Vivir tranquilo, en tiempos convulsos, es tener un balcón

Me gusta vivir tranquilo y sin preocupaciones; necesito poco. Uno de mis mayores placeres en esta vida es levantarme por la mañana, no muy tarde, y leer la prensa con un café, en silencio.

Es un momento irrepetible en el día, y me ayuda a empezar con energía. En Grecia, hasta tengo el lujo de tener un balcón. En España ahora te hacen las casas sin balcones. Lo mismo, para que no aplaudas a quien no debes.

No aspiro a nada, ni codicio nada; mi único deseo es vivir tranquilo; mi único placer consiste en no ser molestado“, decía Kamo No Chomei en sus notas desde la cabaña de monje que se construyó en plena foresta. Todo un lujo, llevar una vida tranquila y sencilla, sin que te interrumpan las notificaciones.

Pese a vivir en el siglo XII, el japonés ya sabía bastante de cómo iba a ir la pandemia en el XXI. “Yo creí que se volverían más piadosos” -escribió sobre los hombres de su época- “pero los días y los meses pasaron y, ahora, después de algunos años, ya no se habla más de todo aquello”. Tampoco nosotros nos hemos vuelto mejores, pese a las promesas de marzo. Posiblemente, tampoco peores.

Se puede ser feliz con poco, estoy convencido. Lo cual no es lo mismo que esa visión bucólica del pobre feliz. Igual habría que decir que se puede ser feliz con lo que hace falta, que es más la compañía de los tuyos y menos los objetos de los que alardear. “Miserable polvo”, si hacemos caso al poeta japonés.

Si algo podemos apreciar después de este confinamiento, que parece no acabarse nunca, es que poco hay más valioso que el simple hecho de salir a la calle. El mero contacto con el aire de fuera. Mi balcón da a un patio interno, pero es amplio y soleado. La vista es destartalada, hay dejadez en la parte baja y, sin embargo, excelso esmero en los estrechos huertos y jardines a la derecha, que algunos vecinos se afanan en cuidar y que ahora lucen adornos de Navidad.

Los hermosos paisajes no tienen dueño, de modo que nada puede impedirnos deleitarnos con ellos“.

Kamo Na Chomei. “Notas desde mi cabaña de monje”.

Nadie resumió mejor cómo ser feliz que la poetisa Mary Oliver. Nos dejó las instrucciones y todo: “pon atención, asómbrate y cuéntalo”. Schopenhauer, que era más pragmático, se centraba en que el noventa por ciento de nuestra felicidad depende de la salud. Me gusta sentarme en mi balcón por las mañanas y pensar que tengo un poco de ambos. Contemplo el granado, que ya ha perdido las hojas, y me alejo un rato de nuestro modelo de ocio y de trabajo actual, que invita a la ansiedad.

Vivir tranquilo en tiempos convulsos es, sin duda, tener un balcón.

El impacto de la nueva comunidad siria en Alemania

Los sirios se han convertido en la mayor comunidad musulmana en Alemania después de los turcos. Si en 2010 eran alrededor de 30.000, ahora mismo la población con ese origen ha llegado ya casi a 800.000 ciudadanos, la mayoría refugiados de la guerra civil que vive el país desde hace años.

“Después de casi nueve años de guerra civil, la situación en Siria es desastrosa, especialmente en las regiones cercanas a Idlib y Aleppo, con los combates todavía en curso. Los observadores internacionales alertan de una hambruna catastrófica, y Siria está sufriendo una crisis económica masiva que se ve ahora exacerbada por las consecuencias de la pandemia”

Lo estaba leyendo en un reportaje en Der Spiegel, que comenta que muchos sirios llevan ya tanto tiempo en Alemania que podrán obtener la residencia permanente si demuestran estar bien integrados en la sociedad germana. Dejarán además de ser considerados refugiados.

