Duchas frías y pensar demasiado

Dice Annalisa Barbieri en The Guardian que disfruta del hecho de pensar demasiado. De ser lo que los angloparlantes llaman una overthinker. Aunque pueda ser agotador y, creedme, lo es. Lo sé por propia experiencia.

Entre los síntomas que te puede crear el sobreanalizarlo todo -además de la conocida parálisis por análisis– están «el insomnio, la pérdida de capacidad de concentración y la falta de energía», según explica Pia Callesen en un artículo bastante menos complaciente con el asunto en la web Psyche.

Si bien un poco de planificación está bien, el pretender hacer micromanagement de la vida al completo es un error que he sufrido en carne propia. Suelo llevar un cuaderno escrito a boli con las tareas y objetivos a cumplir durante la semana. Es una práctica que llevo ejecutando ya varios años.

El caso es que el esquema principal ha ido variando durante todo ese tiempo hasta uno minimalista en el que únicamente me preocupo de cumplir las pocas cosas relevantes. Es mucho más efectivo, pero para llegar hasta ahí tuve que pasar por una fase de pretensiones irrealizables, terriblemente detalladas por escrito en garabatujos a bolígrafo.

Cómo no, mi actual sistema llegó tras una fase de pensar compulsivamente en qué hacía que el anterior fuese ineficaz y de qué manera podría cambiarlo. Al final se te va ocurriendo algo, tras unas fértiles noches de discurrir de tres a seis de la mañana.

Luego está cuando trasladas ese proceso de sobreanálisis a cada situación de tu vida, lo que convierte el día a día en algo agotador. Dejar la mente en blanco se convierte en un sueño mayor que el nirvana. Así llegas a la meditación y al yoga. A aprender a «dejar ir los pensamientos» tal y como llegaron.

Con el yoga, también he aprendido que soy la persona menos flexible del universo, pero eso lo dejamos aparte. Tengo esperanzas de mejora.

Para dejar la mente en blanco, Barbieri dice que, disciplinas trascendentes aparte, lo que mejor le va a ella son las duchas frías:

«Empieza lento pero intenta aumentar gradualmente hasta dos o tres minutos en agua a menos de quince grados. Las duchas frías tienen todo tipo de beneficios para la salud y la psicología, pero en esos tres minutos, no pienso en ninguna otra cosa. El paraíso.»

«Why I’m glad that I’m an ‘overthinker’». Annalisa Barbieri, The Guardian. 4/7/2021.

Lo del frío también dice Marcos Vázquez, el de Fitness Revolucionario, que va muy bien para todo. Yo lo intento, enserio. Alguna vez. Y no os digo yo que puedas pensar en otra cosa, pero estoy muy lejos de llevar esta práctica a los dos o tres minutos. Lo mío es ducharse en agua de cocer pasta. A quince mil grados. Aunque fuera se derritan las farolas del calor que hace.

Debería igual darle una vuelta a esto de las duchas frías. Pensaré en ello.