronavirus: así estamos

No hace tantas semanas, cuando Atenas y su zona circundante eran el epicentro de la pandemia en Grecia, se ponía de ejemplo a Thessaloniki (Salónica para los amigos) por el bajo número de casos registrados hasta el momento.

Que algo no cuadraba entonces era evidente a nada que uno se pasease por las calles de la ciudad, donde la observación de las medidas para evitar el follón en el que estamos ahora era mínima. Actualmente, tenemos a Thessaloniki como punta de lanza de los contagios; en torno a los 800 diarios.

Apreturas sanitarias

El tema durante esta segunda ola, aquí y en toda Europa, no está tanto en el número de infecciones, sin embargo, como en la capacidad del sistema sanitario de cada país para hacer frente al COVID durante esta ola pre-invernal. A día de hoy, las UCI de Grecia, y muy en particular las de los hospitales tesalonicenses, soportan una presión agobiante. De 148 camas disponibles para cuidados intensivos, 132 están ya ocupadas, y la positividad en los test anda en torno al 32%. Mucha.

Mientras el hospital militar de la ciudad se prepara para convertir en camas UCI incluso las del refugio antinuclear que hay en el edificio, toda Grecia tiene impuesto el toque de queda entre las nueve de la noche y las cinco de la mañana. A parte de eso, hemos vuelto al sistema de movilidad con SMS mediante, que en la práctica permite circular con relativa normalidad por las calles durante el día. Se envía un número que expone lo que vas a hacer -supermercado, fitness, banco, médico, etc.- y recibes una confirmación que te autoriza en pocos segundos.

Estos días se ven bastantes más mascarillas, no sólo porque sea obligatoria en todas partes, sino porque finalmente en Grecia el virus se ha hecho verdaderamente presente. La primera ola pasó casi de puntillas, pero la segunda está mostrándose a cara descubierta. Especialmente en el norte del país, por estos lares macedónicos.

Más o menos, el cuadro es el mismo que existe en el resto del continente. Servidores públicos en primera línea de contagios, cierta confusión respecto al alcance de las restricciones y la hostelería tirándose de los pelos y sintiéndose en el ojo del huracán todo el tiempo. En Thessaloniki, el alcalde Zervas habla ya de situación de guerra y está sobre la mesa la utilización del palacio de convenciones de la ciudad como hospital de emergencia para pacientes con COVID-19.

Mientras, el personal sanitario se desgañita pidiendo medios y preguntándose, como en buena parte del resto de Europa, porqué no se ha hecho más para reforzar el sistema público de salud durante el tiempo transcurrido entre una ola y otra. No sólo se trata de disponer nuevas camas para las UCI, sino también de dotar de medios que eviten la paralización de unidades hospitalarias que debieran dedicarse a atender pacientes con otras dolencias, en lugar de centrar sus esfuerzos en contener el coronavirus.

Los próximos días

¿Qué viene ahora? Dependerá probablemente de cómo funcionen las restricciones ya impuestas a la población para detener los contagios que, de momento, han ralentizado su expansión pero están lejos de haberse detenido. Por el momento, hay voces ya pidiendo que se cierren las escuelas de Primaria, que aún permanecen abiertas, y se va a restringir algo el horario de los supermercados, que tampoco podrán vender artículos que no sean de primera necesidad, para evitar la competencia desleal a los pequeños comerciantes. También se está planteando el traslado de pacientes desde las áreas rurales peor situadas a hospitales atenienses, mediante aviones Hércules C-130 del ejército.

Si piensan en aplicarnos un confinamiento domiciliario más estricto, todavía no nos han dicho nada.

Plásticos, elecciones y acuarios

Si Greta Thunberg viniera -imagino que en barco- a Grecia, le daría un parraque fuerte, probablemente. No sólo porque Thessaloniki esté diseñada esencialmente para el uso del coche, ni porque todo lo reciclable vaya -aquí sí- al mismo contenedor azul. También porque la conciencia en lo del uso del plástico, y tal, va con ligero retraso respecto a lo que se lleva ahora.

Y un poco a lo loco. El pan de molde, sabe Dios porqué, va envuelto dos veces. Es decir, que no solo tienes la bolsa de plástico habitual, sino que dentro viene el pan metido en otra. También cuando pides algo en la carnicería del Sklavenitis te obsequian con una bolsa de plástico semiduro y transparente para cada pieza. Vamos, que es poco eco-friendly, Grecia.

Claro que ahora no estamos para pensar en el plástico. En Thessaloniki iniciamos nuestro tercer día del segundo confinamiento -¿Pasaremos a medir así el tiempo en lugar de en años antes de Cristo?- y, al mediodía, el Primer Ministro Mitsotakis, va a anunciar esta misma situación para toda Grecia. Como la vez anterior, allá por marzo-mayo, se puede salir enviando un SMS con un número que refiere a qué te vas a dedicar en tus aventuras en el exterior. Generalmente ponías el 6, para hacer fitness, y te paseabas por todos lados. Imagino que ahora será igual, aunque la novedad es que a partir de las 21 horas no se puede salir para nada, porque tenemos toque de queda. Doble protección, como congelar lo que ya habías envasado al vacío.

