Comidas preparadas y casas sin cocina

Hace tiempo escuché una entrevista -no recuerdo el enlace, para variar- a unos emprendedores del sector del delivery que proyectaban un futuro en el que la gente pediría comida a domicilio al menos cuatro veces a la semana. Esa, explicaban, era la condición irrenunciable para que el tinglado fuese rentable a largo plazo. Cocinas fantasma incluidas, imagino.

En aquel momento, se hablaba incluso de construir pisos sin cocina; tales eran las perspectivas de negocio. Aún no había llegado la pandemia del COVID a nuestras vidas sologripistas y me pareció que el objetivo era exagerado. Yo no hacía tanto que había perdido un montón de peso entregándome a la alimentación sana, y mis costumbres incluían pedir una pizza o comer en un Burger King un par de veces al mes, como mucho. También porque me parecía una bonita forma de tirar tu economía por la borda en comida sabrosa pero insustancial.

Un par de años después de aquella entrevista, en cambio, mi perspectiva ha cambiado. En este tiempo -principalmente desde que llegué a Grecia-, he conocido a personas de muchos países que tiran de delivery con frecuencia o, directamente, comen regularmente gracias a él. No solo incluyo aquí las apps que te llevan los platos a domicilio, sino también los locales de comida casera que aquí son tan populares y, también, muy baratos.

Como ya, de nuevo, ni vivo solo ni tomo mis decisiones personales unilateralmente, me he encontrado con que aquí, en casa, también el sector de comidas preparadas ha invadido parte de mi rutina alimenticia. El coronavirus, claro, ha influido pero, pese a que me gusta mucho cocinar, también la realidad laboral, la gestión del tiempo y las costumbres en general de aquellos con los que me relaciono, han generado un afluente de platos ya cocinados en mi dieta.

Por una parte, convivir y relacionarte con gente de Italia conlleva inevitablemente a que la pizza esté presente en tu vida, como en la suya. Eso sí, nada de piña. Ni nada de cosas raras en la Margherita, per cortesía.

También es cierto que en Thessaloniki hay una innumerable cantidad de sitios de comida casera lista para llevártela al apartamento. He probado varios, pero mi favorito es Odiseas, en el que siempre hay cola, y que lo descubrimos al observar que la Policía se acercaba allí a pillar especialidades regularmente.

En Odysseas siempre hay cola, pero es una cola que va más rápida que un fórmula uno. Es un sitio familiar que recuerda bastante al episodio del sopero nazi de Seinfeld. Es comida barata, está rica y tienes que seguir unas normas que son, básicamente, tener claro lo que quieres o pensarlo rápido. Porque si no esa familia cocinera le da el turno a otro. Porque son gente con una prisa mortal por servir platos, que son los que ellos tienen y no pidas otros ni les líes con tontás.

Con tres euros comemos dos medio pollo con patatas fritas. Por seis, te comes un par de schnitzel de pollo o unos cordon bleu. Así que, claro, vengo de comprar allí, porque yo con los huesos de ese pollo legendario hago un fondo muy bueno para el arroz.

Hago caldo de pollo y, también, de pescado, con lo que compro en el mercado de Aristotelous. Porque sigo cocinando, porque cocinar es cultura, es diversión y es bien. Y por mucho delivery que quieran meter en nuestras vidas, a mi, queridos emprendedores, el piso me lo alquiláis con cocina. Faltaría más.

Te falta un papel

Hoy he tenido una de esas mañanas de papeleo. En principio era una cosa de trámite para conseguir mi ansiada tarjeta de residencia. Tenía todo en orden: originales, copias, fotografías, pasaporte…

Por supuesto, no ha sido tan sencillo. Cuando he llegado a la oficina para residentes de la UE, me he topado con un funcionario que, aparentemente, estaba en su primerito día de encargarse de esto. “Mmmm, no. Es que te falta un papel que diga…”, me ha dicho el quisquilloso caballero. Total, que vuelva usted dentro de unas semanas. Básicamente, porque me ha sido imposible conseguir el papelito dichoso esta misma mañana, que ya es perdida.

Pelear con la burocracia es una de las peores cosas cuando estás fuera de tu país para una larga estancia. En caso de que no lo sepáis, la libre circulación por la UE es una cosa de turistas y gente de mal vivir pero, para el resto de los mortales, es como el yogur al fondo de la nevera: el día menos pensado, va y se caduca. Entonces, tienes que hacerte la EU Residence Card.

En Grecia, el asunto del papeleo no es cosa menor, porque aquí la administración electrónica no está precisamente avanzada. Un montón de webs oficiales, diseñadas por su peor enemigo, no tienen ni certificado de seguridad; por haceros una idea. La Sanidad pública, en este y otros aspectos, es aún más complicada. Pero de eso hablaremos otro día.

Generalmente, hay mucho, mucho documento para trámites sencillos. Y que venga el nombre de tu padre en todo, por supuesto. Aún así, en el año y poco que llevo aquí he visto avances. Por ejemplo, ahora es más fácil abrir una cuenta bancaria que cuando llegué. Milagros de Nuestra Señora de la Pandemia.

El personal de la oficina -amablemente, eso sí- me ha anotado otra cita para más adelante, cuando tenga el documento que necesito, en una tosca agenda de papel llena de garabatos. Solo espero que no se pierda. También me han confirmado que, a falta de ese pequeño detalle que se les ha ocurrido hoy, todo bien.

En el apartado positivo, veo frutos en mis esfuerzos por aprender griego. Aunque aún no estoy a la altura de Aristóteles -que en su plaza descanse- mi tosco conocimiento del idioma me permite ya entenderme con la gente un poco en, por ejemplo, situaciones como esta. Porque el señor administrativo era picajoso con los documentos pero, de inglés, ni idea. Ligó, ligó, pero que Óxi, filo mou.

Digno de Larra.

La Liga de la Justicia y sus locos seguidores

Zack Snyder tendrá la visión que quiera de “La Liga de la Justicia”, faltaría más, pero cuatro horas de metraje a mi me parece que ya casi da para estrenar dos temporadas, no una película. No soy un fan de Snyder, y casi todo lo que viene de DC me parecen decepciones. Incluida la película “original” que terminó Josh Whedon.

Esperaré a que la película llegue a HBO para verla en un par de noches de desesperación y pizza Margherita, que es una pizzería que hay por estos lares y que está muy bien. De momento lo que he oído es que hay mucha cámara lenta, así que ojalá fuese en Netflix, para reproducir en 1.5x.

