Warner, HBO: la que hay liada en el streaming

El anuncio de Warner de que en 2021 va a lanzar sus mejores estrenos simultáneamente en cines y en la plataforma de streaming HBO Max ha provocado un terremoto en el sector, con Christopher Nolan en cabeza de quienes están cabreados como una mona con el tema.

Diecisiete películas, por lo menos, van a ver la luz bajo este sistema de exhibición y a Nolan, que lleva colaborando con Warner desde Batman Begins (2005), le ha faltado tiempo para criticarlo a lo loco: “algunos de los mayores cineastas de nuestra industria y de las estrellas más importantes se fueron a la cama pensando que trabajaban para el mejor estudio de cine y descubrieron al despertarse que estaban trabajando para el peor servicio de streaming”. El director de “Interstellar” no le ve el sentido económico a la decisión y, por supuesto, tampoco el artístico.

Mulán abrió la veda

Los ejecutivos, en cambio, sí le encuentran significado a estrenar directamente en HBO Max, que acaba de alcanzar los12,6 millones de suscriptores este diciembre. En las cumbres de Warner creen que los tiros del público van por ahí, y también parecen opinar lo mismo las otras majors, que poco a poco van enseñando la patita a este respecto, una vez que Disney se tiró a la piscina con el Acceso Prémium para ver “Mulán Live Action” hace unos meses en Disney+.

Particularmente, hace mucho que me alejé de eso que llaman algunos “la experiencia cine”. Quitando algunos estrenos de relumbrón, ir al cine hoy en día supone pagar una entrada para compartir habitáculo con gente que hace ruido y que está pendiente del móvil. A veces he disfrutado de ir a la última sesión del lunes en Guadalajara, que tienes la sala para ti solo, casi. Pero lo cierto es que las pantallas de casa ya tienen un tamaño suficiente como para que no se eche tanto de menos el patio de butacas.

Cuestión de dinero

Otra historia es cómo afecte este seísmo en las ventanas de exhibición al reparto del dinero. Las negociaciones salariales de “Wonder Woman, 1984”, por ejemplo, han sido a cara de perro, con los agentes exigiendo para Gal Gadot y Patty Jenkins una cifra similar a la que hubiese correspondido a un estreno en cines por comisión de la venta en taquilla, una vez Warner hubiese recuperado lo invertido. Al final, el NYT dice que se van a llevar alrededor de 10 millones de dólares cada una por la película.

Además, la oferta de la cartelera cada vez es más y más conservadora, así que no compro el argumento de que se arruina la obra de los creadores. Los artistas del cine se han ido ya al streaming, muchos de ellos. El último David Fincher, que ha estrenado directamente “Mank” con Netflix. Las salas de cine acogen únicamente estrenos palomiteros destinados al público de masas. Que está muy bien. Yo también voy. Pero que no me vendan que se pierde el arte.

Ese segundo pago se perdería, en principio, con el desembarco de los superestrenos en las plataformas y mucho tiene que ver con el cabreo generalizado, barrunto.

También ha rajado del tema Dennis Villeneuve, uno de mis directores favoritos y que está pendiente de estrenar Dune, cuyo coste ha sido en parte financiado por Legendary Entertainment, nada contenta asimismo. No les compro tampoco a ellos el tema del artisteo y la pantalla grande.

El contenido no es el rey, tampoco en Warner

Al final, manda quien manda en esto, que es AT&T, propietaria de Warner y, por ende, también de HBO Max. El conglomerado de telecomunicaciones no está especialmente interesado en las opiniones del artisteo y sí en fidelizar clientes de líneas telefónicas. La industria del entretenimiento está en plena disrupción y, lo mismo, el futuro de los cines es convertirse en una especie de parques temáticos para grandes estrenos, como apunta Emilio Doménech en un hilo enorme de Twitter:

https://twitter.com/Nanisimo/status/1337380030842859523

Y, Christopher, querido… Decir que HBO es la peor plataforma… Tápate Nolan, tápate. La peor app sí, eso también os lo digo.

Dune

Del tráiler de la nueva “Dune”, de Dennis Villeneuve -3 minutazos ¿Por qué nos hacen esto las productoras?- me quedo con Zendaya, con la mano del propio Villeneuve y con que peor que la adaptación de David Lynch, un pestiño insufrible, no puede ser.

El canadiense es uno de mis directores actuales favoritos y él mismo ha contado, así un poco a la remanguillé, que la historia necesitaba otro punto de vista diferente y más adaptado a estos tiempos. Vamos, que la novela de Frank Herbert merecía mejor fortuna. No tengo ni idea de si eso es así, no la he leído.

Por nombres, desde luego, no va a ser. A la firma de Villeneuve y la estela de mi adoradísima Zendaya -qué ganas de que vuelva Euphoria en HBO- hay que añadir a Jason Momoa, Javier Bardem, Timothée Chalamet, Oscar Isaac, Dave Bautista, Josh Brolin o Charlotte Rampling, más la música de Hans Zimmer que, por lo visto, pasó de la última de Nolan para hacer esta.

Hay que esperar al final de 2020 para ver esta superproducción de ciencia-ficción en el año de más ciencia-ficción de nuestras vidas. Porque lo de estos doce meses -los ocho que llevamos y los cuatro que nos quedan- no hace mucho lo hubiésemos puesto en la estantería de imposibles, al ladito de Starship Troopers.

Personalmente mis recuerdos de Dune se van más al videojuego aquel de Dune II, en la era en la que podía comprarme revistas de videojuegos y soñar con llegar a jugarlos algún día. Jamás jugué a aquel Dune y ya no creo que lo haga, porque soy de la opinión de que los videojuegos envejecen malamente en líneas generales. A día de hoy me chirrían los gráficos de Baldur’s Gate y nadie en este mundo ha sido más friki de Baldur’s Gate que yo, creedme.

La película en sí promete. Porque es épica y lo épico mola. Lleva molando desde tiempos inmemoriales. Desde antes de que Sócrates se bebiese la cicuta como un opositor ruso cualquiera. Ahora todo blockbuster que se precie tiene que ser muy épico y muy largo. Largo de la hostia. Si la historia se desarrolla en menos de dos horas y media parece como que has pagado mal. Eso en una época en la que un vídeo de diez minutos nos da pereza. Yo lo que me ha gustado una película lo mido ya en las veces que miro el móvil durante el metraje. Y en las cabezadas que doy, porque ya soy un señor de 37 años, y se nota.

Hablando de películas, el otro día vi “Mi gran boda griega“. Me encantó y me fascinó a partes iguales. Más que nada porque me di cuenta de que si hubiese visto el filme hace, por ejemplo, dos años, no lo hubiese entendido ni la mitad de bien. Ni me hubiese reído igual. Pero esto ya es otra historia. ¡Opa!