Trabajar cuatro días a la semana

Andrew Yang, que se presentó como candidato en las últimas primarias demócratas, propuso en mayo la implantación de una jornada laboral de cuatro horas para ayudar al descanso y a mejorar la salud mental de los trabajadores estadounidenses.

Ahora, en una entrevista con Business Insider, Yang incide en que esa mejora podría ser más necesaria que nunca para escapar de la “rueda de hámster” en la que vivimos con el objeto único de engrasar la maquinaria del capitalismo.

Otros beneficios reportados de la jornada laboral de cuatro días: mejora la cohesión de los equipos de trabajo, reduce los niveles de estrés y aumenta la creatividad. En el artículo se menciona también a países como Nueva Zelanda o Finlandia, que han mostrado su interés en avanzar en esta iniciativa que podría revolucionar el mundo del empleo.

Cada sector tiene sus circunstancias y seguro que en unos es más fácil que en otros implantar una semana laboral de cuatro días, pero el principal obstáculo sea probablemente de mentalidad. De convencer a muchos empresarios de que pagan por un trabajo realizado, no por tener a una persona atada a una silla durante equis tiempo.

En los últimos años han salido bastantes libros interesantes con ideas para empezar a apartar el mundo laboral del centro de nuestras vidas. Se me ocurren ahora “Utopía para realistas”, de Rutger Bregman, en el que menciona que muchos trabajos son, en realidad, innecesarios; y “El rechazo del trabajo“, de David Frayne, sobre personas que han decidido hacer un esfuerzo para trabajar menos y dedicar más tiempo a lo que verdaderamente les interesa, que bien puede ser más estimulante y productivo en según qué casos. También está “No tengo tiempo”, de Jorge Moruno.

Cambiando un poco de tercio, muchos se mostraban convencidos de que el teletrabajo se acabará cuando se acabe el virus y yo no lo tengo tan claro. Con una mentalidad abierta, puede ser una fuente de ahorro y productividad estupenda para muchas empresas y es una tremenda ayuda a la conciliación. Yo lo había probado hace unos años pero sin combinarlo con una jornada de ocho horas y punto pelota. Ahora mismo, no lo cambiaba por nada. El ahorro en tiempo y en transporte es una pasada y no me parece que se pierda la socialización en el entorno laboral puesto que, mientras se mantengan abiertos canales de comunicación a diario, siempre se puede organizar una quedada de compañeros de trabajo algún día después de la jornada, por ejemplo.

¿Qué haríais con un fin de semana de tres días?