Navidad fuera de España y nieves de enero

Ha sido una Navidad atípica. La primera que no paso con mi familia, también. En otra ocasión, que también estuve fuera, sí que volví; como el de El almendro. Esta vez, no. Los aviones, las restricciones, las PCR’s… Los contagios… Navidad fuera de España.

Al menos he pasado todas las fechas importantes con gente estupenda. No me quejo, no han sido unas fiestas solitarias. Y comimos y bebimos hasta hartarnos, que es lo bonito de las celebraciones.

Thessaloniki es bonita en Navidad. Las calles del centro estaban llenas de luces y en mi barrio, en general, hay esfuerzo en adecentar las fachadas para la ocasión. Seguimos en lockdown, eso sí. Va ya para tres meses la cosa. Ni tiendas, ni bares, ni Cristo que lo fundó en fechas tan señaladas.

Mientras en España nieva como si no hubiese un mañana, en Macedonia Central disfrutamos anoche de unos dadivosos 17 grados. Diciembre y enero están siendo soleados y no excesivamente fríos. Guadalajara, mientras, espera diez grados bajo cero para este lunes. Lo nunca visto.

Así da gusto el invierno

Ahora todo el mundo se acuerda de 2009, que también nevó bastante. Yo estaba en el pueblo y vinieron a “rescatarme” con un todoterreno para poder ir a Guadalajara a salir de fiesta. Porque entonces, doce años ha, salir de fiesta era una religión. Ahora, como en las iglesias, da la impresión de que hay menos gente o de que se sale distinto. Aunque esto último igual es sólo que voy a cumplir 38.

En casa, en la de Grecia, acabamos de quitar unas luces que compramos en el mercado de Aristotelous, a deshoras ya casi. Las pusimos para Nochevieja, circundando la puerta acristalada que da al balcón. Un espectáculo de colorines tintineantes por cinco euros. Instalé más o menos otras blancas, que duraron un suspiro antes de dejar de funcionar.

Mi primera intentona por emular aquella película de Chevy Chase en la que iluminaba a tope la fachada de la casa, ha sido fallida. El año que viene pongo hasta renos.

Al menos pudimos comprar las luces, porque para esta Navidad han podido abrir las peluquerías -ahora,de nuevo chapadas- pero también las tiendas especializadas. En la nueva normalidad te puedes comprar un Santa Claus de peluche, pero no una sartén para la cocina.

Lo mejor de esta Navidad es que en Grecia acabamos 2020 una hora antes, si nos regimos por el huso horario de España. Luego, a la media hora, se fue la luz en todo mi barrio. A la una nos tomamos las uvas con las Anas – o las Annes- a la luz de las velas y mirando la pantalla del móvil. Bienvenido, 2021.

El 1 de enero, en cambio, sí fue bastante tradicional. Encargamos unos churros y una bugatsa. La bugatsa bien, porque es lo de aquí. Los churros, reguleros. Eché de menos los de La Giralda, en Guada. Y descubrí una cosa muy fuerte en el NYT: que hay galletas Oreo con sabor a churros. Apropiación hipertensorial.

Aunque lo tradicional en Grecia es comerse la basilopita – el bollo de San Basilio- el primer día del año, yo ya me hice con esa experiencia a mitad de diciembre. Me tocó la sorpresa y todo.

Compre la basilopita en el Sklavenitis y os puedo decir fehacientemente que sabe exactamente igual que el roscón del Lidl. Hay por ahí un Papá Noel de las masas que reparte la misma para hacer repostería en todo el mundo.

Y como último apunte, he estado viendo estas Navidades una serie bastante mamarracha de bailarinas y bailarines, en Netflix. “Delicadas y crueles” se llama la cosa. Pero de esto ya hablaremos en el “últimamente he visto” de enero, porque aún no la he terminado. Voy a paso de tortuga con ella.

De la Lotería de Navidad tampoco hablo. Otro año que nos toca salud, y casi ni eso.

Que tengáis un 2021 legendario.

Cocinas fantasma


[…] se junta el hecho de que cada vez se tienen menos hijos y de que las casas son cada vez más caras, por lo tanto parece lógico pensar que en algún momento se empezarán a sacrificar espacios dentro de las mismas: la teoría de Keatz es que la cocina será uno de los espacios más afectados.

Pablo Ventura

Me parece muy interesante el modelo de negocio de Keatz, basado en los restaurantes fantasma, esto es, una cocina central que prepara y envía directamente a los clientes -a través de empresas de reparto a domicilio- la comida que estos han solicitado a una de las múltiples marcas de restauración que mantienen a un coste mucho menor, y con mayor capacidad para rotar o cambiar las que no funcionen.

Aquí lo cuenta muy bien Pablo Ventura, de K Fund. Y también lo hacen en este podcast Carlos Maribona y Joaquín Mencía.

Particularmente, a mí me encanta preparar mi propia comida en casa, pero entiendo las razones de quienes no tienen tiempo ni ganas. La tendencia parece ser que favorece al delivery, aunque me cuesta creer que vayamos a una frecuencia de pedidos como la que ambicionan las empresas del sector. Se habla incluso de cuatro o cinco veces por semana ¿Mucha tela, no? Culturalmente me choca muchísimo perder el ritual de hacer la comida o la cena, aunque también disfrute de encargar esta alguna que otra vez.

Mi parte favorita, eso sí, es la diversidad de producto que aportan al panorama del “para llevar”, puesto que van más allá de las manidas hamburguesas y kebabs -o de la clasicorrísima comida cantonesa- para proponer el poke, los burritos o las ensaladas, entre otras cosas. En Guadalajara todavía no nos llegan estas modernidades pero, mira, hasta hace no tanto tampoco nos traían sushi a domicilio, que era un problema del primer mundo que nos acuciaba entre derrumbe y derrumbe en el casco histórico. Sin ironías lo digo ¿Eh? Enserio.

Marcas de Keatz en España

Yo siempre he dicho que a Guada le hace falta un restaurante mexicano y otro griego. A ver si en Keatz se fijan en este rincón perdido de Hispanistán y nos traen algo de eso. Ahora, una cosa os digo, mi cocina ni se toca. Me aferro a cada metro cuadrado como Charlton Heston al fusil.