Retomar los principios y apretar tornillos

Es difícil que tus principios permanezcan inalterables al contacto con tu propia humanidad. Esta es una situación de perfecta normalidad y, en el mejor sentido estoico, también lo es el recordar que podemos reiniciarlos y retomarlos sin importar el pasado, pues lo importante es continuar con tu camino.

Ayer fue un día bastante improductivo. Uno de esos en los que no apetece hacer nada más allá de vaguear sin rumbo ni actividad fija.

Y aún así monté una mesa que compré en Ikea. Una tarea titánica que completé después de haber comprado un destornillador en la ferretería por la mañana. El lance, me sirvió para aprender el término en griego: κατσαβίδι.

También, para apretar los mangos de los cacharros de la cocina, casi todos de saldo o derribo, y casi todos bailoteando a un pemigroso ritmo cuando están colmados de agua o aceite a altas temperaturas.

De nuevo constaté, por otro lado, que lo mío con la ficción asiática no tiene remedio. Acabé a duras penas el segundo capítulo de «El juego del calamar» y me dormí un rato viendo la última película de Evangelion. Jamás había visto nada de la serie, así que he empezado por el final, como en aquellos años en los que compraba El País en papel y empezaba a leer por la contraportada.

Pregunta del día: ¿Cuánto tiempo es aceptable dejar pasar hasta responder el mensaje de alguien a quien acabas de conocer? ¿Cual es la reacción apropiada para cuando alguien se toma 36 horas para contestar? ¿Hay una norma de etiqueta definida para los chats de Instagram?