InstaShop: una historia griega de éxito no disponible en Grecia

A finales del mes pasado se dio a conocer que Delivery Hero había comprado InstaShop, la app-supermercado-online que lo peta en Oriente Medio, por nada menos que 305 millones de euros. Instashop es una startup griega y la operación ha tenido mucha repercusión en la prensa de aquí, donde, curiosamente, no podemos utilizarla.

Instashop, de momento, no está disponible en Grecia y, de hecho, la sede de la compañía está en Dubai, según este reportaje en el periódico de Macedonia. Lo que sí permanece aquí, justamente en Thessaloniki, además, es el centro tecnológico y de desarrollo, que da empleo a desarrolladores e ingenieros helenos, pese a que no sea un mercado ahora mismo que interese mucho porque, según los fundadores de la empresa -Giannis Tsioris e Ioanna Angelidaki-, los hábitos de consumo griegos igual no casan con la app.

No me extrañaría. En Grecia los supermercados son caros, los mercadillos callejeros aún son algo que puedes encontrar fácilmente -y con buenos precios para el producto fresco- y la gente gusta de hacer vida en la calle. Con todo, las principales cadenas -Massoutis, Sklavenitis…- si que envían la compra a domicilio, a través de la omnipresente aplicación Efood, por ejemplo.

Estaría muy bien que ahora parte de esos beneficios de la compra-venta de InstaShop, cuyos responsables permanecerán al frente de proyecto, redundaran en mayor inversión en Grecia, que falta hace.

Thessaloniki: este año no hay feria, pero tendremos mercado en 2021

Thessaloniki, tú antes molabas. O al menos eso dicen en el Parallaxi, que cuenta que desde que se armó el Belén en los Balcanes, allá por los noventa, la ciudad no ha levantado cabeza del todo. La historia siempre es la misma; la misma que me contaban en Magdeburg cuando estuve un año por aquellos andurriales. Desindustrialización, decadencia y nostalgia de tiempos mejores.

Con muchos proyectos en mente, pero pocos en ejecución verdadera, la capital de la Macedonia griega vive con desazón estos días la cancelación de su Feria Internacional (TIF) debido a la pandemia. Un golpetazo para la economía de la urbe que se estima en unos 150 millones de euros que no veremos por aquí. No se paraba el evento desde 1950 (consecuencia de la Segunda Guerra Mundial) y a Alemania, el país invitado de honor, no le ha quedado otra que decir que a ver qué se le va a hacer, claro.

Aparte del TIF, ayer nos dijeron que se cierran los bares y discotecas a medianoche durante doce días, a ver si así el personal se da por aludido en el tema de las mascarillas. De momento, lo que se ha pergeñado en los garitos es abrir antes. A las siete todos con el cubata en la mano y que nos quiten lo bailao, coronavirus mediante.

Por cerrar las novedades en la orilla del pesimismo, los hoteles se persignan cara al futuro, toda vez que ven esfumarse la temporada y el gran evento comercial. Con Halkidiki al 25% de ocupación y la juerga peor considerada que ser bandolero, me dirás tú. La otra gran preocupación es acerca de si se va a comenzar el curso universitario y qué va a pasar con los estudiantes extranjeros que se supone que tienen que venir de Erasmus.

Como no todo va a ser malo, han empezado las obras de reforma del mercado Modiano. De momento, los trabajos de limpieza y, después, lo gordo. Se espera que esté terminado y rechulón para finales de 2021 o principios de 2022. Hoy me he dado un paseo por la parte operativa, porque tengo grandes planes para reducir el precio de mi lista de la compra tirando de mercados y producto local. Pero de lo caro que es comprar en el Massoutis y el Sklavenitis ya hablamos otro día.

El mercado Modiano es principalmente cubierto y la idea es dejarlo en línea con la tendencia actual de mezclar puestos y restauración, con rollito gourmet de por medio. No sé cómo quedará al final, pero las imágenes del proyecto tienen buena pinta:

Igual cuando lo terminen nos cuesta una pechuga de pollo 14 euros, parakaló. Pero, sobre el papel, mola. De otra cosa no podrá presumir Thessaloniki, pero de esfuerzos en el centro, sí. Ya un día, si eso, mejoran el pavimento de Ano Poli o borran una de las 400.000 pintadas, pero eso es otro tema.

El nombre del mercado, así por la tangente, viene de una familia judía de relumbrón y es más bien la denominación popular porque, en realidad, en 1925 cuando se terminó de edificar, lo que pusieron en el frontal fue algo así como “mercado central” y se echaron la siesta tras el esfuerzo en el proceso creativo. El edificio principal no se utiliza y la mayoría de puestos han cerrado, pero en general es una zona que tiene vida alrededor y muy chula para darse un paseo. Si te gustan los mercados, el producto fresco y los vendedores gritones. Si no, pues no se qué haces que no estás leyendo la Cosmopolitan, risión.

He disfrutado de una mañana muy tranquila hoy. Mercado, freddo capuchino del Coffee Island –me krema ke kanela, obviamente- y pasta al ragú para comer en la mejor compañía. Cosas así son las que merecen la pena, la verdad. No hay Instagram que te lo mejore.