Instagram sin filtros, la historia mejor contada

Cuenta Sarah Frier en «Sin filtro: la historia secreta de Instagram«, que Mark Zuckerberg -el omnipotente CEO de Facebook- quedó tan afectado por haber perdido una partida de Scrabble «con la hija adolescente de un amigo», que diseñó él mismo un programa que le mostrase todas las combinaciones de palabras posibles que usar con sus letras en el juego.

Es un libro que merece realmente la pena si te interesan saber más de cómo funciona por dentro el mundo del desarrollo de aplicaciones, la tecnología y Silicon Valley. Un compendio de egos y traiciones que casaría bien en los viñedos de Angela Channing, la mala, malísima de Falcon Crest. Una serie que igual vosotros no recordáis, pero que yo veía con mi abuela de pequeño.

Kevin Systrom, uno de los cofundadores de Instagram, que acabaría abandonando la empresa años después de la compra por parte de Facebook, quería en principio hacer una aplicación para frikis del Bourbon. Después, aquello evolucionó y terminó convirtiéndose en otro proyecto diferente hasta que, el 16 de julio de 2010, se publicó «la primera foto publicada en la aplicación que se convertiría en Instagram», expone Frier con excelente habilidad narrativa.

Mostrar la belleza en el mundo

Lo más interesante es que, aunque Systrom tenía unos objetivos más o menos idealistas -y algo pretenciosos- para Instagram, en plan «mostrar la belleza en el mundo», la dinámica empresarial y, también la de los propios usuarios, terminó proponiendo un destino bien diferente. Así lo explica la periodista de Bloomberg en su libro:

«[…] los filtros, usados en masa, darían a los instagrameros carta blanca para que presentaran su realidad más interesante y hermosa de lo que realmente era. Eso fue justo lo que consiguió que el producto se hiciera popular».

«Sin filtro: la historia secreta de Instagram«, de Sarah Frier.

El comportamiento de los usuarios y la influencia de Facebook es lo que terminó moldeando Instagram hasta convertirse en lo que es hoy. Sea eso lo que sea. Hay pasajes muy seductores en el libro, como el proceso que lleva a la división encargada de la app -capitaneada por el propio Systrom y que disfrutaba de cierta independencia- a desarrollar las Instagram Stories, para neutralizar la amenaza de Snapchat.

Aparece también el concepto de «canibalización», como uno de los mayores miedos en Facebook. El hecho de que el desarrollo innovador de una app se coma a otra. O el pánico a que la ausencia de novedades relevantes termine llevando el producto a la obsolescencia absoluta (el efecto Myspace).

Influencers de fuera e influencers de dentro

Asimismo se ve reflejada la aparición de los influencers. Si bien Systrom realizó una potente campaña en un inicio para atraer artistas y diseñadores a usar Instagram -que incluso aportaron los primeros filtros-, fueron los famosos los que le dieron el espaldarazo definitivo hasta que la app fue «tan fuerte y valiosa que ni los anuncios ni otras molestias» asustan a los usuarios y, ya entonces sí, se puede pensar en la monetización.

Es llamativo cómo el libro plasma la convivencia de los influencers famosos previamente, y los que se crearon en la propia red social. Gente que descubre cómo aumenta su popularidad y sus ingresos gracias a la app y crean una auténtica estructura, vamos a decir creativa, en torno a su presencia en Instagram.

«Antes de ir a un país, buscan las mejores localizaciones para las fotos, investigan en las cuentas de Instagram de fotógrafos locales y buscan poses que no se hayan fotografiado antes», detalla Frier sobre una pareja de jóvenes influyentes que descubrieron que las imágenes que publicaban tenían tirón durante su luna de miel.

You are fake news

Por si fuera, poco «Sin filtro», trata la aparición del debate sobre las noticias falsas y la espiral de odio que ahora, por fin, Facebook parece al menos tímidamente decidida a atajar. «Recompensar el contenido que alimentaba las emociones de los usuarios ayudó a crear toda una industria alrededor de las noticias falsas», considera Frier que realiza también una acertada reflexión:

«Las redes sociales no solo son un reflejo de la naturaleza humana. Son una fuerza que define la naturaleza humana a través de incentivos integrados en el diseño de los productos».

«Sin filtro: la historia secreta de Instagram«, de Sarah Frier.

Si estáis sin lectura estos días, y os interesa la tecnología y el proceso creativo y empresarial en Silicon Valley, os recomiendo que os hagáis con este repaso periodístico al nacimiento y ascenso de Instagram.

Substack y el debate no tan novedoso sobre las newsletters.

Está dando mucho que hablar un artículo publicado en el Columbia Journal Review sobre Substack, el servicio de publicación de newsletters que permite a los usuarios implementar membresías de pago.