No le arriendo la ganancia a los ejecutivos de Warner, que se han dejado una millonada en eso que ahora llaman fan service: hacer las cosas para gusto de los más acérrimos seguidores. Esos que te hacen arder las redes a la mínima de cambio. Mucha pasta para complacer a tanto plasta digital.

Ojo, que estamos ante una versión de una película que ya está hecha. Mejor o peor, pero filmada, montada y estrenada. No hemos terminado de digerir la aventura y ya te están metiendo el remake para que te lo engullas. Así está Hollywood.

Y la Liga de la Justicia es como la Liga española, que está llena de viejas glorias, pero poca savia nueva, ni en fichajes ni en sistema de juego. 4-4-2 en 4:3, con Batman, Wonder Woman, Aquaman, Flash y Superman de líbero. Por no haber, no hay ni escenas post-crédito. Ni una concesión a la modernidad marvelita.

Tampoco soy yo un detractor de Snyder, no creáis. No sé qué tal habrá envejecido “300”, y “Watchmen” no me disgustó. Soy de esa poca gente que cree que “El hombre de acero” está bien y luego está “Sucker Punch” que, mira Zack, por ahí no paso.

Bien mirado, igual me ahorro las cuatro horas, que ahora los súper eventos se juegan sin público, como la Copa del Rey.

Lo fuerísima que estoy de los Grammys, y en cambio…

El otro día fue la ceremonia de los premios Grammy de la música en Estados Unidos. Más allá de ese dato, no puedo contar mucho. Me gusta la música como potenciadora de mi estado de ánimo en cada momento, pero no soy un melómano.

Hace muchos años que utilizo Spotify y que me preparo mis listas con las canciones que más me gustan. Casi nunca escucho discos completos, aunque es algo que estoy intentando volver a hacer en las últimas semanas.

Cuando leo los principales ganadores del año en esto de la música, reconozco los nombres, claro, pero no muchas de las canciones. En esto me pasa como con casi todo, que hay demasiado para el poco tiempo que tengo. Y yo soy de esa gente que no escucha música de por sí casi nunca, nomás que cuando estoy haciendo otra cosa. Por ejemplo, ni siquiera me gusta llevar auriculares en la calle, porque prefiero el sonido de la ciudad durante mis paseos.

He escuchado “Folklore”, el celebradísimo disco de Taylor Swift un par de veces el año pasado. También vi en Netflix un documental sobre ella. Me gustan algunos singles, pero no la situaría entre mis artistas predilectas. No creo que sea una cosa de desdén por el mainstream, sino que más bien me tiro al español en esto de las canciones, aunque últimamente conozco numerosos músicos griegos, por razones obvias.

Tampoco te puedo nombrar el título de ningún disco de Beyoncé, aunque su escena cantando “Listen” en “Dreamgirls” es una de mis favoritas del mundo mundial, en lo que se refiere a gente dejándose las cuerdas vocales en una película.

Cuanto poder hay aquí.

Apenas se nada de Megan Thee Stallion. Es posible que haya escuchado alguna canción e incluso que esté en alguna de mis playlists, y sin embargo no la identifico plenamente. En cambio sí que me cautivan los temas de Billie Eilish, aunque te den ganas de meterte a la cama a oscuras con algunos de ellos. Porque lo que triunfa ahora, sabrá usted por qué, suena bajito y depresivo.

Una canción que sí que me priva y he pasado por mis entendederas unas cuantas veces es “Physical”, de Dua Lipa, que también se ha llevado premio este año, por su disco “Future Nostalgia”.

Y, sin embargo, cuando he repasado la lista completa de premiados, me he dado cuenta que hay vida en los Grammys mucho más allá de todo esto. Y que un montón de categorías, que a los medios les interesan menos, dejan de ser comentadas. Álbumes de americana, country, reggae, música clásica y popular… Me apetece mucho, en cambio, sumergirme en todo esto.

De hecho, ayer empecé a escuchar “Atmosphere”, de los New Orleans Nightcrawlers, que me transportó directo al mundo que refleja la excelente y densa serie “Treme”, de David Simon.

A veces, cuando decimos que los premios no expresan nada, nos olvidamos del valor de las listas para descubrir cosas nuevas. Como punto de partida, el compendio de Grammys de este año me va a ser útil para conocer músicos de jazz, dance, latin rock y otros muchos géneros excitantes que aporten nuevas canciones a mi día a día y a mis muy escuchadas playlists. Bien mirado, igual sí que la música es importante en mi vida.

Voy a darle incluso al gospel en las próximas semanas.

Mi dieta audiovisual de febrero 2021

Ahora que tengo tiempo, vengo con la entrega de aquellas películas y series que vi el mes pasado. La lista de enero, la podéis leer aquí.

Películas que vi en febrero

Yo, dragón: Una leyenda rusa de princesa y dragón que se convierte en una historia de amor bastante previsible y anodina. Bastante influencia de la saga “Crepúsculo”, veo yo aquí. Flojérrima. (3/10).

Felicidad: un estreno de Amazon Prime Video con Owen Wilson y Salma Hayek que podría haber llegado a bastante más, pero que se queda a medias. El tramo final languidece cuando las contradicciones de la historia se van acentuando, pero los actores están bien y no es, desde luego, tan mala como algunos la ponen por ahí. Entretenida y menos sesuda de lo que le gustaría. (6/10).

I care a lot: Estupendo estreno de Netflix. Rosamund Pike, como de costumbre, se sale de la pantalla interpretando a una auténtica tipeja amoral que se ve envuelta en un follón de narices por querer morder más de lo que puede tragar. El final es bastante cuestionable, pero el resto de la película engancha mucho. (8/10).

Nación salvaje: Esperaba más de esta película de la que se habló mucho en su estreno, hace ya un par de años y que es un poco “too bloody for my taste”. Va de menos a bastante más y cuanto menos se toma en serio, mejor funciona la historia. El tramo medio es tedioso y, aunque entiendo el mensaje que quiere transmitir, no me llega completamente. La banda sonora es excelente. (6/10).

Tucker & Dale contra el mal: Comedia de terror con algunos gags verdaderamente divertidos. Si veis el tráiler os estropeará parte de ellos. Una pandilla de chavales que van de acampada confunden a un par de paletos con asesinos en serie. Consiguió que me riera a gusto, y eso es algo que normalmente no encuentro en las comedias actuales con facilidad. (7/10).