Un dato: entre 2015 y 2018, las mujeres sirias han dado a luz a 65.000 bebés en Alemania. Está bien leer el reportaje para ver varios ejemplos de cómo estas personas tratan de abrirse un hueco en el centro de la UE y continuar con sus vidas con el recuerdo de la guerra en mente.

Vía Der Spiegel.

La difícil economía romántica

“Salir con alguien es difícil. Caro. Requiere mucha preparación. Incertidumbre. Toma de riesgos. Profundamente. Con frecuencia implica drama. Necesita autoconsciencia. Requiere labia. Necesita negociaciones no verbales y construcción de confianza. Necesita ajustar valoraciones y expectativas. Funciona mejor en redes humanas extendidas. Implica aplazar la gratificación. Supone una importante inversión inicial con un rendimiento incierto. Y tiene una alta tasa de fracaso.

Ya sabes, perfecto para la sociedad actual.”

Un comentario de un tal McMike que me ha parecido bastante significativo al hilo de este post de Tyler Cowen en el que destaca un fragmento de este otro artículo del Washington Post sobre gente joven soltera en Estados Unidos.

Aparte de que el mercado siempre haya estado regulero, mucho también tendrá que ver igual esta sociedad de la permanente insatisfacción y la ansiedad por exceso de opciones que estamos construyendo.

Sexualidad femenina


“No creo que en este momento haya una mercancía con un mercado más extenso que la sexualidad femenina. Hay más paginas en la prensa dedicadas a la sexualidad femenina que a nada. Dudo mucho que una agencia de publicidad pudiera subsistir si no fuera explotando sexualmente a las mujeres. O dicho de una manera todavía más concentrada: el sexo se ha convertido en una obsesión, tanto para la derecha como para la izquierda.”

Félix de Azúa (Entrevista en El Confidencial. 15-02-2019

Félix de Azúa habla sobre el sexo como mercancía y el feminismo al final de esta entrevista en El Confidencial. Los comentarios que hace sobre política me interesan más bien poco, pero lo que dice sobre la historia del arte y las vanguardias da para una buena conversación.

Sobre el Guernica y Picasso, lo que me ha recordado es el más que recomendable documental sobre el escultor polaco Szukalski –en Netflix– y los comentarios que hacía este sobre el malagueño. Picasshole, le llamaba.

El mercado del sexo


“[…]El sexo se ha convertido en un mercado hipereficiente y desregulado, y, como cualquier mercado hipereficiente y desregulado, con frecuencia hace que la gente se sienta muy mal”.

jia talentino. the new yorker. 15-05-2018.

Un oscuro descenso a las cloacas de Internet para hablar de “la rabia de los Incel” (célibes involuntarios) en The New Yorker.

En el Institute for Family Studies (IFS), sin embargo, esgrimen que este “movimiento” que proclama estarse quedando fuera de las relaciones sexuales porque las mujeres les desestiman como candidatos, está equivocado en sus razonamientos. ¿Hay un 20% de hombres que practican el 80% de las relaciones sexuales (un Pareto en toda regla) mientras que el resto se quedan a verlas venir? Va a ser que no se sostiene mucho el argumento.

Los americanos tampoco encuentran pareja (o tampoco la quieren)

Cerca de la mitad de los estadounidenses entre los 18 y los 34 años – el 51%- contestaron que no tienen una pareja estable, de acuerdo con una encuesta publicada esta semana. Esa cifra de 2018 es significativamente superior al 33% reflejado en 2004 -la más baja desde que la pregunta se hizo por vez primera en 1986- y un poco mayor que el 45% de 2016.

Washington post – lisa bonos and emily guskin

El artículo completo, con más datos, en el Washington Post. Este tema, junto con el de los japoneses que no tienen sexo, está ahora muy de moda en los medios. Curioso cuanto menos, en pleno auge de las aplicaciones de buscar pareja y en medio de una hipersexualización casi absoluta de todo. Y vamos a ver mucho más contenido de este tipo a medida que se acentúen los estudios para perfilar a la Generación Z y posteriores. Cuando se pase de moda meterse con los miléniales, vamos.