Navidad fuera de España y nieves de enero

Ha sido una Navidad atípica. La primera que no paso con mi familia, también. En otra ocasión, que también estuve fuera, sí que volví; como el de El almendro. Esta vez, no. Los aviones, las restricciones, las PCR’s… Los contagios… Navidad fuera de España.

Al menos he pasado todas las fechas importantes con gente estupenda. No me quejo, no han sido unas fiestas solitarias. Y comimos y bebimos hasta hartarnos, que es lo bonito de las celebraciones.

https://twitter.com/jm_guada/status/1342029119102455810

Thessaloniki es bonita en Navidad. Las calles del centro estaban llenas de luces y en mi barrio, en general, hay esfuerzo en adecentar las fachadas para la ocasión. Seguimos en lockdown, eso sí. Va ya para tres meses la cosa. Ni tiendas, ni bares, ni Cristo que lo fundó en fechas tan señaladas.

Mientras en España nieva como si no hubiese un mañana, en Macedonia Central disfrutamos anoche de unos dadivosos 17 grados. Diciembre y enero están siendo soleados y no excesivamente fríos. Guadalajara, mientras, espera diez grados bajo cero para este lunes. Lo nunca visto.

Así da gusto el invierno

Ahora todo el mundo se acuerda de 2009, que también nevó bastante. Yo estaba en el pueblo y vinieron a “rescatarme” con un todoterreno para poder ir a Guadalajara a salir de fiesta. Porque entonces, doce años ha, salir de fiesta era una religión. Ahora, como en las iglesias, da la impresión de que hay menos gente o de que se sale distinto. Aunque esto último igual es sólo que voy a cumplir 38.

En casa, en la de Grecia, acabamos de quitar unas luces que compramos en el mercado de Aristotelous, a deshoras ya casi. Las pusimos para Nochevieja, circundando la puerta acristalada que da al balcón. Un espectáculo de colorines tintineantes por cinco euros. Instalé más o menos otras blancas, que duraron un suspiro antes de dejar de funcionar.

Mi primera intentona por emular aquella película de Chevy Chase en la que iluminaba a tope la fachada de la casa, ha sido fallida. El año que viene pongo hasta renos.

Al menos pudimos comprar las luces, porque para esta Navidad han podido abrir las peluquerías -ahora,de nuevo chapadas- pero también las tiendas especializadas. En la nueva normalidad te puedes comprar un Santa Claus de peluche, pero no una sartén para la cocina.

Lo mejor de esta Navidad es que en Grecia acabamos 2020 una hora antes, si nos regimos por el huso horario de España. Luego, a la media hora, se fue la luz en todo mi barrio. A la una nos tomamos las uvas con las Anas – o las Annes- a la luz de las velas y mirando la pantalla del móvil. Bienvenido, 2021.

El 1 de enero, en cambio, sí fue bastante tradicional. Encargamos unos churros y una bugatsa. La bugatsa bien, porque es lo de aquí. Los churros, reguleros. Eché de menos los de La Giralda, en Guada. Y descubrí una cosa muy fuerte en el NYT: que hay galletas Oreo con sabor a churros. Apropiación hipertensorial.

Aunque lo tradicional en Grecia es comerse la basilopita – el bollo de San Basilio- el primer día del año, yo ya me hice con esa experiencia a mitad de diciembre. Me tocó la sorpresa y todo.

Compre la basilopita en el Sklavenitis y os puedo decir fehacientemente que sabe exactamente igual que el roscón del Lidl. Hay por ahí un Papá Noel de las masas que reparte la misma para hacer repostería en todo el mundo.

Y como último apunte, he estado viendo estas Navidades una serie bastante mamarracha de bailarinas y bailarines, en Netflix. “Delicadas y crueles” se llama la cosa. Pero de esto ya hablaremos en el “últimamente he visto” de enero, porque aún no la he terminado. Voy a paso de tortuga con ella.

De la Lotería de Navidad tampoco hablo. Otro año que nos toca salud, y casi ni eso.

Que tengáis un 2021 legendario.