Series que vi en febrero

Wandavision (Disney+): Aunque ha terminado en marzo, como ya la he visto entera, me permito opinar. Una apuesta narratviva diferente que se agradece en el Universo Marvel. Elizabeth Olsen se carga el peso de todo sobre los hombros con mucho éxito. Homenajes televisivos, villanos decentes y buen ritmo narrativo. Bonica del tó. (8/10).

The Flight Attendant (HBO): Me la vi casi del tirón. Ligera, divertida y además, engancha con su historia de crimen misterioso. Alguna trama secundaria, en cambio, no pinta mucho. Kaley Cuoco demuestra que puede hacer un papel protagonista más allá del rol de comparsa que le daban en The Big Bang Theory. (7/10).

Westworld – Temporada 3 (HBO): Las dos primeras temporadas de Westworld me fliparon bastante. Esta tercera, ya fuera de los parques temáticos, me ha interesado bastante menos. La historia, aunque acumula algunos momentos de emoción, pierde cuando se enmarca en el “mundo real” y estoy un poco aburrido de algunos de los personajes. Empacho de Dolores. (7/10).

Channel Zero – Temporadas 1 y 2 (HBO): Es una serie de terror británica en la que cada temporada de seis episodios se relata una historia. Hay cuatro y he visto la mitad, aunque no creo que continúe. La primera, “Candle Cove” (6/10) logra mantener la intriga inicial y se ve de un tirón. La segunda, “La casa sin fin” (4/10), se me atragantó muchísimo y la terminé casi a saltos.

Monólogos

“Odio”, de Dani Rovira (Netflix): aunque últimamente no me siento muy cercano a los monólogos cómicos, vi esta novedad porque Rovira me parece en general muy gracioso y por darle una oportunidad a la oferta de este tipo en castellano, que no es tanta en las plataformas. En general, es un show irregular -un poco chabacano en algún momento-, aunque tiene momentos de buena risa. El final, con ese ejercicio de comparación entre Hugh Jackman y el propio Rovira, es lo que más me gustó. (7/10).

Cómo buscar trabajo en el extranjero sin morir en el intento

Venga, que sigo con esto de los post de utilidad y la información de servicio. Hoy os vengo con una nutrida selección de webs que pretenden ayudaros a la nada sencilla tarea de buscar trabajo en el extranjero. Muchas de ellas las uso yo. Otras no tanto, aunque la utilidad viene más bien determinada por el sector en el que estés buscando empleo.

Antes de eso… Lo básico.

Consejos útiles para conseguir un empleo en el extranjero

  • Hablar inglés. Aunque a estas alturas puede que no haya que recordarlo, el inglés es el idioma que, más o menos, de alguna manera, habla todo el mundo por ahí fuera; aunque sea a ratos o en la intimidad. Así que lo primero es quitarle un poco el polvo a ese nivel medio y mejorarlo de la mejor forma que se te ocurra. Si no sabes por dónde empezar, en este otro post expongo algunos pensamientos y acciones sobre cómo aprender un idioma por tu cuenta.
  • Hablar otros idiomas. Si vas a trabajar en el turismo o en un call center, es posible que con el español y el inglés ya haya opciones de lograr un trabajo. Si no, en la mayoría de sitios, probablemente, te van a pedir que hables el idioma del país. Puede parecer obvio, pero he visto mucha gente que considera que, como en (Inserte aquí nombre de país hecho de luz) ya saben inglés, pues a la gente le va a dar igual hablar en su idioma o no. Craso error que te llevará a una catarata de noes en tu vida. Como poco, si vas a un país de Europa donde el idioma nativo no es el inglés (Pista: casi todos), más te vale enterarte al menos de lo básico. Los idiomas son una de esas herramientas en las que sí merece la pena invertir tiempo y dinero. Laboralmente y, también, porque molan.
  • Tunear una carta de presentación. Es un rollo. Lo sé. Y más cuando la ratio actual es de una respuesta por cada doce mil ofertas aplicadas. Sin embargo, si te interesa un puesto concreto, mi experiencia es que la carta de presentación hace casi más que el CV. Cuéntale al reclutador por qué tú de entre todas las luminarias que se han presentado a ese puesto. Y también, ya de paso, por qué molas en general.
  • Póntelo fácil. Emigrar es duro de por sí. No te lo hagas más difícil. No se trata de lograr el trabajo de tus sueños a la primera, ni de hacer proyecciones excesivamente optimistas en tu cabeza. Ojo, si desde el minuto uno es todo una maravilla, estupendo. Pero no vayas con esa idea en la cabeza porque, como se suele decir, en ningún sitio atan los perros con longanizas. Una de las circunstancias más complicadas, es el dinero. Asegúrate de que cuentas con recursos suficientes y amigos/conocidos que te puedan echar un cable si es necesario. También, si es posible, intenta buscar empresas que ofrezcan un relocation package (que al menos te pagan el vuelo y el hotel una o dos semanas). No es que sean muchas, pero las hay.
  • No desesperes. Igual que Dori sigue nadando, tú sigue buscando hasta que des con algo que merezca de verdad la pena. A veces lo puedes conseguir desde España, con una búsqueda online. Otras, en cambio, conviene más ser ese tipo/tipa que estaba en el momento justo y en el lugar adecuado. Pero sobre todo ten claro que buscar trabajo es una tarea difícil. Y un trabajo en condiciones, ya ni te digo. Inténtalo mucho, porque va a haber muchos losientos y muchos silencios.

Y ahora ya, vamos con la cosa. No pretendo que lo que viene sea una oferta extensísima, que abarque todo, sino un compendio de mis experiencias y de lo que he visto por ahí durante bastante tiempo. Espero que aún así te sirva, querido lector, para pillar alguna idea y orientarte hacia donde te parezca.

Lista de recursos e ideas para encontrar empleo fuera de España

Generalistas

LinkedIn. Perdonadme la obviedad, pero no podía faltar esta red social donde se acumulan ofertas de todo tipo, incluidas un montón que describen trabajos que no conseguirás jamás descifrar de qué van. Para roles especializados funciona mejor. Pero en LinkedIn hay de todo y, a veces, va y suena la flauta. No temas enviarle una pregunta sobre un puesto concreto a un reclutador o a alguien que trabaja en esa empresa. Muchos contestan si eres educado, concreto y no te vas por los cerros de Úbeda.

