Substack y el debate no tan novedoso sobre las newsletters.

Está dando mucho que hablar un artículo publicado en el Columbia Journal Review sobre Substack, el servicio de publicación de newsletters que permite a los usuarios implementar membresías de pago.

Una vía de salida para periodistas independientes, especialmente en Estados Unidos, donde también escasea el empleo en las redacciones. Las newsletters se han convertido en una fórmula que puede servir como ingresos extra o incluso como modo de vida completo, gracias a las aportaciones de suscriptores interesados en los contenidos.

Periodistas que cambian de tercio: de los medios a Substack

Hay varios ejemplos relevantes en el periodismo tecnológico y político e incluso algunos boletines convertidos en medios de comunicación de relevancia, como Axios, The Skim o Morning Brew. En realidad, lo que han hecho los tres fundadores de Substack es establecer una plataforma tecnológica que permite a quienes escriben decidir entre distribuir gratuitamente su contenido o proteger todo o parte de él bajo un acceso privilegiado.

Esto, a cambio de una comisión, claro. Recuerda un poco a Medium, aunque el modelo de distribución del contenido y de los ingresos me parece algo más logrado. Bien es cierto que muchos de los substackers no han conseguido que esta sea su principal fuente de ingresos, pero al menos se asemeja a un avance que permite que el esfuerzo de crear un contenido de valor se vea un poco mejor remunerado. Y eso, siendo aún escéptico respecto al modelo de suscripciones, por aquello de la saturación de la oferta, principalmente.

La crítica que hace el CJR a Substack viene precisamente por el lado de la consecución de ingresos. Los mejor pagados se han trasladado a la plataforma después de disfrutar del paraguas de los medios y sus audiencias para darse a conocer y también, considera, existe un sesgo en favor de periodistas blancos y conservadores. ¿Es Substack una plataforma tecnológica o un medio encubierto?, parece decir el perfil que firma Clio Chang.

En un caso y en otro, mi principal pega es que dependes de otros que, a su vez, dependen del capital de los inversores. Si se seca el manantial, se acabó tu puesto de redactor, pero también tu proyecto emprendedor en casa ajena. Es la parte que más me gusta de tener mi blog en un dominio propio, aunque la monetización de este espacio esté lejos de ser un hecho.

Opinión de parte

Como decía al principio, el texto de CJR ha suscitado algunas reacciones encendidas, entre ellas la del periodista tecnológico Ben Thomson, que precisamente obtiene sus ingresos de su conocida newsletter, Stratechery. Thompson considera poco sorprendente que en Columbia no haya pasión por Substack y aconseja a los dueños de esta última el “tener cuidado con personajes que representan a las industrias que están alterando”.

Claro que, aunque todo esto nos parece novedoso, en realidad no es más que otro ciclo de la historia repitiéndose.

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