Plásticos, elecciones y acuarios

Si Greta Thunberg viniera -imagino que en barco- a Grecia, le daría un parraque fuerte, probablemente. No sólo porque Thessaloniki esté diseñada esencialmente para el uso del coche, ni porque todo lo reciclable vaya -aquí sí- al mismo contenedor azul. También porque la conciencia en lo del uso del plástico, y tal, va con ligero retraso respecto a lo que se lleva ahora.

Y un poco a lo loco. El pan de molde, sabe Dios porqué, va envuelto dos veces. Es decir, que no solo tienes la bolsa de plástico habitual, sino que dentro viene el pan metido en otra. También cuando pides algo en la carnicería del Sklavenitis te obsequian con una bolsa de plástico semiduro y transparente para cada pieza. Vamos, que es poco eco-friendly, Grecia.

Claro que ahora no estamos para pensar en el plástico. En Thessaloniki iniciamos nuestro tercer día del segundo confinamiento -¿Pasaremos a medir así el tiempo en lugar de en años antes de Cristo?- y, al mediodía, el Primer Ministro Mitsotakis, va a anunciar esta misma situación para toda Grecia. Como la vez anterior, allá por marzo-mayo, se puede salir enviando un SMS con un número que refiere a qué te vas a dedicar en tus aventuras en el exterior. Generalmente ponías el 6, para hacer fitness, y te paseabas por todos lados. Imagino que ahora será igual, aunque la novedad es que a partir de las 21 horas no se puede salir para nada, porque tenemos toque de queda. Doble protección, como congelar lo que ya habías envasado al vacío.

Mientras se pueda salir a la calle, no llevo mal esto de las restricciones. Vale, no tenemos bares, pero ya hemos visto que se puede vivir sin ellos, aunque así de sopetón sea una vida un poco más regulera. Más en Thessaloniki, que la gente sale como si no hubiera un mañana, cada día a lo loco. Y eso que vale un café 3 euros. No reparamos en gastos, como el Doctor Hammond.

Peor lo llevan en Zalacaín, que cierra, según leo en los midia. Una pena, principalmente por los trabajadores y por la travesía del desierto que se vislumbra en la hostelería con todo esto del virus. Nunca comí en Zalacaín, pero sí que estuve una vez en un evento en el Zalacaín IN de Pozuelo. Y estuvo muy bien, porque hubo muy buena comida y me hice una foto con Pilar Rubio. También estaba en la fiesta Jaime Peñafiel, luciendo un moreno Trump cuando aún no molaba del todo ser naranja.

Y hablando del rey de Roma, que anda estos días lira en mano quemando el Imperio; precioso lo que tienen montado en Estados Unidos a cuenta de las elecciones. Todo el mundo lleva dos días haciendo cálculos sobre el voto en condados y perorando sobre la incidencia del voto navajo y cheroqui en la victoria -o no- de Biden. Con un poco de suerte, se consumará lo que predijeron a duras penas los expertos de la cosa demográfica y perderemos de vista un poco al Cheto. Aunque, a juzgar por la cantidad de votos que conserva, no nos olvidaremos de él y de lo que representa en un tiempo largo.

Yo ya me aburro de todo este ruido mediático y ayer dediqué una parte de la tarde a observar vídeos de un tipo que monta unos acuarios chulísimos e hipnóticos. No puedo sino recomendaros esta delicia, porque uno no se da cuenta de que puede pasar media hora viendo a un señor retirar caracoles de una pecera grande hasta que no se ha puesto a ello.

Es un placer sencillo, de los que te recomienda experimentar Kamo No Chomei -un monje ermitaño japonés de allá por el siglo XII- en el último libro que me he leído.

“Yo soy como el cangrejo ermitaño y como el halcón pescador: me conozco a mi mismo y conozco el mundo; no aspiro a nada ni codicio nada; mi único deseo es vivir tranquilo; mi único placer consiste en no ser molestado”.

“Notas desde mi cabaña de monje”. Kamo No Chomei.

Qué maravilla.