Mocktails y naranjas

Hace un año y medio que decidí que ya no me apetecía beber alcohol y en esas sigo. Lo difícil que es a veces encontrar alternativas ya os lo digo yo, que me apreté ayer dos zumos de naranja en un bar tesalonicense. Más que nada porque acaba uno un poco harto de la alternancia entre cervezas SIN -cómo te miss yu, tostada 0,0 de Mahou- y coca colas zero, que es el menú básico a escoger si no quieres acabar tomándote un té a la una de la mañana en una terraza.

Aquí en Thessaloniki a veces también pruebo los mocktails (cócteles sin alcohol), pero no te quitan menos de seis euros por uno, eso ya os lo digo. Tampoco es que me apasione la cosa, porque un mojito que en realidad no es un mojito pues ya me dirás tú. Carne vegana de esa.

Sé de lo que hablo porque probé la carne de pollo vegana -hecha con soja y no con pollo- en un congreso hostelero. Está conseguida, la verdad, en imagen y gusto. No sólo eso, sino que el otro día saboreé también el embutido vegano en un sándwich club, porque había un prosforá -AKA descuento- en Efood que no se podía dejar pasar por alto. Con buenos resultados. Estaba rico y todo. Lo cual es tremendo de inquietante porque yo soy super heteronormativo en lo del comer carne. Un titán de la proteína animal. Y miren.

Y, ya que hablaba antes de naranjas…

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