Thessaloniki y Coronavirus: así estamos

No hace tantas semanas, cuando Atenas y su zona circundante eran el epicentro de la pandemia en Grecia, se ponía de ejemplo a Thessaloniki (Salónica para los amigos) por el bajo número de casos registrados hasta el momento.

Que algo no cuadraba entonces era evidente a nada que uno se pasease por las calles de la ciudad, donde la observación de las medidas para evitar el follón en el que estamos ahora era mínima. Actualmente, tenemos a Thessaloniki como punta de lanza de los contagios; en torno a los 800 diarios.

Apreturas sanitarias

El tema durante esta segunda ola, aquí y en toda Europa, no está tanto en el número de infecciones, sin embargo, como en la capacidad del sistema sanitario de cada país para hacer frente al COVID durante esta ola pre-invernal. A día de hoy, las UCI de Grecia, y muy en particular las de los hospitales tesalonicenses, soportan una presión agobiante. De 148 camas disponibles para cuidados intensivos, 132 están ya ocupadas, y la positividad en los test anda en torno al 32%. Mucha.

Mientras el hospital militar de la ciudad se prepara para convertir en camas UCI incluso las del refugio antinuclear que hay en el edificio, toda Grecia tiene impuesto el toque de queda entre las nueve de la noche y las cinco de la mañana. A parte de eso, hemos vuelto al sistema de movilidad con SMS mediante, que en la práctica permite circular con relativa normalidad por las calles durante el día. Se envía un número que expone lo que vas a hacer -supermercado, fitness, banco, médico, etc.- y recibes una confirmación que te autoriza en pocos segundos.

Estos días se ven bastantes más mascarillas, no sólo porque sea obligatoria en todas partes, sino porque finalmente en Grecia el virus se ha hecho verdaderamente presente. La primera ola pasó casi de puntillas, pero la segunda está mostrándose a cara descubierta. Especialmente en el norte del país, por estos lares macedónicos.

Más o menos, el cuadro es el mismo que existe en el resto del continente. Servidores públicos en primera línea de contagios, cierta confusión respecto al alcance de las restricciones y la hostelería tirándose de los pelos y sintiéndose en el ojo del huracán todo el tiempo. En Thessaloniki, el alcalde Zervas habla ya de situación de guerra y está sobre la mesa la utilización del palacio de convenciones de la ciudad como hospital de emergencia para pacientes con COVID-19.

Mientras, el personal sanitario se desgañita pidiendo medios y preguntándose, como en buena parte del resto de Europa, porqué no se ha hecho más para reforzar el sistema público de salud durante el tiempo transcurrido entre una ola y otra. No sólo se trata de disponer nuevas camas para las UCI, sino también de dotar de medios que eviten la paralización de unidades hospitalarias que debieran dedicarse a atender pacientes con otras dolencias, en lugar de centrar sus esfuerzos en contener el coronavirus.

Los próximos días

¿Qué viene ahora? Dependerá probablemente de cómo funcionen las restricciones ya impuestas a la población para detener los contagios que, de momento, han ralentizado su expansión pero están lejos de haberse detenido. Por el momento, hay voces ya pidiendo que se cierren las escuelas de Primaria, que aún permanecen abiertas, y se va a restringir algo el horario de los supermercados, que tampoco podrán vender artículos que no sean de primera necesidad, para evitar la competencia desleal a los pequeños comerciantes. También se está planteando el traslado de pacientes desde las áreas rurales peor situadas a hospitales atenienses, mediante aviones Hércules C-130 del ejército.

Si piensan en aplicarnos un confinamiento domiciliario más estricto, todavía no nos han dicho nada.

Thessaloniki: este año no hay feria, pero tendremos mercado en 2021

Thessaloniki, tú antes molabas. O al menos eso dicen en el Parallaxi, que cuenta que desde que se armó el Belén en los Balcanes, allá por los noventa, la ciudad no ha levantado cabeza del todo. La historia siempre es la misma; la misma que me contaban en Magdeburg cuando estuve un año por aquellos andurriales. Desindustrialización, decadencia y nostalgia de tiempos mejores.

Con muchos proyectos en mente, pero pocos en ejecución verdadera, la capital de la Macedonia griega vive con desazón estos días la cancelación de su Feria Internacional (TIF) debido a la pandemia. Un golpetazo para la economía de la urbe que se estima en unos 150 millones de euros que no veremos por aquí. No se paraba el evento desde 1950 (consecuencia de la Segunda Guerra Mundial) y a Alemania, el país invitado de honor, no le ha quedado otra que decir que a ver qué se le va a hacer, claro.

Aparte del TIF, ayer nos dijeron que se cierran los bares y discotecas a medianoche durante doce días, a ver si así el personal se da por aludido en el tema de las mascarillas. De momento, lo que se ha pergeñado en los garitos es abrir antes. A las siete todos con el cubata en la mano y que nos quiten lo bailao, coronavirus mediante.

Por cerrar las novedades en la orilla del pesimismo, los hoteles se persignan cara al futuro, toda vez que ven esfumarse la temporada y el gran evento comercial. Con Halkidiki al 25% de ocupación y la juerga peor considerada que ser bandolero, me dirás tú. La otra gran preocupación es acerca de si se va a comenzar el curso universitario y qué va a pasar con los estudiantes extranjeros que se supone que tienen que venir de Erasmus.