Una idea interesante es poner spanish en el buscador de empleo de la app, y chequear las ofertas. Si antes decíamos de hablar otros idiomas, el español también puede ser una oportunidad fuera. Además de LinkedIn también conozco una especie de Red Social laboral que se llama The Dots y que no he usado mucho. Si alguno tenéis experiencia con ella, contadlo en los comentarios.

Portales de empleo. Si, aquí entrarían los Infojobs, Infoempleo, etc. de turno. En esos dos a veces aparece alguna oferta fuera de España, pero no os recomiendo perder mucho el tiempo con ellos. Si tenéis decidido el país al que queréis ir, os recomiendo que acudáis directamente a los autóctonos. Monster e Indeed suelen tener sites dedicadas en cada país. Son una opción en la que podéis encontrar ofertas, aunque nos están especialmente pensadas para trabajadores que emigran, sino para gente que es de allí o vive allí ya. Aún así, nunca está de más echar un ojo.

ETT’s. Empresas como Randstadt, Adecco, Manpower y similares. Una búsqueda en Google os llevará a un abanico interminable de intermediarios que manejan cientos de ofertas. Aunque os suenen de España, muchas operan en varios países. En Irlanda, por ejemplo, está Headhunt International, que no es muy grande, pero lleva bastantes posiciones en el sector sanitario y, también, en call centers.

Institucionales

Las instituciones con ramificaciones y sedes en el extranjero suelen publicar periódicamente ofertas de empleo para diferentes especialidades. El Instituto Cervantes, que también oferta becas, es una de ellas. También lo hacen algunos ministerios, como el de Exteriores, que asimismo convoca de vez en cuando para puestos en embajadas fuera de España.

Por otro lado, nuestro país es miembro de la Unión Europea, y eso te puede valer para utilizar recursos oficiales puestos a disposición de sus ciudadanos. Por ejemplo, la red EURES, que publica ofertas de empleo en todo el territorio o, directamente, las propias convocatorias para engrosar la plantilla de las instituciones europeas. Las pruebas son un reto, pero el trabajo probablemente lo merezca.

Buscar trabajo en Europa

Y ya que estamos con Europa, podéis buscar trabajo dentro y fuera de la Unión utilizando estas dos webs: Eurojobs, que tiene un desarrollo y diseño bastante deficientes pero muchas ofertas, y Careers in Europe, que tiene menos puestos disponibles, pero te desesperará menos cuando la uses.

Webs especializadas

En español, uno de los mejores recursos para buscar trabajo en el extranjero es MeVoyalMundo y, también, una web que tienen asociada y se llama MeVoyJobs. La primera ofrece un poco de todo: consejos, experiencias de gente que ha trabajado fuera y cómo lo ha hecho… La segunda es más parecida a una web de ofertas de empleo pura y dura. Ambas son fuentes de consulta relevante y útil si estás buscando trabajo fuera de España.

Además de estas dos, también os va a gustar, seguramente, Trabajar por el Mundo. Lo mismo: becas, consejos, ideas, convocatorias…

Más parecidas a portales de empleo, por otra parte, son también SearchJobsAbroad y la más rimbombante “The World’s Job Site“, que se centra en trabajos para “XPats”. Ambas os pueden valer para encontrar un curro fuera.

Encontrar trabajo en Grecia

En Grecia, ya que estamos, conozco dos webs de empleo interesantes, aunque la mayoría de ofertas requieren conocimientos de griego moderno. Una es Kariera, en la que hay un poco de todo. Y la otra es Greek Startup Pirate, que es más para trabajos cualificados dentro de empresas de nueva creación y con un perfil más tecnológico.

Aparte de eso, están las empresas de Customer Service y hostelería. Pero con ellas vamos más adelante.

Trabajos en el extranjero por sectores

Si además de buscar un empleo en el extranjero, deseas centrarte en un sector en concreto, es posible que algunas de estas webs te sean de utilidad:

Buscar empleo en el extranjero si trabajas en la hostelería o el turismo

Aunque ahora mismo son dos opciones que no levantan cabeza debido a la pandemia de coronavirus, la hostelería y el turismo siempre han sido excelentes opciones para encontrar trabajo dentro y fuera de España. Las condiciones a veces no son las mejores, pero en ocasiones se pueden encontrar buenas oportunidades.

En este caso puede funcionar el presentarse allí para estar en el momento adecuado y en el lugar adecuado, aunque solo lo recomiendo si sabes donde vas y tienes algún contacto que te pueda echar un cable. Conviene conocer dónde son las temporadas turísticas más importantes tanto en invierno como en verano, para poder rotar buscando trabajos que suelen ser estacionales, aunque pueden estar bastante bien remunerados. También es posible que eches más horas que un reloj en algunos.

Summer jobs es una web bastante veterana que te permite encontrar estancias laborales de todo tipo en el extranjero. Hay trabajos de temporada en campamentos, alimentación, cuidando niños, de socorrista, etc.

Luego está Season Workers que, además de los trabajos de verano, también tiene ofertas de invierno, principalmente en estaciones de esquí. La temporada, en este último caso, suele ir de diciembre a abril, si no estoy mal enterado.

Si lo tuyo es la restauración, en cocina o en sala, puedes mirar en Hosco España, donde hay ofertas para trabajar en el extranjero en esos puestos. También están Catering International, Caterer Global y All4Chefs, como alternativas. En Grecia, JobTrust lleva bastantes ofertas para trabajar en hoteles de cuatro y cinco estrellas. El sueldo no suele extasiar, pero te incluyen alojamiento y comida normalmente.

Otra opción que puedes contemplar en este ámbito, si te va la navegación, es trabajar en un crucero. All Cruise Jobs suele tener ofertas de todo tipo que involucran a las principales navieras: Costa, MSC, Princess… Si lo prefieres, también puedes buscar directamente en la propia web de cada una de estas empresas y ver si hay alguna posición abierta o algún sitio donde dejar tu CV.

Aerolíneas: molan más si eres joven

No quería cerrar este apartado sin comentar lo de las aerolíneas. Si quieres ser azafato/a de vuelo (AKA Cabin crew) puedes aplicar en las webs corporativas, investigar en los portales de empleo anteriormente mencionados o acudir a unos eventos masivos de reclutamiento que suelen hacer en hoteles en diferentes ciudades. Por ejemplo, Ryanair o Emirates son dos compañías bastante conocidas que lo hacen.

