Lo fuerísima que estoy de los Grammys, y en cambio…

El otro día fue la ceremonia de los premios Grammy de la música en Estados Unidos. Más allá de ese dato, no puedo contar mucho. Me gusta la música como potenciadora de mi estado de ánimo en cada momento, pero no soy un melómano.

Hace muchos años que utilizo Spotify y que me preparo mis listas con las canciones que más me gustan. Casi nunca escucho discos completos, aunque es algo que estoy intentando volver a hacer en las últimas semanas.

Cuando leo los principales ganadores del año en esto de la música, reconozco los nombres, claro, pero no muchas de las canciones. En esto me pasa como con casi todo, que hay demasiado para el poco tiempo que tengo. Y yo soy de esa gente que no escucha música de por sí casi nunca, nomás que cuando estoy haciendo otra cosa. Por ejemplo, ni siquiera me gusta llevar auriculares en la calle, porque prefiero el sonido de la ciudad durante mis paseos.

He escuchado “Folklore”, el celebradísimo disco de Taylor Swift un par de veces el año pasado. También vi en Netflix un documental sobre ella. Me gustan algunos singles, pero no la situaría entre mis artistas predilectas. No creo que sea una cosa de desdén por el mainstream, sino que más bien me tiro al español en esto de las canciones, aunque últimamente conozco numerosos músicos griegos, por razones obvias.

Tampoco te puedo nombrar el título de ningún disco de Beyoncé, aunque su escena cantando “Listen” en “Dreamgirls” es una de mis favoritas del mundo mundial, en lo que se refiere a gente dejándose las cuerdas vocales en una película.

Cuanto poder hay aquí.

Apenas se nada de Megan Thee Stallion. Es posible que haya escuchado alguna canción e incluso que esté en alguna de mis playlists, y sin embargo no la identifico plenamente. En cambio sí que me cautivan los temas de Billie Eilish, aunque te den ganas de meterte a la cama a oscuras con algunos de ellos. Porque lo que triunfa ahora, sabrá usted por qué, suena bajito y depresivo.

Una canción que sí que me priva y he pasado por mis entendederas unas cuantas veces es “Physical”, de Dua Lipa, que también se ha llevado premio este año, por su disco “Future Nostalgia”.

Y, sin embargo, cuando he repasado la lista completa de premiados, me he dado cuenta que hay vida en los Grammys mucho más allá de todo esto. Y que un montón de categorías, que a los medios les interesan menos, dejan de ser comentadas. Álbumes de americana, country, reggae, música clásica y popular… Me apetece mucho, en cambio, sumergirme en todo esto.

De hecho, ayer empecé a escuchar “Atmosphere”, de los New Orleans Nightcrawlers, que me transportó directo al mundo que refleja la excelente y densa serie “Treme”, de David Simon.

A veces, cuando decimos que los premios no expresan nada, nos olvidamos del valor de las listas para descubrir cosas nuevas. Como punto de partida, el compendio de Grammys de este año me va a ser útil para conocer músicos de jazz, dance, latin rock y otros muchos géneros excitantes que aporten nuevas canciones a mi día a día y a mis muy escuchadas playlists. Bien mirado, igual sí que la música es importante en mi vida.

Voy a darle incluso al gospel en las próximas semanas.