Mi dieta audiovisual de enero 2021

Una nueva entrega con aquello que he visto últimamente. Me gustaría que tuviese una periodicidad mensual aunque, como de costumbre, será en realidad un tú ya vas viendo:

Películas que vi en enero

Coffee&Kareem (Netflix): una comedia que, con sus fallos, mantiene un ritmo descacharrante y proporciona algunas de las mejores risas que he tenido en los últimos meses. Una gamberrada, casi, que tiene su mejor baza en que no se pasa de metraje. Y eso, en estos tiempos, es una virtud gorda (6/10).

Infierno azul (Prime Video): Me gustan las películas de tiburones y esta de Jaume Collet-Serra se defiende dignamente. Aparte de Blake Lively, está Óscar Jaenada en el reparto. Y un escualo peliagudo de matar, claro. El primer tramo, lo mejor. Luego se le va un poco la olla a todo. Pero es entretenida. (6/10).

La vieja guardia (Netflix): Si no es por Charlize no la veo. Es una de acción de esas con giros de guión y pretensiones de espectacularidad. Bastante previsible y, aunque visualmente es chula, la historia de los guerreros inmortales pierde interés según avanza. (5/10).

La cura del bienestar (Prime Video): la apunté porque vi un artículo que la ponía bastante bien. No es para tanto. Hay buenas ideas en esta película de Gore Verbinski, pero acaba siendo un batiburrillo con un final más visto que el tebeo. (6/10).

Wonder Woman 1984: ya me duele, pero la continuación, de nuevo con Patty Jenkins al mando, deja bastante que desear. No es solo la excesiva duración -un mal terrible de nuestros días- sino que la historia es poco interesante y los malos son risibles. Me gusta cuando va de parodia ochentera. (5/10).

Series que vi en enero

Delicadas y crueles (Netflix): ya os tengo dicho que no acabéis algo que no os convence. A mí me ha pasado con esta serie de bailarinas malotas; que la he dejado en el capítulo seis. Pretende ser mucho menos convencional de lo que en realidad es. Igual te gusta, si añoras “Al salir de clase”. (5/10).

Podría destruirte (HBO): aunque a veces no la pillo, me ha gustado lo suficiente para acabarla. Capítulos cortos para una tragicomedia sobre una chica que trata de afrontar un trauma severo sin que su vida se venga abajo por completo. Buen reparto y ritmo decente. Merece la pena. (7/10).

Siren (HBO): la premisa es molona, pero no evita que, transcurrida una primera temporada bastante aceptable, se venga todo abajo en las dos siguientes. La tercera tanda de episodios es infumable y los protas, sosísimos. El mejor personaje, Xander (Ian Verdun), es un secundario que va a más y merece más. (5/10).

Warner, HBO: la que hay liada en el streaming

El anuncio de Warner de que en 2021 va a lanzar sus mejores estrenos simultáneamente en cines y en la plataforma de streaming HBO Max ha provocado un terremoto en el sector, con Christopher Nolan en cabeza de quienes están cabreados como una mona con el tema.

Diecisiete películas, por lo menos, van a ver la luz bajo este sistema de exhibición y a Nolan, que lleva colaborando con Warner desde Batman Begins (2005), le ha faltado tiempo para criticarlo a lo loco: “algunos de los mayores cineastas de nuestra industria y de las estrellas más importantes se fueron a la cama pensando que trabajaban para el mejor estudio de cine y descubrieron al despertarse que estaban trabajando para el peor servicio de streaming”. El director de “Interstellar” no le ve el sentido económico a la decisión y, por supuesto, tampoco el artístico.

Mulán abrió la veda

Los ejecutivos, en cambio, sí le encuentran significado a estrenar directamente en HBO Max, que acaba de alcanzar los12,6 millones de suscriptores este diciembre. En las cumbres de Warner creen que los tiros del público van por ahí, y también parecen opinar lo mismo las otras majors, que poco a poco van enseñando la patita a este respecto, una vez que Disney se tiró a la piscina con el Acceso Prémium para ver “Mulán Live Action” hace unos meses en Disney+.

Particularmente, hace mucho que me alejé de eso que llaman algunos “la experiencia cine”. Quitando algunos estrenos de relumbrón, ir al cine hoy en día supone pagar una entrada para compartir habitáculo con gente que hace ruido y que está pendiente del móvil. A veces he disfrutado de ir a la última sesión del lunes en Guadalajara, que tienes la sala para ti solo, casi. Pero lo cierto es que las pantallas de casa ya tienen un tamaño suficiente como para que no se eche tanto de menos el patio de butacas.

Cuestión de dinero

Otra historia es cómo afecte este seísmo en las ventanas de exhibición al reparto del dinero. Las negociaciones salariales de “Wonder Woman, 1984”, por ejemplo, han sido a cara de perro, con los agentes exigiendo para Gal Gadot y Patty Jenkins una cifra similar a la que hubiese correspondido a un estreno en cines por comisión de la venta en taquilla, una vez Warner hubiese recuperado lo invertido. Al final, el NYT dice que se van a llevar alrededor de 10 millones de dólares cada una por la película.

Además, la oferta de la cartelera cada vez es más y más conservadora, así que no compro el argumento de que se arruina la obra de los creadores. Los artistas del cine se han ido ya al streaming, muchos de ellos. El último David Fincher, que ha estrenado directamente “Mank” con Netflix. Las salas de cine acogen únicamente estrenos palomiteros destinados al público de masas. Que está muy bien. Yo también voy. Pero que no me vendan que se pierde el arte.

Ese segundo pago se perdería, en principio, con el desembarco de los superestrenos en las plataformas y mucho tiene que ver con el cabreo generalizado, barrunto.

También ha rajado del tema Dennis Villeneuve, uno de mis directores favoritos y que está pendiente de estrenar Dune, cuyo coste ha sido en parte financiado por Legendary Entertainment, nada contenta asimismo. No les compro tampoco a ellos el tema del artisteo y la pantalla grande.

El contenido no es el rey, tampoco en Warner

Al final, manda quien manda en esto, que es AT&T, propietaria de Warner y, por ende, también de HBO Max. El conglomerado de telecomunicaciones no está especialmente interesado en las opiniones del artisteo y sí en fidelizar clientes de líneas telefónicas. La industria del entretenimiento está en plena disrupción y, lo mismo, el futuro de los cines es convertirse en una especie de parques temáticos para grandes estrenos, como apunta Emilio Doménech en un hilo enorme de Twitter:

https://twitter.com/Nanisimo/status/1337380030842859523

Y, Christopher, querido… Decir que HBO es la peor plataforma… Tápate Nolan, tápate. La peor app sí, eso también os lo digo.