El proceso de selección suele ser, primero, online, para después pasar un examen de idiomas y una entrevista personal junto a los demás candidatos. Si vas a uno de estos eventos, vas a encontrar perfiles muy jovencitos. En general, pasados los treinta años, las posibilidades de que te escojan se reducen exponencialmente. Pero si lo hacen, que sepas que tendrás que pasar unas semanas de formación donde ellos te digan y luego, en el caso de Ryanair (que incluye Air Malta y Lauda), te destinarán a una base europea que no puedes elegir tú. Al menos así funcionaba hasta hace no mucho. La formación no es remunerada, por cierto.

La parte chula es que el sueldo no está mal y que conocerás mundo. En Youtube puedes encontrar vídeos de algunas personas que explican detalladamente cómo es la vida trabajando como tripulante de cabina. Te presentes o no a las pruebas de selección, son divertidos de ver.

Trabajar en el extranjero en tu propio idioma

Como os decía antes, en Europa la gente tiene la manía de hablar otras lenguas. Un drama que no debe echaros atrás en primera instancia, porque se puede encontrar trabajo hablando español e inglés. Lo de inglés, lo subrayo, porque aunque tengáis la opción de realizar un servicio al cliente en vuestro idioma, lo más probable es que el lenguaje de comunicación dentro de la empresa sea el de Shakespeare.

No todo son call centers, aunque os digo también que va a ser lo más habitual que encontréis dentro de esta categoría en sus múltiples vertientes: servicio técnico, ventas, moderación de contenidos… etc.

Top Language Jobs suele tener ofertas actualizadas, como también European Language Jobs, cuya interfaz es mucho más pocha. En ambas podéis buscar por idioma requerido para desempeñar el trabajo, por países y por sectores. Otras opciones que podéis contemplar son Multilingual Job Vacancies, Job Coconut y Graduateland.

Otros sectores

No todo va a ser turismo, así que la web ofrece recursos para los trabajadores de otros muchos sectores que quieran probar suerte en el extranjero. Unos ejemplos:

Creative Mornings: si eres creativo o trabajas en empresas de ese ámbito, la bolsa de empleo de esta excelente web te va a gustar. No sólo hay ofertas en Estados Unidos, aunque son las más, y encontrarás todo tipo de perfiles. Seguro que encajas en alguno.

Bestseller: para los interesados en encontrar empleo en el sector de la moda, esta empresa ofrece puestos en una variedad de países: Holanda, Dinamarca, Alemania…

Games Jobs Direct: oportunidades de localizar un puesto de trabajo en el sector de los videojuegos por todo el mundo. No solo programadores, sino también ejecutivos, diseñadores, animadores, marketinianos, etc.

Bola extra: becas, voluntariado, working holidays…

Si te va la aventura o estás buscando una primera experiencia sobre lo que es vivir o trabajar en el extranjero, quizá te apetezca más un puesto como voluntario, una beca de estudios o una Work and Holiday visa. Mi experiencia en esto, os digo desde ya que se limita a la beca Erasmus, que disfruté en Alemania hace ya demasiado y que fue algo maravilloso.

Sin embargo, la Erasmus tiene sus limitaciones, y más ahora que los british han tomado las de Villadiego. Y esta beca universitaria no abarca a aquellos que estén decididos a irse a lo que yo llamo “los países difíciles”. Esos a los que quiere ir todo Cristo, pero que no dejan entrar a la gente así como así para trabajar. Es decir, Australia, Canadá, Japón y Estados Unidos.

Para estos, existe la posibilidad de entrar en el programa Working Holiday visa, que permite una estancia no muy dilatada en el país, pero con la que puedes trabajar, ganar un sueldo y vivir la experiencia. Una búsqueda en youtube te permite encontrar a gente que ha estado por allí utilizando este procedimiento y las embajadas de cada sitio en España suelen detallar bien los pormenores. Ojo con esto, porque suele haber una limitación de edad. Por ejemplo, Japón no acepta candidatos mayores de 30 años.

Working Holiday visa Japón

Working Holiday visa Australia

Working Holiday visa Canadá

Si lo que te va es el voluntariado, conozco dos páginas que ofrecen tanto puestos en ONG’s remunerados como estancias en las que tienes un paquete de ayuda y poco más. Una es Idealist y la otra es la del programa francés V.I.E, cuyas ofertas son remuneradas y aparecen perfiles un poco más elevados en cuanto a formación. Merece la pena echar un vistazo en ambas.

Por último, me parece interesante la propuesta de Worldpackers, aunque nunca la he probado directamente. Se trata de una aplicación que te permite “viajar por el mundo haciendo voluntariado” y que se parece más a una red social que a un portal de empleo. Hay propuestas por todo el mundo y muchas de ellas interesantes, aunque la mayoría no suelen ofrecer mayor salario que el alojamiento y alguna comida. Advertido quedas, aventurero.

Trabajar en remoto desde donde quieras

Igual suena raro, pero también puedes trabajar en remoto desde el extranjero, para empresas españolas o de otros países. Las condiciones, es decir, cómo de lejos te puedes ir, dependerán de cada compañía, pero no está de más incluir algunas webs interesantes con esta opción. Por si quieres poner el ordenador y la mesa en las playas de alguna parte.

Remoters ofrece puestos de trabajo desde casa para empresas principalmente españolas en varios sectores. Digo principalmente porque últimamente he visto que se han sumado al carro algunas de otros países. En cualquier caso, esta es una web a la que voy a prestar más atención de ahora en adelante.

Remotify se promociona a sí misma como “el primer buscador de empleo remoto en España”. Igual que comentaba antes, aquí la cuestión sería ver si te permiten trabajar para ellos mientras estás viviendo fuera o de viaje. Hay numerosas ofertas de diferentes perfiles y aseguran que están todas debidamente verificadas.

GoWHF principalmente tiene ofertas en Estados Unidos, pero quizá es una buena forma de introducirse en las empresas de allí. No en vano, dicen que podría ser la nueva revolución por venir. Compañías de todo el mundo contratando trabajadores en remoto a lo largo y ancho del planeta.

Y, de momento, esto es todo lo que os tenía que contar sobre buscar trabajo en el extranjero. Si veo cosas nuevas que me resulten interesantes, con seguridad actualizaré el post para incluirlas. No dejéis de compartir el post y también de aportar lo que consideréis necesario en los comentarios.

