Retomar los principios y apretar tornillos

Es difícil que tus principios permanezcan inalterables al contacto con tu propia humanidad. Esta es una situación de perfecta normalidad y, en el mejor sentido estoico, también lo es el recordar que podemos reiniciarlos y retomarlos sin importar el pasado, pues lo importante es continuar con tu camino.

Ayer fue un día bastante improductivo. Uno de esos en los que no apetece hacer nada más allá de vaguear sin rumbo ni actividad fija.

Y aún así monté una mesa que compré en Ikea. Una tarea titánica que completé después de haber comprado un destornillador en la ferretería por la mañana. El lance, me sirvió para aprender el término en griego: κατσαβίδι.

También, para apretar los mangos de los cacharros de la cocina, casi todos de saldo o derribo, y casi todos bailoteando a un pemigroso ritmo cuando están colmados de agua o aceite a altas temperaturas.

De nuevo constaté, por otro lado, que lo mío con la ficción asiática no tiene remedio. Acabé a duras penas el segundo capítulo de «El juego del calamar» y me dormí un rato viendo la última película de Evangelion. Jamás había visto nada de la serie, así que he empezado por el final, como en aquellos años en los que compraba El País en papel y empezaba a leer por la contraportada.

Pregunta del día: ¿Cuánto tiempo es aceptable dejar pasar hasta responder el mensaje de alguien a quien acabas de conocer? ¿Cual es la reacción apropiada para cuando alguien se toma 36 horas para contestar? ¿Hay una norma de etiqueta definida para los chats de Instagram?

Instagram sin filtros, la historia mejor contada

Cuenta Sarah Frier en «Sin filtro: la historia secreta de Instagram«, que Mark Zuckerberg -el omnipotente CEO de Facebook- quedó tan afectado por haber perdido una partida de Scrabble «con la hija adolescente de un amigo», que diseñó él mismo un programa que le mostrase todas las combinaciones de palabras posibles que usar con sus letras en el juego.

Es un libro que merece realmente la pena si te interesan saber más de cómo funciona por dentro el mundo del desarrollo de aplicaciones, la tecnología y Silicon Valley. Un compendio de egos y traiciones que casaría bien en los viñedos de Angela Channing, la mala, malísima de Falcon Crest. Una serie que igual vosotros no recordáis, pero que yo veía con mi abuela de pequeño.

Kevin Systrom, uno de los cofundadores de Instagram, que acabaría abandonando la empresa años después de la compra por parte de Facebook, quería en principio hacer una aplicación para frikis del Bourbon. Después, aquello evolucionó y terminó convirtiéndose en otro proyecto diferente hasta que, el 16 de julio de 2010, se publicó «la primera foto publicada en la aplicación que se convertiría en Instagram», expone Frier con excelente habilidad narrativa.

Mostrar la belleza en el mundo

Lo más interesante es que, aunque Systrom tenía unos objetivos más o menos idealistas -y algo pretenciosos- para Instagram, en plan «mostrar la belleza en el mundo», la dinámica empresarial y, también la de los propios usuarios, terminó proponiendo un destino bien diferente. Así lo explica la periodista de Bloomberg en su libro:

«[…] los filtros, usados en masa, darían a los instagrameros carta blanca para que presentaran su realidad más interesante y hermosa de lo que realmente era. Eso fue justo lo que consiguió que el producto se hiciera popular».

«Sin filtro: la historia secreta de Instagram«, de Sarah Frier.

El comportamiento de los usuarios y la influencia de Facebook es lo que terminó moldeando Instagram hasta convertirse en lo que es hoy. Sea eso lo que sea. Hay pasajes muy seductores en el libro, como el proceso que lleva a la división encargada de la app -capitaneada por el propio Systrom y que disfrutaba de cierta independencia- a desarrollar las Instagram Stories, para neutralizar la amenaza de Snapchat.

Aparece también el concepto de «canibalización», como uno de los mayores miedos en Facebook. El hecho de que el desarrollo innovador de una app se coma a otra. O el pánico a que la ausencia de novedades relevantes termine llevando el producto a la obsolescencia absoluta (el efecto Myspace).

Influencers de fuera e influencers de dentro

Asimismo se ve reflejada la aparición de los influencers. Si bien Systrom realizó una potente campaña en un inicio para atraer artistas y diseñadores a usar Instagram -que incluso aportaron los primeros filtros-, fueron los famosos los que le dieron el espaldarazo definitivo hasta que la app fue «tan fuerte y valiosa que ni los anuncios ni otras molestias» asustan a los usuarios y, ya entonces sí, se puede pensar en la monetización.

Es llamativo cómo el libro plasma la convivencia de los influencers famosos previamente, y los que se crearon en la propia red social. Gente que descubre cómo aumenta su popularidad y sus ingresos gracias a la app y crean una auténtica estructura, vamos a decir creativa, en torno a su presencia en Instagram.

«Antes de ir a un país, buscan las mejores localizaciones para las fotos, investigan en las cuentas de Instagram de fotógrafos locales y buscan poses que no se hayan fotografiado antes», detalla Frier sobre una pareja de jóvenes influyentes que descubrieron que las imágenes que publicaban tenían tirón durante su luna de miel.

You are fake news

Por si fuera, poco «Sin filtro», trata la aparición del debate sobre las noticias falsas y la espiral de odio que ahora, por fin, Facebook parece al menos tímidamente decidida a atajar. «Recompensar el contenido que alimentaba las emociones de los usuarios ayudó a crear toda una industria alrededor de las noticias falsas», considera Frier que realiza también una acertada reflexión:

«Las redes sociales no solo son un reflejo de la naturaleza humana. Son una fuerza que define la naturaleza humana a través de incentivos integrados en el diseño de los productos».

«Sin filtro: la historia secreta de Instagram«, de Sarah Frier.

Si estáis sin lectura estos días, y os interesa la tecnología y el proceso creativo y empresarial en Silicon Valley, os recomiendo que os hagáis con este repaso periodístico al nacimiento y ascenso de Instagram.