No te leas todo el contenido. Sáltate lo que quieras.

Quizá esto os ayude a lidiar con la economía de la atención, la ansiedad, el FOMO y todas esas cosas. Os han mentido toda la vida: las obras culturales, eso que ahora llamamos “contenidos”, no se consumen de forma lineal.

Con la excepción de algunas novelas de ficción (nah, qué va… También esas), el resto de trabajos que forman parte de esa brutal avalancha de canciones, películas, libros, etc. que sufrimos hoy en día, se pueden consumir total y absolutamente como os dé la gana. Estáis en vuestro derecho.

Ten claro lo que quieres

Habrá quién os diga que es el creador quien dicta cómo ha de consumirse su producto o de qué forma escuchar tal o cual conferencia. No es cierto. Sois vosotros quienes tenéis que hacer el esfuerzo necesario de no hacer esfuerzos innecesarios, ni para trabajar, ni para divertiros.

¿Alguna vez os han recomendado una serie añadiendo que “lo bueno” empieza, por ejemplo en la segunda temporada? Bien, pues saltaos lo malo. Pasad de la primera tanda de episodios. Haced lo mismo con canciones que os gusten. Escuchad sólo los fragmentos que os interesen. Y con los vídeos de Youtube, igual.

Si tenéis necesidad de resolver una duda, escoged el libro o el documental que puede ayudaros a resolverla e id directamente a la parte que os interesa. El índice es vuestro amigo. Si lo que queréis es divertiros, escoged en función de la sipnosis y, bueno, saltaos las partes que os aburran.

Ahora, Netflix permite reproducir a 1.25x o a 1.5x. Hay a quien no le gusta. Bueno, yo me he dormido muchas veces viendo una serie o una película durante unos minutos y, no he sentido necesidad de volver atrás. Me he puesto al día enseguida. Tampoco tengáis miedo de abandonar a la mitad o de ir directamente al final.

Móntate tú la película

Este artículo de @theseamedpencil señala que los nuevos ensayos están llenos de “ejemplos repetitivos, historias relacionadas (y no del todo necesarias) y cuestiones personales excesivamente detalladas.” Muchos son, simplemente, extensiones exageradas de artículos de prensa.

Lo mismo ocurre con las películas. Decenas de blockbusters de dos horas y media en los que al menos una hora es puro relleno para contentar a quienes sólo ven justificado el precio que pagan en función de la extensión del documento. Sáltate sin piedad escenas. Sé el editor de tu película favorita.

¿Sabéis aquello de “muévete rápido y rompe cosas”? Aplicadlo a vuestro consumo cultural. Cuando algo os guste mucho, disfrutadlo entero. Si únicamente estáis de paso, que no os dé vergüenza ver/leer/escuchar cinco minutos y a otra cosa. El tiempo es limitado, el contenido, no.

Lo mismo con las noticias. Cuando no te queda más remedio que leer la prensa, escanea sin miedo. Si encuentras una pieza deliciosa, disfrútala. Si es una información que únicamente te interesa superficialmente, busca los datos relevantes. El periódico también está lleno de paja.

Es posible que oigas una voz dentro de ti: es tu conciencia. Está programada para hacerte sentir culpable por saltarte parte del contenido. Pasa de ella.

Igual podría llamar a esto “movimiento flash forward” y hacer tazas existencialistas.

Por cierto ¿Has leído este post de principio a fin? Espero que lo hayas disfrutado. Si no, haber empezado por el final o haberte quedado en el título: no consumas contenido linealmente.

Desobedecer a la economía de la atención

Si hay un término en el mundo del entretenimiento que se ha popularizado como ningún otro es el de la “economía de la atención“. Con él nos referimos a un ámbito competitivo en el que, dado que nuestro tiempo de ocio responde a un juego de suma cero, la oferta de actividades recreativas y contenidos, casi infinita, intenta hacerse con al menos un retazo de nuestras vidas. En definitiva, que no podemos hacerle caso a todo y nos toca priorizar unas opciones frente a otras.

El exceso de oferta genera ese efecto de ansiedad que se conoce en el mundo anglosajón como FOMO (Fear of missing out): el miedo a perderse algo. Y es que si ahora que termina 2020 nos ponemos a escudriñar en las listas de lo mejor del año, descubriremos que, en realidad, es imposible que no nos perdamos casi todo.

Frente a eso que yo llamo bulimia audiovisual -aunque podríamos extenderlo a las redes sociales, el fitness, los libros, los medios de comunicación; la música o cualquier otro sector del tiempo libre-, me viene bien lo que Jennie Odell propone en su libro “How to do nothing”, casi como un acto de resistencia.

“Desobediencia civil en la economía de la atención significa retirar esa atención […] e invertirla en otra parte, para agrandarla y multiplicarla, para mejorar su agudeza”.

Jenny Odell. “How to do nothing: Resisting the Attention Economy“.

Hay veces que es conveniente refocalizar nuestra atención. En los últimos meses trato de informarme con menos fuentes, pero mejores. De seleccionar mejor lo que veo, lo que escucho y donde voy o no con mejor criterio. Y mejor criterio significa no sólo buscar la calidad, sino descubrir también que es lo que me gusta y me interesa de verdad. Porque nos pasamos la vida intentando encajar lo que pensamos que debería ser en lo que es. Y la cosa va al revés.

Si algo he aprendido en 2020, es a descartar en todos los ámbitos. Y a apreciar más lo que se queda. Lo que se tiene que quedar.

Dice Odell en su libro que, “en el corto plazo, las distracciones nos pueden apartar de hacer las cosas que queremos hacer. En el largo plazo, en cambio, pueden acumularse y apartarnos de vivir las vidas que queremos vivir, o, incluso peor, socavar nuestras capacidades para reflexionar y autocontrolarnos, haciendo más difícil, en palabras de Harry Frankfurt, <<querer lo que queremos querer>>”.

El exceso brutal de opciones paraliza. Cada vez tengo más claro que reducir esas opciones es, no sólo una fórmula mágica para satisfacer mejor nuestras necesidades, sino también una cuestión de salud mental.

También es importante encontrar puntos de interés comunes con las personas que tenemos cerca. Y si no, siempre podemos hablar del tiempo.

“El hecho de que hablar del tiempo sea un cliché para iniciar una charla trivial, es en realidad un intenso recordatorio de esto, dado que el tiempo metereológico es una de las únicas cosas a las que todos sabemos que cualquier otra persona debe también prestar atención”.

Jenny Odell. “How to do nothing: Resisting the Attention Economy“.

Estar muy ocupado no da puntos (tampoco estar agotado)


“Puntos por una priorización exitosa. Puntos por eficiencia y productividad. Punto por hacer un trabajo que importe”.


“No hay puntos para estar ocupado”.

Esto es de Seth Godin en su blog. Tampoco da puntos el trabajar hasta la extenuación.

Por cierto: dormir poco nos hace ser menos productivos y daña nuestras relaciones laborales.