El coste de la vida en Grecia (I): la vivienda

Una de las primeras cosas que te preguntas cuando te vas a vivir aun país extranjero es cuál será allí el coste de la vida. Si te dará el salario para vivir decentemente o estarás entregado al cuencoarrocismo. ¿Cómo es el coste de la vida en Grecia, según mi experiencia? Vamos por partes. En el caso del post de hoy… Las casas.

DISCLAIMER: Hablo desde mi experiencia personal en Thessaloniki / Salónica y lo mismo tú tienes otra. Me parece bien. Cuéntanosla a todos en los comentarios.

La vivienda: asequible, pero no tanto.

Cuando empiezas a leer sobre el tema en Internet, en webs, blogs y foros, parece que la vivienda vaya a ser regalada. La realidad es que los precios son más asequibles que en España, pero tampoco una fantasía exótica. En general, para un extranjero que llega de nuevas, el coste de una habitación en un piso compartido oscila entre los 200 y los 300 euros.

La parte buena es que, en muchas ocasiones, este precio incluye las facturas. Por hacerse una idea, un estudio pequeño para uno solo en el centro de Thessaloniki (Salónica), anda entre 350 y 500 euros. En ocasiones, como digo, con facturas incluidas. En otras, no.

También se pueden encontrar algunos pisos majetes de un dormitorio en ese rango de precios. Existen dos factores a tener en cuenta: AirBNB y los Erasmus. Los mejores pisos, los más cuquis, en circunstancias normales suelen estar destinados a alquilarse para turistas o para los estudiantes europeos que llegan. En Thessaloniki, por ejemplo, hay dos universidades, la Aristóteles y la de Macedonia.

En general, los caseros prefieren a los Erasmus como inquilinos que a ti, pobre trabajador. ¿Por qué? Yo barrunto que es porque prefieren dividir los pisos en habitaciones y alquilarlas separadas. De modo que generalmente encuentras pisos de tres habitaciones muy apañados que se rentan para varias personas y que, posiblemente, pasan a ser turísticos cuando termina el curso. Y así.

De hecho, es muy habitual ver anuncios de pisos en los que no todas las habitaciones cuestan lo mismo. Hay siempre alguna que es “la buena” y que te cuesta 20 euros más al mes, por ejemplo.

¿Cómo encontrar piso en Grecia?

Dicho esto, es posible encontrar piso en Grecia si has venido a trabajar. Así que adentrémonos en las profundidades del mercado inmobiliario, nuestro gran amigo.

¿Qué puedes hacer para encontrar piso en Grecia? Esto:

  • Buscar en Facebook. Mucha gente, incluidas las inmobiliarias, publican anuncios de alquiler y venta de pisos en Facebook Market. A mi esta es una opción que me da gato porque la app de Facebook para buscar piso no me gusta. Pero es una opción que no puedes obviar y, de hecho, mi primer apartamento en Grecia llegó por esta vía.

Buscar piso en Facebook hará que te encuentres con gente que no contesta al mensaje, gente que sólo quiere Erasmus y gente que sólo quiere alquilarle el piso a chicas (sorry, mate). Supera las ganas de matar y persevera, que algo terminará apareciendo. Incluso la misma persona que te dice “solo Erasmus” puede que al rato te mande un “Pero tengo otro piso que…”.

¿Hay algo más en Facebook aparte del Market? Sí. Los grupos. Busca en español y busca en inglés y, si sabes griego, busca en griego. Busca grupos de todo lo que se te ocurra. Las mejores opciones: pisos para Erasmus (está la cosa muy mala y en esto sí puede molar ser segundo plato), comunidades expat en Grecia, “amigos de Grecia en habla española”, “Españoles en Grecia” y cosas así. Siempre hay movimiento de pisos e incluso de trabajos en estos grupos. Son importantes, e igual hasta haces amigos.

Algunos existentes que pueden darte una idea: Comunidad Española de Grecia /Expats Thessaloniki / Erasmus Accommodation in Thessaloniki by ESN / Españoles en Tesalónica /

  • Spitogatos: Esta es otra fórmula que te recomiendo explorar. Spitogatos.gr es una web inmobiliaria que suele tener bastantes ofertas de alquiler y venta de pisos. Funciona muy parecido a lo que es Idealista o Fotocasa, en España, y se puede poner en inglés, así que también te será útil. Funciona como web y, también, como app en el móvil. Y es naranja. Muy naranja. Naranja todo.

Otra opción parecida a Spitogatos, puede ser Tospitimou.

  • Las inmobiliarias: no podía faltar el Real Estate en esta lista porque, aunque nos gusten poco, estas empresas forman parte del juego, y es muy probable que tengáis que relacionaros con ellas en vuestra búsqueda de piso. Las inmobiliarias tienen la ventaja de que pueden asesoraros y ayudaros a encontrar lo que buscáis. Además, harán de intermediario con vuestro casero griego, que también está bien, y os pueden echar una mano para resolver papeleos. La parte mala, obviamente, es que os cobrarán una comisión por la transacción, que varía dependiendo de cada empresa.

Os pongo aquí algunos nombres de inmobiliarias griegas (alguna puede que sólo esté presente en Thessaloniki): RE/MAX New Deal / Olympus / ACB / Istos Properties / Pasalidis Real State / TK New Line / Koukios Real State / Koukouserakis Real State / Oikies Real State / Noikiaseto.

  • El boca a boca: obviamente, este método también puede funcionar en alguna ocasión, y te puede granjear un apartamento sin comisión de inmobiliaria, gracias a alguien que conoce a alguien, que conoce… Si llegas a Grecia de nuevas, será más difícil. Pero con el tiempo, conocerás a gente. Socialízate, que para eso has cambiado de aires, hombre/mujer.

Las facturas

En mi experiencia personal (un año en Grecia, hasta el momento) siempre he escogido la fórmula alquiler + facturas incluidas en el precio del alquiler. Primero, te evitas oscilaciones en el dinero que gastas al mes en piso y suministros y, segundo, te evitas molestias como dar de alta o de baja el servicio de luz, Internet, agua o lo que sea que tengas que contratar. Para mi, es la fórmula ideal.

Si para ti no lo es, no puedo decirte cómo se da de alta ninguno de estos servicios en Grecia, porque no he tenido que hacerlo nunca. Tampoco estoy muy seguro de lo que cuestan por separado.

