Normalidades

El teletrabajo tiene la ventaja de que un buen día se te ocurre dejar puesta la lavadora, esta tiene una fuga y ahí andas tú, con un ojo en el ordenador y otro en la fregona. Con el agua cortá, la falda arremangá y a la espera del técnico para ya si eso un día.

Y eso que la jornada ha empezado bien, porque he desayunado con pitahaya, los perros del vecino no están dando mucho la lata -bendiciones del calor- y Grecia está entre el aletargamiento estival y la apertura de nuevo al mundo a toda leche porque TURISMO.

Hemos ido de exóticos por la vida esta mañana

La nueva normalidad no dista mucho de la vieja en Grecia. La preocupación por el virus es relativa debido a la incidencia no tan pronunciada como en otros países y eso se nota en las prisas por recuperar los viejos hábitos. Mientras, yo voy pergeñando como mejorar mis hábitos de compra en una ciudad en la que los supermercados son ridículamente caros en comparación con España. La opción es empezar a otear en los mercados del centro. Mucho producto local y chequear precios aquí y allá. A ver, que lo de la pitahaya no ha sido cosa mía ¿Eh?

Y me voy haciendo a este zoo de perros y gatos sueltos que es mi barrio, no creáis. Si me lo cuentas hace cuatro meses te digo que estás turulato. Adaptado casi del todo a la flora y la fauna local estoy. Menos a los mosquitos. Esos nos tienen acribillados.

Por fortuna he empezado a practicar yoga para relajarme de tanto picotazo… Pero eso os lo cuento en otro post, que este es sólo de calentamiento.

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