Una vía de salida para periodistas independientes, especialmente en Estados Unidos, donde también escasea el empleo en las redacciones. Las newsletters se han convertido en una fórmula que puede servir como ingresos extra o incluso como modo de vida completo, gracias a las aportaciones de suscriptores interesados en los contenidos.

Periodistas que cambian de tercio: de los medios a Substack

Hay varios ejemplos relevantes en el periodismo tecnológico y político e incluso algunos boletines convertidos en medios de comunicación de relevancia, como Axios, The Skim o Morning Brew. En realidad, lo que han hecho los tres fundadores de Substack es establecer una plataforma tecnológica que permite a quienes escriben decidir entre distribuir gratuitamente su contenido o proteger todo o parte de él bajo un acceso privilegiado.

Esto, a cambio de una comisión, claro. Recuerda un poco a Medium, aunque el modelo de distribución del contenido y de los ingresos me parece algo más logrado. Bien es cierto que muchos de los substackers no han conseguido que esta sea su principal fuente de ingresos, pero al menos se asemeja a un avance que permite que el esfuerzo de crear un contenido de valor se vea un poco mejor remunerado. Y eso, siendo aún escéptico respecto al modelo de suscripciones, por aquello de la saturación de la oferta, principalmente.

La crítica que hace el CJR a Substack viene precisamente por el lado de la consecución de ingresos. Los mejor pagados se han trasladado a la plataforma después de disfrutar del paraguas de los medios y sus audiencias para darse a conocer y también, considera, existe un sesgo en favor de periodistas blancos y conservadores. ¿Es Substack una plataforma tecnológica o un medio encubierto?, parece decir el perfil que firma Clio Chang.

En un caso y en otro, mi principal pega es que dependes de otros que, a su vez, dependen del capital de los inversores. Si se seca el manantial, se acabó tu puesto de redactor, pero también tu proyecto emprendedor en casa ajena. Es la parte que más me gusta de tener mi blog en un dominio propio, aunque la monetización de este espacio esté lejos de ser un hecho.

Opinión de parte

Como decía al principio, el texto de CJR ha suscitado algunas reacciones encendidas, entre ellas la del periodista tecnológico Ben Thomson, que precisamente obtiene sus ingresos de su conocida newsletter, Stratechery. Thompson considera poco sorprendente que en Columbia no haya pasión por Substack y aconseja a los dueños de esta última el «tener cuidado con personajes que representan a las industrias que están alterando».

Claro que, aunque todo esto nos parece novedoso, en realidad no es más que otro ciclo de la historia repitiéndose.

Buzzfeed se queda con el Huffpost

La sobrada del día es que Buzzfeed va a comprar el HuffPost, que ahora mismo pertenece a Verizon. La fusión se va a hacer mediante un acuerdo de intercambio de acciones por el Verizon obtendrá también una participación minoritaria en el medio que dirige Jonah Peretti.

La asociación entre los dos medios virales no significa, sin embargo, que uno de ellos desaparezca. Ambos continuarán publicando de forma independiente y cada uno mantendrá sus respectivas plantillas, aunque probablemente el Huffpost tendrá a alguien nuevo al frente de la redacción.

Lo que si harán juntos Buzzfeed y el Huffpost es sindicar contenido el uno del otro y compartir estrategias publicitarias.

Ambos medios han hecho frente a similares vicisitudes en los últimos años -recuerden aquello que se llamó la crisis de la prensa millenial-, aunque parece que ahora empiezan a remontar algo el rumbo tras cerrar algunas de sus ediciones fuera de Estados Unidos.

Peretti, por cierto, formó parte del equipo fundador del Huffintong Post antes de lanzarse a crear Buzzfeed.

Newsletters

Con 40 años ya cumplidos, Casey Newton deja The Verge para montar su propia newsletter de pago en Substack, que se va a llamar Platformer. Llevaba cubriendo la industria tecnológica en la publicación desde 2013.

Newton se muestra escéptico sobre el futuro de la industria publicitaria como fuente de ingresos para los medios y razona que, si consigue 1.000 personas dispuestas a pagar 10$/mes, ya con eso va a tener mejor salario que la mayoría de periodistas en Estados Unidos.

También es una buena forma de recuperar el viejo espíritu bloguero, sin depender de Adsense o de los odiosos enlaces de afiliado, y conseguir unos ingresos sin complicarte mucho la vida con hostings y dominios. Si algo hacen bien las plataformas de alojamiento de newsletters es
ponértelo muy fácil para empezar y mantenerte allí.

No es el único periodista o columnista que prueba suerte alcanzando a los lectores por email. Lo cuenta el NYT en este artículo, que firma Mark Tracy, acerca de profesionales que se lanzan al formato para montárselo por su cuenta, después de alcanzar relevancia en otros medios de comunicación.