Mientras se pueda salir a la calle, no llevo mal esto de las restricciones. Vale, no tenemos bares, pero ya hemos visto que se puede vivir sin ellos, aunque así de sopetón sea una vida un poco más regulera. Más en Thessaloniki, que la gente sale como si no hubiera un mañana, cada día a lo loco. Y eso que vale un café 3 euros. No reparamos en gastos, como el Doctor Hammond.

Peor lo llevan en Zalacaín, que cierra, según leo en los midia. Una pena, principalmente por los trabajadores y por la travesía del desierto que se vislumbra en la hostelería con todo esto del virus. Nunca comí en Zalacaín, pero sí que estuve una vez en un evento en el Zalacaín IN de Pozuelo. Y estuvo muy bien, porque hubo muy buena comida y me hice una foto con Pilar Rubio. También estaba en la fiesta Jaime Peñafiel, luciendo un moreno Trump cuando aún no molaba del todo ser naranja.

Y hablando del rey de Roma, que anda estos días lira en mano quemando el Imperio; precioso lo que tienen montado en Estados Unidos a cuenta de las elecciones. Todo el mundo lleva dos días haciendo cálculos sobre el voto en condados y perorando sobre la incidencia del voto navajo y cheroqui en la victoria -o no- de Biden. Con un poco de suerte, se consumará lo que predijeron a duras penas los expertos de la cosa demográfica y perderemos de vista un poco al Cheto. Aunque, a juzgar por la cantidad de votos que conserva, no nos olvidaremos de él y de lo que representa en un tiempo largo.

Yo ya me aburro de todo este ruido mediático y ayer dediqué una parte de la tarde a observar vídeos de un tipo que monta unos acuarios chulísimos e hipnóticos. No puedo sino recomendaros esta delicia, porque uno no se da cuenta de que puede pasar media hora viendo a un señor retirar caracoles de una pecera grande hasta que no se ha puesto a ello.

Es un placer sencillo, de los que te recomienda experimentar Kamo No Chomei -un monje ermitaño japonés de allá por el siglo XII- en el último libro que me he leído.

“Yo soy como el cangrejo ermitaño y como el halcón pescador: me conozco a mi mismo y conozco el mundo; no aspiro a nada ni codicio nada; mi único deseo es vivir tranquilo; mi único placer consiste en no ser molestado”.

“Notas desde mi cabaña de monje”. Kamo No Chomei.

Qué maravilla.

Restaurante Igglis, la reapertura de un clásico de Ano Póli

Como es habitual, ayer hicimos cena exploratoria de una taberna griega. En concreto, el Igglis, que lo han reabierto en el barrio de Ano Póli (en Salónica) tras una etapa de reforma del local, al que aún le falta implementar la decoración. La terraza externa es agradable, aunque nos tuvimos que conformar con una mesa en el interior, porque estaba lleno.

Esto explican en el menú, al que aún le faltan platos por aquello de la reciente apertura:

<<“Igglis es el apodo de Nea Anchialos en Salónica, porque allí se encontraba el cuartel general del ejército británico durante la Primera Guerra Mundial. Estaba habitado por inmigrantes de Rumelia Oriental. La mayoría de ellos eran productores de vino que abastecían a Salónica a principios del siglo pasado. Así, la variedad de vino que elaboraban, se conocía como “Igglis”.

La taberna “Igglis” abrió por primera vez en 1914 en la calle Platonos, a cargo del abuelo de Manolis Marmaras. A finales de los 60, su padre trasladó el negocio a su ubicación actual (Irodotou, 32)”.

En el año 2000, jóvenes no pertenecientes a la familia, se hicieron cargo de la taberna.

Desde septiembre de 2012, está bajo la actual dirección.>>

Para la cena intentamos salirnos un poco de la oferta habitual aunque, por supuesto, empezamos por el tzaziki. Muy bien presentado, este:

No podía faltar tampoco un pimiento picante, que en esta ocasión venía acompañado de cebolla roja y aceitunas. Sabroso y con la potencia justa.

Delicioso queso Graviera. Uno de mis favoritos en Grecia. En esta ocasión, la carta expone que es de leche de vaca, aunque esta variedad también puede ser de cabra, oveja o mezcla, según tengo entendido.

Unos rollitos rellenos de queso, y vegetales para dotar a la cena de algo más contundente. Lo de dentro, rico, aunque me pasa un poco con esto como con las empanadillas, que cuando van fritas me resultan muy pesadas de comer por la cantidad de aceite que absorben. La salsa, especiada y fría, en contraste con el elemento principal. Un poco plano, no me entusiasmó.

Una rica pieza hecha de carne picada de ternera y cordero con pan de pita, tomate asado y salsa de yogur para terminar.

En esta ocasión no hubo postre. Es habitual que te obsequien con uno en las tabernas cuando pagas, pero aquí de momento no se estila. Volveremos para probar más cosas cuando estén disponibles.