Los contratos de alquiler

Vale, ya has encontrado piso con mi infalible ayuda. ¿Algo más? Sí. Información de servicio. Seguro que puedes hallar la fórmula de encontrar un piso con alguien que no te haga contrato, ni pagues impuestos, y te duela un montón la cabeza luego por atontao. Pero este blog cree en los impuestos, porque ayudan a repartir la riqueza y a financiar servicios públicos que hacen que nuestras vidas sean mejores. Por favor, haz las cosas bien. No lleva mucho, no cuesta tanto y te traerá beneficios a largo plazo, créeme.

En Grecia los contratos te los harán en griego, obviamente, pero puedes pedirle a la inmobiliaria o al casero, que te faciliten una copia en inglés. Aunque sea una un poco redactada de aquella manera, en inglés “nivel medio”, te enterarás algo mejor de las condiciones que acuerdas.

Luego, si estás trabajando en Grecia al menos, pide que suban el contrato a Taxisnet, que es la web que tiene el Gobierno griego para administrar muchas cosas relacionadas con servicios públicos e impuestos. En el apartado MyTaxisnet, tienes que acceder a tu perfil y aceptar el contrato. Seguramente, en tu empresa puedan asesorarte en esto.

Sagapó (digo, sacabó)

Y ya está, amigo/a. Ya tienes piso y puedes dedicarte a disfrutar de la vida. Tómate un frappé a mi salud por haberte revelado todas estas maravillas sobre encontrar piso en Grecia y listo.

Habrá más textos como este en el blog, seguramente. Porque tengo más aspectos del coste de la vida en Grecia que abordar, y porque he puesto un uno en el título.

Pobres en tiempo (y en dinero) y ricos en ansiedad

El otro día estuve leyendo este artículo de Oliver Burkeman en The Guardian, que se titula “Por qué la gestión del tiempo nos está arruinando la vida”. O traducido de otro modo, por qué la economía de la atención y la era de la productividad personal son poco compatibles con la felicidad y mucho con la ansiedad.

También hace poco, me desahogué en Twitter contra el rollo macabeo de la formación permanente. Una mentira cochina de nuestros días que, como casi todo, ha terminado por ser un mantra de guruses, coaches y otras gentes de mal vivir en el mundo del marketing y los recursos humanos.

Buena parte de la ansiedad de nuestros días viene de esa necesidad permanente de estar al día. Para ello, hay que utilizar una gran cantidad de nuestro recurso más preciado, que es el tiempo. Un tiempo que, además ha de ser “productivo” en el sentido más economicista posible, puesto que de no serlo, nos dicen, lo estaríamos tirando a la basura.

Actualización permanente y culpa

El discurso de la actualización permanente (el “reciclaje”, como si fueses un residuo que un día sirvió y ahora hay que fabricar de nuevo) no sólo se circunscribe al ámbito laboral, sino también al del ocio, el sentimental y, prácticamente a casi cada ámbito de nuestras vidas. Lo viejo ya no vale y, además, cada vez está más próximo. De esto me di cuenta hablando con una amiga de 21 años que me estaba contando acerca de una película “antigua”: ¡De 2012, nada menos!

En “La sociedad del cansancio”, el filósofo Byung Chun Hal dice que “la sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento” que “produce depresivos y fracasados”. Un montón de gente alienada por “los proyectos, las iniciativas y la motivación”, donde el invididuo acaba sumido en “el reproche de sí mismo y la autoagresión”.

Ese sentimiento de culpa termina por no dejarte incluso disfrutar una película de esas que has tardado dos horas en seleccionar, de entre la interminable avalancha que ofrecen las plataformas de contenido. ¿Dos horas de metraje? ¿Puedo permitirme no ser productivo tanto tiempo? ¿Si veo esta película, no me estaré perdiendo tantas otras? ¿No debería estar apuntándome al curso de “inserte aquí el próximo deberíaserunaasignaturaobligatoriaenelinstituto“?

El mercado laboral no funciona

Pero lo que yo venía aquí a decir es que el mercado laboral es un cráter humeante en el que se potencian todos estos males. Detrás de toda esa búsqueda de significado y de mensajes motivadores en LinkedIN, no se oculta otra cosa que la frustración por la falta de oportunidades razonables. O sea, que estamos en la mierda.

Una búsqueda de ofertas de trabajo por Internet, te deja exhausto. Los reclutadores reclaman posiciones, generalmente floreadas de términos en inglés, que no sabes ni qué función tienen. Apenas se especifican salarios y condiciones y, en su lugar, se detallan una nutrida cantidad de habilidades que los postulantes deben atesorar para acceder, tan sólo, a que se dignen a entrevistar a los candidatos.

Ya no es sólo la experiencia o la tan manida “capacidad de trabajo en equipo”, sino que leer en estos días los detalles de una posición laboral requiere casi de una piedra Rosetta y una consulta en Google para entender el software específico del que te están hablando y que esperan que traigas sabido de casa. Ese hoy. Mañana, otro.

Las empresas han decidido que no quieren pagar por la formación de sus empleados, ni tampoco gastar ni un minuto en enseñarles. De modo, que esperan que vengas aprendido. Que hayas hecho un MOOC, por ejemplo. Ya sabes, uno de esos cursos online que venían a traernos el maná de la educación superior gratuita, pero que ahora se agrupan en certificados y te cobran una tarifa plana al mes. Yo también los hago, no te preocupes. Y yo también los dejo a medias porque tengo que atender mi vida personal. Preocúpate aún menos.

¿Cómo no autoagredirte ni cuestionar tus capacidades si jamás das el perfil? Los expertólogos te dicen que cambies todo el rato tu CV, que tengas siete, y al tiempo que tienes que tener claro lo que quieres (un horario y un salario decentes, gracias) y poner las keywords adaptadas a cada puesto. Claro que sí, guapi, un esfuerzo titánico en una sola oferta para que, por menos de ná, te descarte un algoritmo sin miramientos.

DISCLAIMER: a ver, si encuentras una oferta te gusta mucho, esfuérzate, no seas tarugo. Pero ya tu sabes.

El trabajo ya no puede ser el centro de nuestras vidas

Lo que pasa es que -fuera de los sectores verdaderamente esenciales- apenas hay trabajo, porque ya no hace falta y menos que va a hacer… Y además, a muchos les cuesta imaginarse un futuro sin él. Porque para eso hay que dejar de ser una sociedad trabajocéntrica y desarrollar un sistema educativo muy potente, que ayude a todo el mundo a disfrutar verdaderamente del tiempo libre.

Individuos que desarrollan una vida interior y no se aburren. Gente que pasa de tener una carrera laboral que le aparte de los suyos. Reparto del trabajo real y de la riqueza. Una pista: al club de los andorranos no le va a gustar.

