Estamos todos cuarentenosos

El término se lo he cogido a los de “La vida moderna“. Yo en realidad venía aquí a contar que he hecho un cambio importante en mi vida, que llevo una semana viviendo en Grecia, en Thessalonikki, y que me encanta pasar los días en una ciudad con mar. Porque soy de esa gente que escribe y a la que le encanta hablar de su libro; figurativamente hablando, ya que paso de escribir nada más largo de un post de mil palabras en estos tiempos en los que te publica un manual de epidemiología hasta el más tolay de la fiesta.

Habrá tiempo de contar sobre mi nuevo hogar -para un periodo medianamente largo, espero-, sobre el trabajo, las decenas de bares chulos, los perros callejeros que deambulan por la city y sobre la gente nueva que voy conociendo día a día. Pero, de momento, lo mejor es simplemente desearos que os cuidéis los unos a los otros, que cuidéis también de nuestra España querida y que aguantéis estos días de reclusión para salir luego con más fuerza si cabe. Habrá mucho que reflexionar después de estas semanas de gripe que era como una gripe pero no es una gripe.

Por si os lo preguntábais -y si no da igual, porque este es mi blog y aquí digo yo de lo que se habla como Dios está mandao- en Grecia están todos los bares y restaurantes cerrados desde ayer sábado. Tan sólo resisten los take away y algún kebab furtivo. Aunque los casos de infección son, hasta ahora, muchos menos que en España o en Italia, el gobierno griego trata de aprender de los errores de sus compañeros mediterráneos y ha comenzado a implementar desde ya las medidas necesarias para intentar contener esta epidemia de película de Hollywood. Ni teatros, ni cines, ni museos, ni universidades hasta nueva orden. Ojalá pase todo pronto. Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera.

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