InstaShop: una historia griega de éxito no disponible en Grecia

A finales del mes pasado se dio a conocer que Delivery Hero había comprado InstaShop, la app-supermercado-online que lo peta en Oriente Medio, por nada menos que 305 millones de euros. Instashop es una startup griega y la operación ha tenido mucha repercusión en la prensa de aquí, donde, curiosamente, no podemos utilizarla.

Instashop, de momento, no está disponible en Grecia y, de hecho, la sede de la compañía está en Dubai, según este reportaje en el periódico de Macedonia. Lo que sí permanece aquí, justamente en Thessaloniki, además, es el centro tecnológico y de desarrollo, que da empleo a desarrolladores e ingenieros helenos, pese a que no sea un mercado ahora mismo que interese mucho porque, según los fundadores de la empresa -Giannis Tsioris e Ioanna Angelidaki-, los hábitos de consumo griegos igual no casan con la app.

No me extrañaría. En Grecia los supermercados son caros, los mercadillos callejeros aún son algo que puedes encontrar fácilmente -y con buenos precios para el producto fresco- y la gente gusta de hacer vida en la calle. Con todo, las principales cadenas -Massoutis, Sklavenitis…- si que envían la compra a domicilio, a través de la omnipresente aplicación Efood, por ejemplo.

Estaría muy bien que ahora parte de esos beneficios de la compra-venta de InstaShop, cuyos responsables permanecerán al frente de proyecto, redundaran en mayor inversión en Grecia, que falta hace.

Thessaloniki: este año no hay feria, pero tendremos mercado en 2021

Thessaloniki, tú antes molabas. O al menos eso dicen en el Parallaxi, que cuenta que desde que se armó el Belén en los Balcanes, allá por los noventa, la ciudad no ha levantado cabeza del todo. La historia siempre es la misma; la misma que me contaban en Magdeburg cuando estuve un año por aquellos andurriales. Desindustrialización, decadencia y nostalgia de tiempos mejores.

Con muchos proyectos en mente, pero pocos en ejecución verdadera, la capital de la Macedonia griega vive con desazón estos días la cancelación de su Feria Internacional (TIF) debido a la pandemia. Un golpetazo para la economía de la urbe que se estima en unos 150 millones de euros que no veremos por aquí. No se paraba el evento desde 1950 (consecuencia de la Segunda Guerra Mundial) y a Alemania, el país invitado de honor, no le ha quedado otra que decir que a ver qué se le va a hacer, claro.

Aparte del TIF, ayer nos dijeron que se cierran los bares y discotecas a medianoche durante doce días, a ver si así el personal se da por aludido en el tema de las mascarillas. De momento, lo que se ha pergeñado en los garitos es abrir antes. A las siete todos con el cubata en la mano y que nos quiten lo bailao, coronavirus mediante.

Por cerrar las novedades en la orilla del pesimismo, los hoteles se persignan cara al futuro, toda vez que ven esfumarse la temporada y el gran evento comercial. Con Halkidiki al 25% de ocupación y la juerga peor considerada que ser bandolero, me dirás tú. La otra gran preocupación es acerca de si se va a comenzar el curso universitario y qué va a pasar con los estudiantes extranjeros que se supone que tienen que venir de Erasmus.

Como no todo va a ser malo, han empezado las obras de reforma del mercado Modiano. De momento, los trabajos de limpieza y, después, lo gordo. Se espera que esté terminado y rechulón para finales de 2021 o principios de 2022. Hoy me he dado un paseo por la parte operativa, porque tengo grandes planes para reducir el precio de mi lista de la compra tirando de mercados y producto local. Pero de lo caro que es comprar en el Massoutis y el Sklavenitis ya hablamos otro día.

El mercado Modiano es principalmente cubierto y la idea es dejarlo en línea con la tendencia actual de mezclar puestos y restauración, con rollito gourmet de por medio. No sé cómo quedará al final, pero las imágenes del proyecto tienen buena pinta:

Igual cuando lo terminen nos cuesta una pechuga de pollo 14 euros, parakaló. Pero, sobre el papel, mola. De otra cosa no podrá presumir Thessaloniki, pero de esfuerzos en el centro, sí. Ya un día, si eso, mejoran el pavimento de Ano Poli o borran una de las 400.000 pintadas, pero eso es otro tema.

El nombre del mercado, así por la tangente, viene de una familia judía de relumbrón y es más bien la denominación popular porque, en realidad, en 1925 cuando se terminó de edificar, lo que pusieron en el frontal fue algo así como “mercado central” y se echaron la siesta tras el esfuerzo en el proceso creativo. El edificio principal no se utiliza y la mayoría de puestos han cerrado, pero en general es una zona que tiene vida alrededor y muy chula para darse un paseo. Si te gustan los mercados, el producto fresco y los vendedores gritones. Si no, pues no se qué haces que no estás leyendo la Cosmopolitan, risión.

He disfrutado de una mañana muy tranquila hoy. Mercado, freddo capuchino del Coffee Island –me krema ke kanela, obviamente- y pasta al ragú para comer en la mejor compañía. Cosas así son las que merecen la pena, la verdad. No hay Instagram que te lo mejore.