Como no todo va a ser malo, han empezado las obras de reforma del mercado Modiano. De momento, los trabajos de limpieza y, después, lo gordo. Se espera que esté terminado y rechulón para finales de 2021 o principios de 2022. Hoy me he dado un paseo por la parte operativa, porque tengo grandes planes para reducir el precio de mi lista de la compra tirando de mercados y producto local. Pero de lo caro que es comprar en el Massoutis y el Sklavenitis ya hablamos otro día.

El mercado Modiano es principalmente cubierto y la idea es dejarlo en línea con la tendencia actual de mezclar puestos y restauración, con rollito gourmet de por medio. No sé cómo quedará al final, pero las imágenes del proyecto tienen buena pinta:

Igual cuando lo terminen nos cuesta una pechuga de pollo 14 euros, parakaló. Pero, sobre el papel, mola. De otra cosa no podrá presumir Thessaloniki, pero de esfuerzos en el centro, sí. Ya un día, si eso, mejoran el pavimento de Ano Poli o borran una de las 400.000 pintadas, pero eso es otro tema.

El nombre del mercado, así por la tangente, viene de una familia judía de relumbrón y es más bien la denominación popular porque, en realidad, en 1925 cuando se terminó de edificar, lo que pusieron en el frontal fue algo así como “mercado central” y se echaron la siesta tras el esfuerzo en el proceso creativo. El edificio principal no se utiliza y la mayoría de puestos han cerrado, pero en general es una zona que tiene vida alrededor y muy chula para darse un paseo. Si te gustan los mercados, el producto fresco y los vendedores gritones. Si no, pues no se qué haces que no estás leyendo la Cosmopolitan, risión.

He disfrutado de una mañana muy tranquila hoy. Mercado, freddo capuchino del Coffee Island –me krema ke kanela, obviamente- y pasta al ragú para comer en la mejor compañía. Cosas así son las que merecen la pena, la verdad. No hay Instagram que te lo mejore.

El vídeo y el futuro

G/O, la propietaria de, entre otros, Deadspin, Jezebel, Kotaku o The Onion, despidió el pasado viernes a 15 empleados de su departamento de vídeo. Simplemente, van a usar el dinero para otras áreas que ahora mismo les parece que merecen más los recursos.

En Twitter, los comentarios de indignación no se han hecho esperar. Algunos, claro, de los propios afectados. En abril ya hubo 14 despidos justificados por la situación con el coronavirus y el consiguiente descenso de la inversión publicitaria.


Curioso que sea el departamento de vídeo el que ponga los desempleados porque hay sitios más interesantes en los que invertir el dinero. Hasta hace nada nos han venido diciendo en todas partes que el vídeo era el futuro de la comunicación y los medios y que ya nadie leía nada que fuese más largo de 300 palabras.

Esto último, por cierto, yo creo que es cuestión de dispositivos. En el portátil o el móvil cuesta leer un artículo extenso, pero la experiencia mejora en la tablet o, sobre todo, en el libro electrónico. ¿Sabéis que he echado de menos últimamente? El periódico y la revista de papel, por aquello de que te permiten leer un producto ya cerrado en el que puedes poner tu atención sin ir de un enlace a otro, ni distraerte con lo que ha hecho el gato de la vecina. Me da la sensación de que cuando leíamos la prensa diaria de cabo a rabo en un rato acabábamos mejor informados que en la era de la atención descontrolada.

En Grecia no me da aún el idioma como para comprar el Kathimerini o el Parallaxi y apretármelos más allá del titular; ni tampoco me pongo a comprar libros de papel, porque los libros de papel son la muestra clara de que el saber ocupa que te cagas, y que no hay emigrante que resista cargar con ellos. Pero lo de los libros es otro cantar diferente. Ya hemos comentado por aquí algo.

Estamos todos cuarentenosos

El término se lo he cogido a los de “La vida moderna“. Yo en realidad venía aquí a contar que he hecho un cambio importante en mi vida, que llevo una semana viviendo en Grecia, en Thessalonikki, y que me encanta pasar los días en una ciudad con mar. Porque soy de esa gente que escribe y a la que le encanta hablar de su libro; figurativamente hablando, ya que paso de escribir nada más largo de un post de mil palabras en estos tiempos en los que te publica un manual de epidemiología hasta el más tolay de la fiesta.

Habrá tiempo de contar sobre mi nuevo hogar -para un periodo medianamente largo, espero-, sobre el trabajo, las decenas de bares chulos, los perros callejeros que deambulan por la city y sobre la gente nueva que voy conociendo día a día. Pero, de momento, lo mejor es simplemente desearos que os cuidéis los unos a los otros, que cuidéis también de nuestra España querida y que aguantéis estos días de reclusión para salir luego con más fuerza si cabe. Habrá mucho que reflexionar después de estas semanas de gripe que era como una gripe pero no es una gripe.

Por si os lo preguntábais -y si no da igual, porque este es mi blog y aquí digo yo de lo que se habla como Dios está mandao- en Grecia están todos los bares y restaurantes cerrados desde ayer sábado. Tan sólo resisten los take away y algún kebab furtivo. Aunque los casos de infección son, hasta ahora, muchos menos que en España o en Italia, el gobierno griego trata de aprender de los errores de sus compañeros mediterráneos y ha comenzado a implementar desde ya las medidas necesarias para intentar contener esta epidemia de película de Hollywood. Ni teatros, ni cines, ni museos, ni universidades hasta nueva orden. Ojalá pase todo pronto. Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera.