Mi dieta audiovisual de febrero 2021

Ahora que tengo tiempo, vengo con la entrega de aquellas películas y series que vi el mes pasado. La lista de enero, la podéis leer aquí.

Películas que vi en febrero

Yo, dragón: Una leyenda rusa de princesa y dragón que se convierte en una historia de amor bastante previsible y anodina. Bastante influencia de la saga “Crepúsculo”, veo yo aquí. Flojérrima. (3/10).

Felicidad: un estreno de Amazon Prime Video con Owen Wilson y Salma Hayek que podría haber llegado a bastante más, pero que se queda a medias. El tramo final languidece cuando las contradicciones de la historia se van acentuando, pero los actores están bien y no es, desde luego, tan mala como algunos la ponen por ahí. Entretenida y menos sesuda de lo que le gustaría. (6/10).

I care a lot: Estupendo estreno de Netflix. Rosamund Pike, como de costumbre, se sale de la pantalla interpretando a una auténtica tipeja amoral que se ve envuelta en un follón de narices por querer morder más de lo que puede tragar. El final es bastante cuestionable, pero el resto de la película engancha mucho. (8/10).

Nación salvaje: Esperaba más de esta película de la que se habló mucho en su estreno, hace ya un par de años y que es un poco “too bloody for my taste”. Va de menos a bastante más y cuanto menos se toma en serio, mejor funciona la historia. El tramo medio es tedioso y, aunque entiendo el mensaje que quiere transmitir, no me llega completamente. La banda sonora es excelente. (6/10).

Tucker & Dale contra el mal: Comedia de terror con algunos gags verdaderamente divertidos. Si veis el tráiler os estropeará parte de ellos. Una pandilla de chavales que van de acampada confunden a un par de paletos con asesinos en serie. Consiguió que me riera a gusto, y eso es algo que normalmente no encuentro en las comedias actuales con facilidad. (7/10).

Series que vi en febrero

Wandavision (Disney+): Aunque ha terminado en marzo, como ya la he visto entera, me permito opinar. Una apuesta narratviva diferente que se agradece en el Universo Marvel. Elizabeth Olsen se carga el peso de todo sobre los hombros con mucho éxito. Homenajes televisivos, villanos decentes y buen ritmo narrativo. Bonica del tó. (8/10).

The Flight Attendant (HBO): Me la vi casi del tirón. Ligera, divertida y además, engancha con su historia de crimen misterioso. Alguna trama secundaria, en cambio, no pinta mucho. Kaley Cuoco demuestra que puede hacer un papel protagonista más allá del rol de comparsa que le daban en The Big Bang Theory. (7/10).

Westworld – Temporada 3 (HBO): Las dos primeras temporadas de Westworld me fliparon bastante. Esta tercera, ya fuera de los parques temáticos, me ha interesado bastante menos. La historia, aunque acumula algunos momentos de emoción, pierde cuando se enmarca en el “mundo real” y estoy un poco aburrido de algunos de los personajes. Empacho de Dolores. (7/10).

Channel Zero – Temporadas 1 y 2 (HBO): Es una serie de terror británica en la que cada temporada de seis episodios se relata una historia. Hay cuatro y he visto la mitad, aunque no creo que continúe. La primera, “Candle Cove” (6/10) logra mantener la intriga inicial y se ve de un tirón. La segunda, “La casa sin fin” (4/10), se me atragantó muchísimo y la terminé casi a saltos.

Monólogos

“Odio”, de Dani Rovira (Netflix): aunque últimamente no me siento muy cercano a los monólogos cómicos, vi esta novedad porque Rovira me parece en general muy gracioso y por darle una oportunidad a la oferta de este tipo en castellano, que no es tanta en las plataformas. En general, es un show irregular -un poco chabacano en algún momento-, aunque tiene momentos de buena risa. El final, con ese ejercicio de comparación entre Hugh Jackman y el propio Rovira, es lo que más me gustó. (7/10).

No te leas todo el contenido. Sáltate lo que quieras.

Quizá esto os ayude a lidiar con la economía de la atención, la ansiedad, el FOMO y todas esas cosas. Os han mentido toda la vida: las obras culturales, eso que ahora llamamos “contenidos”, no se consumen de forma lineal.

Con la excepción de algunas novelas de ficción (nah, qué va… También esas), el resto de trabajos que forman parte de esa brutal avalancha de canciones, películas, libros, etc. que sufrimos hoy en día, se pueden consumir total y absolutamente como os dé la gana. Estáis en vuestro derecho.

Ten claro lo que quieres

Habrá quién os diga que es el creador quien dicta cómo ha de consumirse su producto o de qué forma escuchar tal o cual conferencia. No es cierto. Sois vosotros quienes tenéis que hacer el esfuerzo necesario de no hacer esfuerzos innecesarios, ni para trabajar, ni para divertiros.

¿Alguna vez os han recomendado una serie añadiendo que “lo bueno” empieza, por ejemplo en la segunda temporada? Bien, pues saltaos lo malo. Pasad de la primera tanda de episodios. Haced lo mismo con canciones que os gusten. Escuchad sólo los fragmentos que os interesen. Y con los vídeos de Youtube, igual.

Si tenéis necesidad de resolver una duda, escoged el libro o el documental que puede ayudaros a resolverla e id directamente a la parte que os interesa. El índice es vuestro amigo. Si lo que queréis es divertiros, escoged en función de la sipnosis y, bueno, saltaos las partes que os aburran.

Ahora, Netflix permite reproducir a 1.25x o a 1.5x. Hay a quien no le gusta. Bueno, yo me he dormido muchas veces viendo una serie o una película durante unos minutos y, no he sentido necesidad de volver atrás. Me he puesto al día enseguida. Tampoco tengáis miedo de abandonar a la mitad o de ir directamente al final.

Móntate tú la película

Este artículo de @theseamedpencil señala que los nuevos ensayos están llenos de “ejemplos repetitivos, historias relacionadas (y no del todo necesarias) y cuestiones personales excesivamente detalladas.” Muchos son, simplemente, extensiones exageradas de artículos de prensa.

Lo mismo ocurre con las películas. Decenas de blockbusters de dos horas y media en los que al menos una hora es puro relleno para contentar a quienes sólo ven justificado el precio que pagan en función de la extensión del documento. Sáltate sin piedad escenas. Sé el editor de tu película favorita.

¿Sabéis aquello de “muévete rápido y rompe cosas”? Aplicadlo a vuestro consumo cultural. Cuando algo os guste mucho, disfrutadlo entero. Si únicamente estáis de paso, que no os dé vergüenza ver/leer/escuchar cinco minutos y a otra cosa. El tiempo es limitado, el contenido, no.

Lo mismo con las noticias. Cuando no te queda más remedio que leer la prensa, escanea sin miedo. Si encuentras una pieza deliciosa, disfrútala. Si es una información que únicamente te interesa superficialmente, busca los datos relevantes. El periódico también está lleno de paja.

Es posible que oigas una voz dentro de ti: es tu conciencia. Está programada para hacerte sentir culpable por saltarte parte del contenido. Pasa de ella.

Igual podría llamar a esto “movimiento flash forward” y hacer tazas existencialistas.

Por cierto ¿Has leído este post de principio a fin? Espero que lo hayas disfrutado. Si no, haber empezado por el final o haberte quedado en el título: no consumas contenido linealmente.

Estos son los contenidos más populares en las plataformas de streaming… y no he visto casi ninguno

Nielsen 2020 list

Pues estos son los shows que dice Nielsen que son los más populares entre los suscriptores de las diferentes plataformas de streaming en Estados Unidos (Netflix, HBO, Prime Video, Hulu…).

No he visto nada de las dos primeras columnas a excepción de la primera temporada de “The Mandalorian” y unos capítulos sueltos de “Lucifer”.

En el apartado de películas, alguna cosa más. “Moana” y “Zootopia” son estupendas. “Frozen II” y “Aladdin Live Action”, en cambio, no me dicen nada. Soy contrario totalmente a la moda esta de recauchutar los clásicos Disney en carne y hueso. Empecé a ver “Hamilton”, pero tampoco la terminé. Se me hacen bola los musicales, si no son en directo.

Mi gusto es muy poco mainstream se conoce.

Vía TechCrunch.

Navidad fuera de España y nieves de enero

Ha sido una Navidad atípica. La primera que no paso con mi familia, también. En otra ocasión, que también estuve fuera, sí que volví; como el de El almendro. Esta vez, no. Los aviones, las restricciones, las PCR’s… Los contagios… Navidad fuera de España.

Al menos he pasado todas las fechas importantes con gente estupenda. No me quejo, no han sido unas fiestas solitarias. Y comimos y bebimos hasta hartarnos, que es lo bonito de las celebraciones.

https://twitter.com/jm_guada/status/1342029119102455810

Thessaloniki es bonita en Navidad. Las calles del centro estaban llenas de luces y en mi barrio, en general, hay esfuerzo en adecentar las fachadas para la ocasión. Seguimos en lockdown, eso sí. Va ya para tres meses la cosa. Ni tiendas, ni bares, ni Cristo que lo fundó en fechas tan señaladas.

Mientras en España nieva como si no hubiese un mañana, en Macedonia Central disfrutamos anoche de unos dadivosos 17 grados. Diciembre y enero están siendo soleados y no excesivamente fríos. Guadalajara, mientras, espera diez grados bajo cero para este lunes. Lo nunca visto.

Así da gusto el invierno

Ahora todo el mundo se acuerda de 2009, que también nevó bastante. Yo estaba en el pueblo y vinieron a “rescatarme” con un todoterreno para poder ir a Guadalajara a salir de fiesta. Porque entonces, doce años ha, salir de fiesta era una religión. Ahora, como en las iglesias, da la impresión de que hay menos gente o de que se sale distinto. Aunque esto último igual es sólo que voy a cumplir 38.

En casa, en la de Grecia, acabamos de quitar unas luces que compramos en el mercado de Aristotelous, a deshoras ya casi. Las pusimos para Nochevieja, circundando la puerta acristalada que da al balcón. Un espectáculo de colorines tintineantes por cinco euros. Instalé más o menos otras blancas, que duraron un suspiro antes de dejar de funcionar.

Mi primera intentona por emular aquella película de Chevy Chase en la que iluminaba a tope la fachada de la casa, ha sido fallida. El año que viene pongo hasta renos.

Al menos pudimos comprar las luces, porque para esta Navidad han podido abrir las peluquerías -ahora,de nuevo chapadas- pero también las tiendas especializadas. En la nueva normalidad te puedes comprar un Santa Claus de peluche, pero no una sartén para la cocina.

Lo mejor de esta Navidad es que en Grecia acabamos 2020 una hora antes, si nos regimos por el huso horario de España. Luego, a la media hora, se fue la luz en todo mi barrio. A la una nos tomamos las uvas con las Anas – o las Annes- a la luz de las velas y mirando la pantalla del móvil. Bienvenido, 2021.

El 1 de enero, en cambio, sí fue bastante tradicional. Encargamos unos churros y una bugatsa. La bugatsa bien, porque es lo de aquí. Los churros, reguleros. Eché de menos los de La Giralda, en Guada. Y descubrí una cosa muy fuerte en el NYT: que hay galletas Oreo con sabor a churros. Apropiación hipertensorial.

Aunque lo tradicional en Grecia es comerse la basilopita – el bollo de San Basilio- el primer día del año, yo ya me hice con esa experiencia a mitad de diciembre. Me tocó la sorpresa y todo.

Compre la basilopita en el Sklavenitis y os puedo decir fehacientemente que sabe exactamente igual que el roscón del Lidl. Hay por ahí un Papá Noel de las masas que reparte la misma para hacer repostería en todo el mundo.

Y como último apunte, he estado viendo estas Navidades una serie bastante mamarracha de bailarinas y bailarines, en Netflix. “Delicadas y crueles” se llama la cosa. Pero de esto ya hablaremos en el “últimamente he visto” de enero, porque aún no la he terminado. Voy a paso de tortuga con ella.

De la Lotería de Navidad tampoco hablo. Otro año que nos toca salud, y casi ni eso.

Que tengáis un 2021 legendario.

Las mejores series de 2020 (y las películas)

Ha llegado diciembre y, con él, las listas de lo mejor del año. Uno de mis pasatiempos favoritos.

El New York Times ya ha compartido la lista de las mejores series de 2020. “What we do in the shadows” es lo único de aquí que he visto, y me flipa. Es muy divertida. Echo de menos comedias que de verdad te hagan reír y, en este caso, no me han defraudado las dos temporadas que se pueden ver en HBO.

En el apartado de shows de fuera de Estados Unidos, el NYT mete la española “Patria” (también en HBO), que me gustó mucho.. En las que terminaron ya este año, le tengo manía a BoJack y “The Good Place” se me atragantó en la tercera temporada. Una pena, porque las otras dos me engancharon muchísimo y me las vi del tirón hace un par de años.

Las mejores series del 2020, para mí, han sido:

Gambito de dama (Netflix)

– Patria (HBO)

-Lo que hacemos en las sombras (HBO). En Filmaffinity dice que es de 2019 pero yo la he descubierto a fondo en la segunda temporada y me vale.

-La maldición de Bly Manor (Netflix)

-Devs (HBO)

-El Visitante (HBO)

-El Gran Imperio Otomano (Netflix)

Muy repartido, como veis. Con año de producción 2020 no he visto nada más que merezca la pena, aunque quizá podría entrar en la lista “El espía” (Netflix), la miniserie de Sacha Baron sobre un infiltrado israelí en Siria, que está muy emocionante. También podría añadir igual “The Mandalorian” (Disney Plus). Y ya.

Por otra parte, Cahiers du Cinema también ha seleccionado las mejores películas de 2020. Sólo he visto “Uncut gems” (Netflix), que me desasosegó profundamente y me desalineó los chakras. Pero está bien.

He visto muy pocas películas de este año, verdaderamente. Mi lista igual podría incluir “Vampiros del Bronx“, que es una simpática comedia de terror en Netflix. Me interesó más o menos “La caza“, una producción de Blumhouse con guión de Damon Lindelof que daba para más pero no llegó a tanto. Me divertí moderadamente con “Encurtido en el tiempo“, la última de Seth Rogen estrenada en HBO. Poco más en este 2020 en el que aún no he sacado tiempo para ver lo último de Aaron Sorkin.

Wonder Woman marca la nueva normalidad del streaming

Hace unos días, Warner anunció que “Wonder Woman 1984” se va a estrenar directamente en HBO Max en Estados Unidos, a la par que en algunos cines. Un campanazo en el mundo audiovisual.

Aunque ya tenemos algún precedente (hola, Mulán), el hecho de que un estreno estelar de esta categoría se produzca en una plataforma digital, -sin coste adicional para los suscriptores, además- nos da aún más pistas sobre hacia donde va a ir el futuro del cine en los próximos años. En Universal también ha cantado la gallina, con un acuerdo con Cinemark que va a recortar sustancialmente el tiempo que pasa desde que las películas llegan a la cartelera hasta que están disponibles en VOD.

El coronavirus no ha dado tregua a los estudios, aunque es muy posible que la pandemia, como con tantas otras cosas, únicamente haya acelerado la evolución natural del negocio. Warner ingresará menos en taquilla por Wonder Woman, pero probablemente engrosará la cuenta de suscriptores de HBO Max. Hace nada, la estrategia aún se apegaba a la gran pantalla, cuando llegó a las salas “Tenet”, la última película de Christopher Nolan.

Los tiempos han cambiado en el audiovisual.

El streaming se ha vuelto fundamental en el negocio de la producción y distribución de películas. Estas Navidades tan atípicas pueden suponer el espaldarazo definitivo a unas plataformas ya muy consolidadas -especialmente Netflix, pero también las otras- y que se aprestan a configurar ya los cánones de la nueva normalidad audiovisual. Wonder Woman no será el único blockbuster que verá la luz en las pantallas de casa durante las fiestas.

No hay que olvidar que los grandes estudios también quieren parar esa nueva dinámica de producir directamente con Netflix y compañía, o licenciarles las películas recién realizadas. Una tendencia de la que ya han salido varios éxitos y premios gordos y a la que cada vez más directores de renombre se suman. Scorsese, Lynch, Cuarón… La lista se amplifica cada vez más y por ello también va en interés de los grandes de toda la vida el acortar la exclusividad de las ventanas de exhibición tradicionales. Otra cuestión será ver si continúa siendo rentable realizar producciones de chorrocientos millones de presupuesto.

Pintan bastos para las cadenas de cine, aunque quizá llegue un tiempo en que añoremos el elegir la película mirando directamente los carteles en el frontal de la sala de cine, en lugar de recurrir al algoritmo de turno.

Bola extra, hablando de plataformas…

Me he enganchado a “Industry”, en HBO. He visto dos episodios y hoy veré el tercero, porque nos los van regalando con cuentagotas, aunque eso podría cambiar y obtendríamos el merecido atracón

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Gambito de dama: algunos apuntes

Una escena de “Gambito de dama” en Netflix.

Me quedan dos capítulos para terminar de ver “Gambito de dama” en Netflix. Es una miniserie de siete episodios acerca de una muchacha huérfana que se convierte en una estrella del ajedrez en la Norteamérica de los 60. Estoy bastante enganchado y me he tomado la libertad de anotar aquí algunas curiosidades. Consuman el texto bajo su propia responsabilidad, por si se escapa algún espoiler:

¿Qué son las pastillas verdes de Xanzolam que toma Beth?

Aunque no existe el Xanzolam, que es el nombre que le dan en la serie al medicamento, en Marie Claire subrayan que las famosas píldoras a las que está enganchadísima la protagonista desde su más tierna infancia -y que le hacen ver la disposición de las piezas de ajedrez en un tablero imaginario en el techo- son probablemente un remedo ficticio del clordiazepóxido, que se comercializó como Librium, entre otros nombres.

Este compuesto, que venía distribuido en esas pastillas verdes, es un derivado de las benzodiazepinas que se utilizaba como tranquilizante y cura para la ansiedad de las amas de casa estadounidenses hasta que en los 70 se empezó a cuestionar si era lógico prescribirlas de forma tan alegre como se venía haciendo. Aún así, la Wikipedia resalta que, en casos de ansiedad aguda, aún se sigue recetando y considerándose como un tratamiento eficaz.

¿Se drogaba a los niños en los orfanatos?

Pues sí, desafortunadamente. En este reportaje de Buzzfeed cuentan más sobre el tema.

Curiosidades

La disposición de fichas en los tableros de “Gambito de dama”, incluidos los imaginarios, es de lo más realista, al contrario que en otras producciones. La miniserie ha contado con el asesoramiento de dos Grandes Maestros: Bruce Pandolfini y Garry Kasparov. A Pandolfini lo interpretó Ben Kingsley en la película “En busca de Bobby Fischer (1993)“.

Anya Taylor-Joy, la actriz que interpreta a la protagonista, Beth Harmon, ha contado en alguna entrevista que, antes de rodar la serie, no tenía ni idea de ajedrez. Lo que viene siendo cero patatero.

La producción está basada en una novela del mismo título (The Queen’s Gambit), escrita por Walter Tevis. En 1983, el New York Times hizo una muy buena crítica del libro. Lo define como la mejor novela de ajedrez desde “La defensa”, de Nabokov, y la historia es descrita como “un thriller psicológico, un conflicto entre la racionalidad humana y el impulso inconsciente del yo de quebrar el pensamiento”.

“Gambito de dama” no habla sólo de ajedrez, sino también de la soledad, y de la búsqueda de una respuesta a lo que significa verdaderamente el éxito. Me está gustando mucho.

Acabar los libros

Comenta un usuario de Reddit que cuando dejas de disfrutar un libro, lo mejor es dejarlo en ese punto, porque la vida es demasiado corta para leer libros que te aburren. Hay bastante de cierto en esto, aunque poco de nuevo. Es un tema recurrente entre los frikis de la productividad y, también, entre los bulímicos de contenidos.

Yo empecé en esas, guiado por las recomendaciones de Tyler Cowen y lo aplico desde entonces, aunque con algún matiz. La técnica funciona especialmente bien para libros de no-ficción, porque puedes ir saltando de un capítulo a otro en función de tus intereses y, también, porque muchos ensayos repiten una y otra vez las mismas ideas. En ficción es más complicado, porque el desarrollo del texto es lineal, y saltarte un capítulo implica que te pierdes parte de la trama.

En términos generales soy un lector bastante infiel. Ojeo varios títulos al tiempo, me salto lo que no me interesa –en los de no ficción, como decía- y ahora ya no me duelen prendas en dejar a medias un volumen que me aburre o no me llega. El Kindle es bastante útil en este sentido, porque generalmente te puedes descargar un fragmento de muestra que facilita al menos la labor de saber si el estilo de escritura del autor te satisface o si apunta maneras de rollo repollo. Eso sí, cuando un libro me gusta o me interesa, me pego a él como si no hubiese un mañana.

Con todo, me gusta ya un poco menos la tendencia que observo últimamente a engullir contenidos más que a disfrutarlos. De hecho también se han puesto de moda esas webs y canales de Youtube que te resumen las ideas principales en un momentillo y a otra cosa. En vez de tomarte la molestia de leer, subrayar y volver a lo que has resaltado tú mismo tras reposar y asimilar la lectura, hay quien recurre a encargar ese proceso a otro y quedarse con el bolo alimenticio ya masticado y todo. No sé si realmente funciona ese proceso a la hora de comprender las ideas que nos expone el escritor, pero se pierde buena parte de la gracia ¿no?

Pasa también con el audiovisual. Ahora Netflix nos va a dejar ver las series a toda pastilla. Para que podamos ver más, supongo. Porque cómo si no va a meterse uno entre pecho y espalda “las 60 series que no te puedes perder este verano”. Al final nos va a hacer falta un Almax después de la tercera temporada de Dark.

Sexualidad femenina


“No creo que en este momento haya una mercancía con un mercado más extenso que la sexualidad femenina. Hay más paginas en la prensa dedicadas a la sexualidad femenina que a nada. Dudo mucho que una agencia de publicidad pudiera subsistir si no fuera explotando sexualmente a las mujeres. O dicho de una manera todavía más concentrada: el sexo se ha convertido en una obsesión, tanto para la derecha como para la izquierda.”

Félix de Azúa (Entrevista en El Confidencial. 15-02-2019

Félix de Azúa habla sobre el sexo como mercancía y el feminismo al final de esta entrevista en El Confidencial. Los comentarios que hace sobre política me interesan más bien poco, pero lo que dice sobre la historia del arte y las vanguardias da para una buena conversación.

Sobre el Guernica y Picasso, lo que me ha recordado es el más que recomendable documental sobre el escultor polaco Szukalski –en Netflix– y los comentarios que hacía este sobre el malagueño. Picasshole, le llamaba.

El reto de HBO es retener a los fans de Juego de Tronos

Me suscribí a HBO hace unas semanas para disfrutar de la octava temporada de Juego de Tronos. La verdad que no lo había hecho antes porque, pese al tirón de algunas de las producciones de la plataforma, ya tengo Netflix y Amazon Prime, aunque esta última apenas la utilizo.

El caso es que probablemente me quede como suscriptor, pero no es la tendencia general. Los fans de la serie surgida de la imaginación de George R.R. Martin suelen suscribirse a HBO cuando hay nueva temporada y desactivan su cuenta después para no seguir pagando. Lo cuentan en Second Measure con pelos y señales e incluso lo comparan con los adictos a Star Trek (En CBS All Access) que, por lo visto, son más leales.

Así es la tendencia general:

Gráfico: Second Measure

Dice Kathryn Gessner, la autora del artículo que:


Solo el 26% de los espectadores que hicieron su primer pago a HBO Now durante la séptima temporada de Juego de Tronos continuaron como suscriptores seis meses después, mientras que ese número fue del 40% entre los registros en HBO Now en otros meses del año. El precio podría ser una razón por las que los espectadores dejan HBO Now más rápido. CBS All Access ofrece una suscripción con publicidad limitada por sólo 5,99$ al mes, mientras que el acceso a HBO Now cuesta 14,99$.

Aunque en España no hay CBS All Access y el precio de Netflix y HBO es el mismo en nuestro país – no cuento a Prime Video porque está dentro de un servicio que incluye otras cosas y en el que no es el atractivo principal- el interés es ver cómo en esa guerra de precios influye el desembarco próximo de Disney+ con su tarifa irrisoria y su abrumador catálogo de franquicias exitosas.

Sea por precio o por saturación del mercado de suscripción, en algún momento yo pienso que comenzaremos a ver fusiones y adquisiciones o cambios de modelo. Más que nada porque en esto de la economía de la atención cada vez es más difícil que te de la vida para tanto entretenimiento. Sobre todo con tan poco tiempo libre y tanta dificultad para gestionarlo. Por no hablar de que la exagerada oferta de contenidos a todos los niveles resulta ya casi agobiante. La parte buena, para mí, es que estoy aprendiendo a ser cada vez más selectivo con lo que veo. Pero de esto ya hablaremos más adelante.