Y de la demencia que es el mercado inmobiliario, hablamos otro día.

Instagram sin filtros, la historia mejor contada

Cuenta Sarah Frier en “Sin filtro: la historia secreta de Instagram“, que Mark Zuckerberg -el omnipotente CEO de Facebook- quedó tan afectado por haber perdido una partida de Scrabble “con la hija adolescente de un amigo”, que diseñó él mismo un programa que le mostrase todas las combinaciones de palabras posibles que usar con sus letras en el juego.

Es un libro que merece realmente la pena si te interesan saber más de cómo funciona por dentro el mundo del desarrollo de aplicaciones, la tecnología y Silicon Valley. Un compendio de egos y traiciones que casaría bien en los viñedos de Angela Channing, la mala, malísima de Falcon Crest. Una serie que igual vosotros no recordáis, pero que yo veía con mi abuela de pequeño.

Kevin Systrom, uno de los cofundadores de Instagram, que acabaría abandonando la empresa años después de la compra por parte de Facebook, quería en principio hacer una aplicación para frikis del Bourbon. Después, aquello evolucionó y terminó convirtiéndose en otro proyecto diferente hasta que, el 16 de julio de 2010, se publicó “la primera foto publicada en la aplicación que se convertiría en Instagram”, expone Frier con excelente habilidad narrativa.

Mostrar la belleza en el mundo

Lo más interesante es que, aunque Systrom tenía unos objetivos más o menos idealistas -y algo pretenciosos- para Instagram, en plan “mostrar la belleza en el mundo”, la dinámica empresarial y, también la de los propios usuarios, terminó proponiendo un destino bien diferente. Así lo explica la periodista de Bloomberg en su libro:

“[…] los filtros, usados en masa, darían a los instagrameros carta blanca para que presentaran su realidad más interesante y hermosa de lo que realmente era. Eso fue justo lo que consiguió que el producto se hiciera popular”.

Sin filtro: la historia secreta de Instagram“, de Sarah Frier.

El comportamiento de los usuarios y la influencia de Facebook es lo que terminó moldeando Instagram hasta convertirse en lo que es hoy. Sea eso lo que sea. Hay pasajes muy seductores en el libro, como el proceso que lleva a la división encargada de la app -capitaneada por el propio Systrom y que disfrutaba de cierta independencia- a desarrollar las Instagram Stories, para neutralizar la amenaza de Snapchat.

Aparece también el concepto de “canibalización”, como uno de los mayores miedos en Facebook. El hecho de que el desarrollo innovador de una app se coma a otra. O el pánico a que la ausencia de novedades relevantes termine llevando el producto a la obsolescencia absoluta (el efecto Myspace).

Influencers de fuera e influencers de dentro

Asimismo se ve reflejada la aparición de los influencers. Si bien Systrom realizó una potente campaña en un inicio para atraer artistas y diseñadores a usar Instagram -que incluso aportaron los primeros filtros-, fueron los famosos los que le dieron el espaldarazo definitivo hasta que la app fue “tan fuerte y valiosa que ni los anuncios ni otras molestias” asustan a los usuarios y, ya entonces sí, se puede pensar en la monetización.

Es llamativo cómo el libro plasma la convivencia de los influencers famosos previamente, y los que se crearon en la propia red social. Gente que descubre cómo aumenta su popularidad y sus ingresos gracias a la app y crean una auténtica estructura, vamos a decir creativa, en torno a su presencia en Instagram.

“Antes de ir a un país, buscan las mejores localizaciones para las fotos, investigan en las cuentas de Instagram de fotógrafos locales y buscan poses que no se hayan fotografiado antes”, detalla Frier sobre una pareja de jóvenes influyentes que descubrieron que las imágenes que publicaban tenían tirón durante su luna de miel.

You are fake news

Por si fuera, poco “Sin filtro”, trata la aparición del debate sobre las noticias falsas y la espiral de odio que ahora, por fin, Facebook parece al menos tímidamente decidida a atajar. “Recompensar el contenido que alimentaba las emociones de los usuarios ayudó a crear toda una industria alrededor de las noticias falsas”, considera Frier que realiza también una acertada reflexión:

“Las redes sociales no solo son un reflejo de la naturaleza humana. Son una fuerza que define la naturaleza humana a través de incentivos integrados en el diseño de los productos”.

Sin filtro: la historia secreta de Instagram“, de Sarah Frier.

Si estáis sin lectura estos días, y os interesa la tecnología y el proceso creativo y empresarial en Silicon Valley, os recomiendo que os hagáis con este repaso periodístico al nacimiento y ascenso de Instagram.

Toque de queda

Nueva York va a aprovechar San Valentín para volver a abrir el interior de sus restaurantes, aunque solo a un 25% de su capacidad. Un respiro para muchos negocios que llevan cerrados desde mediados de diciembre.

De hecho, parece ser que hay bastantes reservas ya para ese 14 de febrero, día de los enamorados de comprar bombones a lo loco. En estos momentos, cualquier oportunidad para llevar a la gente a los restaurantes es buena, imagino.

Mientras, en Grecia, el Gobierno da marcha atrás parcialmente a la apertura de tiendas en Atenas. Los comercios vuelven al sistema “click away” (que es un rollo repollo, ya os comento) en la región de Attica, que concentra el renovado aumento de casos, y en algunas otras zonas del país que también están de lo suyo.

En Thessaloniki, de momento, nos dejan las tiendas abiertas y nos mantienen el toque de queda a las 9 de la noche. También se queda así en las áreas que pasan a rojo, como Atenas. Había debate sobre si adelantarlo a las 6 de la tarde, pero se ha desechado esa idea. La salud mental de todos lo agradecerá.

Así queda pues el mapa de Grecia, dividida en zonas amarillas y rojas. Creo que en algunas zonas rojas sí se ha aplicado el toque de queda desde las 18 horas, pero en Atenas, seguro que no.

Imagen: Makthes.gr

El toque de queda es, de todas las restricciones a las que nos enfrentamos desde ya hace un año casi, la que más interfiere con mi vida diaria. El hecho de salir a dar un paseo con el reloj en mente es terriblemente desmotivador. Sobre todo cuando estás disfrutando de la conversación o del simple hecho de estar en la calle un rato. Si me das a elegir entre tú, la gloria o quitar el toque de queda, tengo clara mi opción.