Desobedecer a la economía de la atención

Si hay un término en el mundo del entretenimiento que se ha popularizado como ningún otro es el de la “economía de la atención“. Con él nos referimos a un ámbito competitivo en el que, dado que nuestro tiempo de ocio responde a un juego de suma cero, la oferta de actividades recreativas y contenidos, casi infinita, intenta hacerse con al menos un retazo de nuestras vidas. En definitiva, que no podemos hacerle caso a todo y nos toca priorizar unas opciones frente a otras.

El exceso de oferta genera ese efecto de ansiedad que se conoce en el mundo anglosajón como FOMO (Fear of missing out): el miedo a perderse algo. Y es que si ahora que termina 2020 nos ponemos a escudriñar en las listas de lo mejor del año, descubriremos que, en realidad, es imposible que no nos perdamos casi todo.

Frente a eso que yo llamo bulimia audiovisual -aunque podríamos extenderlo a las redes sociales, el fitness, los libros, los medios de comunicación; la música o cualquier otro sector del tiempo libre-, me viene bien lo que Jennie Odell propone en su libro “How to do nothing”, casi como un acto de resistencia.

“Desobediencia civil en la economía de la atención significa retirar esa atención […] e invertirla en otra parte, para agrandarla y multiplicarla, para mejorar su agudeza”.

Jenny Odell. “How to do nothing: Resisting the Attention Economy“.

Hay veces que es conveniente refocalizar nuestra atención. En los últimos meses trato de informarme con menos fuentes, pero mejores. De seleccionar mejor lo que veo, lo que escucho y donde voy o no con mejor criterio. Y mejor criterio significa no sólo buscar la calidad, sino descubrir también que es lo que me gusta y me interesa de verdad. Porque nos pasamos la vida intentando encajar lo que pensamos que debería ser en lo que es. Y la cosa va al revés.

Si algo he aprendido en 2020, es a descartar en todos los ámbitos. Y a apreciar más lo que se queda. Lo que se tiene que quedar.

Dice Odell en su libro que, “en el corto plazo, las distracciones nos pueden apartar de hacer las cosas que queremos hacer. En el largo plazo, en cambio, pueden acumularse y apartarnos de vivir las vidas que queremos vivir, o, incluso peor, socavar nuestras capacidades para reflexionar y autocontrolarnos, haciendo más difícil, en palabras de Harry Frankfurt, <<querer lo que queremos querer>>”.

El exceso brutal de opciones paraliza. Cada vez tengo más claro que reducir esas opciones es, no sólo una fórmula mágica para satisfacer mejor nuestras necesidades, sino también una cuestión de salud mental.

También es importante encontrar puntos de interés comunes con las personas que tenemos cerca. Y si no, siempre podemos hablar del tiempo.

“El hecho de que hablar del tiempo sea un cliché para iniciar una charla trivial, es en realidad un intenso recordatorio de esto, dado que el tiempo metereológico es una de las únicas cosas a las que todos sabemos que cualquier otra persona debe también prestar atención”.

Jenny Odell. “How to do nothing: Resisting the Attention Economy“.

Mis libros favoritos en 2020

Hoy han salido dos listas de libros recomendables. Una es la de Maria Popova. Extensa y variada, como de costumbre.

La otra es la de The Paris Review. Y con estas ya tenemos lectura para lo que nos queda de vida.

No he leído demasiado este año y tampoco muchas cosas relevantes. Ha sido un 2020 raro, también en la cosa lectora. Entre mis libros favoritos, disfruté mucho la biografía de Phillip K. Dick que escribió Carrere.

También leí a Sally Rooney para no ser el único en el mundo que no lee a Sally Rooney. Me gustó “Conversaciones con amigos”, así que buscaré la forma de hacerme con “Gente normal”. Echo de menos la maravillosa biblioteca de Guadalajara.

Aprovecho para recordaros que la biblioteca de Guada tiene una mesa de novedades que deberíais visitar con extrema religiosidad.

En Thessaloniki, aún no he podido visitar la biblioteca con tanta pandemia. Espero que tengan una buena colección en inglés. En Public, que ya os he contado alguna vez que es como la FNAC de aquí, tienen bastante oferta, pero me gustaría evitar comprar libros físicos por el momento.

Además de esos dos, también puedo recomendaros la biografía de Leonardo da Vinci que publicó Walter Isaacson. Muy amena y bien explicada. Y, para terminar ,”How to do nothing“, de Jenny Odell, aunque el último tramo del libro me interesó menos.

Otros libros que he leído en este año

  • “De cero a uno”, de Peter Thiel. Qué ego de dimensiones cósmicas tiene este señor, la verdad.
  • “El cielo según Google”, de Marta Carnicero.
  • “No tengo tiempo”, de Jorge Moruno”.
  • “Vida 3.0”, de Max Tegmark.
  • “Mis viajes con Epicuro”, de Daniel Klein. Bastante entrañable, aunque me dijo poco más.
  • “The fine art of confident conversation”. Esperaba otro desarrollo.
  • “Me cago en Godard”, de Pedro Vallín. Se lee bastante rápido y me llamó la atención el punto de vista. Coincido bastante en que hay mucha pose y divismo en el cine de autor.
  • “El sutil arte de que (casi) todo te importe una mierda”, de Mark Manson. Suelo leer el blog de Manson y compré el libro para Kindle. Me entretuvo y, con él, pague mi cuota anual de libros de desarrollo personal.
  • “The age of the infovore”, de Tyler Cowen. Aunque venía yo buscando otra cosa aquí, suelo leer Marginal Revolution, el blog de Cowen y me interesó parte de esta visión diferente sobre el autismo.
  • “Notas desde mi cabaña de monje”, de Kamo No Chomei. De este ya he hablado alguna vez en el blog. Ayer, sin ir más lejos.
  • “El amor dura tres años”, de Frederic Beigbeder. Me gustó más “13,99 euros”. Pero igual es porque estoy en un momento de menor cinismo en mi concepción del amor.

Ahora estoy leyendo “Sin filtro: la historia secreta de Instagram“, de Sarah Frier. Estoy bastante sumergido en la movida que cuenta, desde el principio de los tiempos de la red social. Pero no os digo nada más hasta que no lo termine.