A mí es un formato que me gusta. Cada vez leo más newsletters y me fijo en lo que publican y seleccionan determinadas personas que considero informadas en una materia de mi interés. Resulta mucho más sano mentalmente que adentrarse en las homepages de los medios o que recibir una avalancha de feeds que, en numerosas ocasiones, te envían los mismos contenidos regurgitados de diferente manera. Ya no os digo nada de meterse en el scrolling infinito de las redes sociales.

«I think you’re going to see more writers finding out that they’re wasting their time on Twitter. Once they have enough Twitter followers, they might have some new opportunities open to them».

Casey Newton en una entrevista en One Zero.

Hacerse con una base de suscriptores dispuestos a pagar por lo que escribes, anticipo que no es nada fácil; pero imagino que en términos de ingresos puede resultar más justo, si funciona, y que además te proporciona más libertad para concentrarte en elaborar mejores contenidos y más de tu agrado.

Incluso algunos de estos boletines, en principio individuales o cosa de un colectivo pequeño, crecen y evolucionan hasta cristalizar en nuevas publicaciones o contratar más personal para ampliar y mejorar sus propuestas informativas.

A saber si es el futuro, pero sí que empieza a ser el presente.

El vídeo y el futuro

G/O, la propietaria de, entre otros, Deadspin, Jezebel, Kotaku o The Onion, despidió el pasado viernes a 15 empleados de su departamento de vídeo. Simplemente, van a usar el dinero para otras áreas que ahora mismo les parece que merecen más los recursos.

En Twitter, los comentarios de indignación no se han hecho esperar. Algunos, claro, de los propios afectados. En abril ya hubo 14 despidos justificados por la situación con el coronavirus y el consiguiente descenso de la inversión publicitaria.


Curioso que sea el departamento de vídeo el que ponga los desempleados porque hay sitios más interesantes en los que invertir el dinero. Hasta hace nada nos han venido diciendo en todas partes que el vídeo era el futuro de la comunicación y los medios y que ya nadie leía nada que fuese más largo de 300 palabras.

Esto último, por cierto, yo creo que es cuestión de dispositivos. En el portátil o el móvil cuesta leer un artículo extenso, pero la experiencia mejora en la tablet o, sobre todo, en el libro electrónico. ¿Sabéis que he echado de menos últimamente? El periódico y la revista de papel, por aquello de que te permiten leer un producto ya cerrado en el que puedes poner tu atención sin ir de un enlace a otro, ni distraerte con lo que ha hecho el gato de la vecina. Me da la sensación de que cuando leíamos la prensa diaria de cabo a rabo en un rato acabábamos mejor informados que en la era de la atención descontrolada.

En Grecia no me da aún el idioma como para comprar el Kathimerini o el Parallaxi y apretármelos más allá del titular; ni tampoco me pongo a comprar libros de papel, porque los libros de papel son la muestra clara de que el saber ocupa que te cagas, y que no hay emigrante que resista cargar con ellos. Pero lo de los libros es otro cantar diferente. Ya hemos comentado por aquí algo.

Al New York Times ya no le da miedo Buzzfeed

Lo ha resumido muy bien Peter Kafka en Twitter: «Recordatorio indispensable de que, cuando Buzzfeed publicó el informe sobre innovación del NYT de 2014, el NYT estaba acojonado ante Buzzfeed y los de su clase. Ahora los digitales están estancados y el NYT ficha a sus estrellas«.

Durante la semana de vacaciones de Navidad, el director ejecutivo del New York Times, Dean Baquet, se llevó a comer al redactor jefe de la división de noticias de Buzzfeed, Ben Smith, a un garito de Manhattan. De ese encuentro ha salido el movimiento periodístico del que todos hablan esta semana en la prensa de Estados Unidos: a partir del 2 de marzo, Smith escribirá una columna sobre medios de comunicación en el Times.

Smith, que ha estado ocho años en Buzzfeed News y ha conseguido allí que la publicación arrimase el hocico a los Pulitzer y se despegase algo de la imagen de gatitos y quizzes, es un periodista hábil en el manejo de fuentes y tenaz a la hora de conseguir buenas historias. En el NYT sustituirá a Jim Rutenberg -dedicado ahora al formato largo- y se queda con la columna que en su día escribía el legendario David Carr, fallecido en 2015.

El año pasado fue el de los despidos en los nuevos medios digitales. Buzzfeed, Vice o Mashable se tambalearon y tuvieron que hacer recortes de plantilla para hacer viables sus negocios. En el caso de Buzzfeed, la sección de noticias serias continúa siendo deficitaria, pese a que Jonah Peretti exponga que la compañía en su conjunto goza de buena salud.

Mientras, el NYT sigue creciendo y construyendo lo que cada vez tiene más pinta de modelo de negocio consolidado. Para el resto, la cosa no está tan clara. Esta misma semana Berkshire Hathaway, el fondo de inversión de Warren Buffett, se ha deshecho de su conglomerado de periódicos locales porque «el oráculo de Omaha» cree que la prensa, en su mayoría, no tiene futuro.